CONTINÚA EL JUICIO POR LOS RUIDOS DE LA MADRILA CON LA DECLARACIÓN DE LOS AGENTES DEL GRUPO ESPECIAL DE SEGURIDAD

Los policías aseguran que los vecinos denunciaban todos los fines de semana

Entre 2008 y 2011 se abrieron 500 expedientes a locales por incumplimiento de horario, señalan. Afirman que los hosteleros conocían que los ruidos que emitían sus bares molestaban a los residentes

Un momento de la declaración de uno de los policías locales, ayer en la sexta sesión del juicio por los ruidos de La Madrila.
FRANCIS VILLEGAS
Sira Rumbo Ortega

El juicio por los ruidos de La Madrila se reanudó ayer -era la sexta sesión- en la sala del jurado del palacio de justicia, con la declaración de los policías locales que entre 2008 y 2011 -años en los que se desarrollaron los hechos que se enjuician- pertenecían al Grupo Especial de Seguridad, que se encargaba de levantar actas por ruidos y por incumplimiento de horarios y de llevar a cabo las mediciones. Aseguraron que en ese periodo los vecinos ponían denuncias «todos los fines de semana» y que se llegaron a abrir 500 expedientes a bares por incumplimiento de la hora de cierre. Sin embargo recalcaron que su función se limitaba a iniciar los mismos, de su seguimiento y resolución se encargaba el jefe de sanciones, que entonces era el técnico Javier Alonso.

Afirmaron además que los hosteleros eran conscientes de que sus locales acumulaban denuncias de los vecinos de la zona porque los propios agentes se lo transmitían. «Que hacían ruido lo sabían, es algo obvio, todos sabemos el ruido que hacemos», dijo uno de los agentes. Todos respondieron a las preguntas del Ministerio Público, de la acusación particular y de los once abogados que defienden a los trece acusados (la exalcaldesa Carmen Heras, el exconcejal Carlos Jurado y once hosteleros de La Madrila).

Explicaron su manera de actuar: cuando recibían una denuncia en la jefatura de la Policía Local acudían al local que había sido denunciado a comprobarlo. A veces solo advertían -aseguran- de que bajaran la música o de que cerraran las puertas; otras, en cambio, si ya era un local reincidente, procedían a sancionarlo. Aseguraron que muchas veces cuando acudían la música se escuchaba desde la calle porque los porteros mantenían las puertas abiertas. Había otros establecimientos en los que, incluso con las puertas cerradas, la música trascendía al exterior. Es el caso, aseguró un agente, de Tacones.

MEDICIONES / Una gran parte del interrogatorio se centró en las mediciones que se llevaron a cabo en casa de los vecinos denunciantes. Los agentes las realizaban bajo las órdenes de sus superiores (el jefe de la policía o el responsable de sanciones), según indicaron ellos mismos. Sin embargo hubo discrepancias en cuanto al protocolo que seguían. Siempre acudían en parejas (dos agentes), pero unos aseguraron que uno de ellos se quedaba en la vivienda afectada con el sonómetro mientras el otro permanecía siempre en el local denunciado, para asegurarse de que no alteraba el equipo de música. Primero realizaban una medición con la música encendida (siempre con ventanas y puertas de la vivienda cerradas pero no desalojaban a la gente de la calle). A los diez minutos el agente que se encontraba en el establecimiento solicitaba al hostelero que apagara el equipo para realizar otra medición sin música, pero con los clientes dentro del local. Según esto, los hosteleros siempre eran informados de que se les iba a realizar una medición.

Otro de los agentes, en cambio, señaló que los dos policías acudían primero a la casa del vecino y realizaban la medición cuando el bar estaba abierto y con la música puesta, sin avisarle. Horas más tarde, cuando el establecimiento ya estaba cerrado, regresaban de nuevo a la vivienda para llevar a cabo otra medición, esta vez sin música. En este caso el hostelero no siempre era consciente de que se le iba a realizar una medición (a veces, después de hacerla, se dirigían al local para solicitar los datos del responsable, pero no siempre se le comunicaba porqué se le requería esta información). Cabe recordar que los hosteleros declararon que desconocían que tenían denuncias y que se les habían realizado mediciones.

EL SONÓMETRO / Por otro lado los agentes también fueron preguntados por la fiabilidad del sonómetro. Ellos afirmaron que se limitaban a hacer la medición y que los datos obtenidos los remitían al ingeniero municipal, que era el encargado de su lectura y de comprobar si se había realizado correctamente y conforme a la normativa. El aparato debía enviarse cada año a una revisión, lo que suponía que la jefatura estuviera largos periodos de tiempo sin él.

Solo dio tiempo a que declararan tres de los siete agentes que estaba previsto que lo hicieran, el resto prestarán declaración el próximo jueves. Además estaban citados ayer como testigos dos de los vecinos afectados, uno de ellos no declarará al haber fallecido pero el otro no se presentó al juicio. La sesión continuará esta mañana con la declaración de seis vecinos afectados también por los ruidos.

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