Previsiones para el puente en Extremadura

Los alojamientos extremeños estarán al 90% en un puente de diciembre «muy bueno»

Zonas como Gata, Hervás o Guadalupe, recién elegida ‘Maravilla 2017’, llegarán al lleno total. El 60% de las estancias son de cuatro noches, principalmente en apartamentos y casas rurales

Rocío Sánchez Rodríguez

Lo ha bautizado como la Semana Santa chica, unas minivacaciones que van a reportar un «interesante empujón» al turismo en la comunidad. Así lo define Victoria Bazaga, presidenta de la Federación de Turismo Rural de Extremadura (Fextur), quien expresa con entusiasmo que este puente de diciembre va a ser «muy bueno». Los datos que maneja es que los alojamientos estarán, en general, al 90% de ocupación. «Y lo positivo es que los visitantes se van a repartir por toda la región», asegura. Zonas como la sierra de Gata, Hervás o Guadalupe (la cual ha sido recientemente elegida como Maravilla rural 2017, lo que ha supuesto mayor promoción) llegarán a colgar el cartel de lleno total. Las ciudades de Mérida, Cáceres, Plasencia y Trujillo, esta última cada vez más visitada, alcanzarán igualmente buenos números. Pero además otras comarcas en la provincia de Badajoz, como la Siberia y la Serena, también recibirán un número importante de viajeros. Destacan, por ejemplo, los pueblos de Zafra y Olivenza.

Es la lectura global que hace la presidenta de Fextur, quien quiere destacar otro dato llamativo: el 60% de las reservas son para cuatro noches, es decir, para el puente completo. Una de las tareas pendientes del sector turístico en Extremadura es precisamente superar la media anual de 1,8 pernoctaciones. «La rentabilidad se consigue a partir de la segunda noche», subraya Bazaga. Añade que las casas y apartamentos rurales «para grupos de amigos o familias» son lo primero que se ha agotado y que «este puente de diciembre el turista que viene a la región es fundamentalmente de las comunidades más cercanas». Madrid, Andalucía y Castilla-La Mancha, aunque también hay mucho movimiento por parte de los extremeños, que aprovechan los días festivos para visitar rincones de su propia comunidad.

Y no quiere dejar de subrayar que la cifra de viajeros será mayor si se tienen en cuenta los cientos de alojamientos ilegales que se reparten por la comunidad (y contra los que la Administración regional pelea ya en los tribunales), cuyas estancias no quedan oficialmente registradas.

Las previsiones que maneja la Junta para este puente son menos optimistas: barajan una ocupación del 71,6% de las habitaciones; mientras que los apartamentos turísticos registrarán el mayor grado, un 83,5%, aunque por plazas no se espera que superen a los hoteles extremeños, en los cuales habrá más clientes en función de la mayor categoría. La provincia de Cáceres se llevará la mejor porción del pastel.

«Extremadura crece en el sector turístico más que la media española», asegura el director general de Turismo de la Junta, Francisco Martín.

BENEFICIOS / ¿La repercusión económica? Asegura Victoria Bazaga que si bien durante la crisis (que empieza a considerar parte del pasado) los precios tuvieron que bajarse, éstos ya se pueden mantener. «Los turistas de este puente vienen con alegría, en el sentido de que han contratado diversos servicios». Pone como ejemplo actividades en Monfragüe o visitas guiadas a bodegas y queserías.

El gasto medio por cada día oscila entre los 120 y 133 euros, una cantidad que baja hasta los 100 o 90 euros si hablamos del entorno rural.

Actualmente el turismo representa el 6% del PIB regional y da trabajo a unas 25.000 personas. Existen unas 14.400 empresas que funcionan en torno a este sector. El 85% (unas 11.650) pertenecen a la restauración. El resto lo conforman los alquileres turísticos (1.400), agencias de viaje (211) y empresas de actividades complementarias (148). En total, la región cuenta con 41.241 plazas para pernoctar, de las cuales la mitad pertenecen a los espacios rurales.

El incentivo que suponen estos días festivos permite que se vuelva a mirar al sector como motor de desarrollo, pero sin olvidar que el empleo que se genera es, en muchas ocasiones, precario (temporal y parcial), lo que impide que se pueda hablar de una estabilidad real.

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