NÓMADAS Y VIAJANTES

Malas noticias para Europa

Un migrante intenta abordar un barco de la oenegé alemana Sea-Watch en el Mediterráneo el 6 de noviembre del 2017.

RAMÓNSFlbLobo

No ha sido un buen año para la Unión Europea más allá de la deriva ultra de Polonia y Hungría o la inevitabilidad aparente del brexit. No ha sido un buen año para los valores que representa. La Europa fortaleza se ha impuesto por goleada a la Europa de los derechos humanos.

Tenemos más de 235 kilómetros de muros y vallas con concertinas para dificultar la llegada del otro. Pero pocas veces nos preguntamos cuál es nuestra responsabilidad como vendedores de armas en su desgracia, o cuál es la de nuestras empresas extractoras en su pobreza ¿En qué países y en qué cuerpos acaban las municiones made in Spain con las que comerciamos con Arabia Saudí? Nadie es inocente en el primer mundo; ni líderes ni ciudadanos mudos.

Están imponiéndose poco a poco las tesis de la extrema derecha y nos llenamos la boca y los grandes titulares en felicitarnos por haber cerrado el paso de sus líderes más notorios: Marine Le Pen en Francia, Geert Wilders en Holanda o Frauke Petry en Alemania. Líderes, no; ideas, sí ¿Dónde está el avance?

Y ni siquiera esto es cierto: los ultranacionalistas del FPÖ, el partido antiinmigración de Austria, acaban de obtener el control de los ministerios de Interior, Defensa y Exteriores en el nuevo Gobierno de coalición. El escándalo es que ya ni siquiera hay escándalo.

Pese a las dificultades y los obstáculos en la acogida siguen llegado a nuestras costas miles de seres humanos que persiguen un sueño: sobrevivir a las guerras, a la pobreza, al hambre, y a las enfermedades para las que no existen vacunas porque los pobres no son un negocio para las farmacéuticas.

Al vergonzante acuerdo con Turquía del 2016 para repatriar refugiados se ha sumado otro en el 2017 con Libia. Se vende así, con el nombre propio del país, como si tuviera todo lo que tienen los estados normales. La realidad es que Libia es una zona de guerra en la que operan dos presuntos gobiernos y muchas mafias.

Amnistía Intencional ha acusado a los líderes europeos de complicidad en la tortura y explotación de miles de migrantes y refugiados. La que llevan a cabo las presuntas autoridades libias a las que financiamos para que no los dejen pasar. Subcontratamos la vigilancia de nuestras fronteras a países y grupos que no se rigen por unos principios democráticos básicos.

Subastas humanas

Las imágenes obtenidas por la CNN sobre las subastas humanas en Libia han creado una gran indignación, más en las Áfricas que en las Europas. Hablamos de la venta de personas por poco más de 750 euros. Hay otras imágenes paralelas en nuestro día a día que no queremos ver, la de la explotación sexual de mujeres y la de las personas sin contrato ni condiciones laborales dignas. Ellos son los padres del milagro agrícola de Almería. Los simpapeles impulsan las economías occidentales porque son, sobre todo, los sin derechos, los nadies de Eduardo Galeano.

Vivimos en una paradoja perversa, necesitamos migrantes para sostener nuestro bienestar y a la vez compramos los discursos de la exclusión. Ningún político admite que el problema no son los migrantes en sí, ni su número; el problema es su religión, y que queremos elegirlos a la carta por profesiones y procedencias. ¿Refugiados musulmanes sirios? No gracias. Se cierra la muralla. ¿Ingenieros informáticos indios? Se abre la muralla.

Acabamos el año con más de 3.000 muertos en el Mediterráneo. Son más de 14.000 desde el 2014. Todos tienen nombre, apellido y una historia no contada, una esperanza silenciada. Hablamos de un fracaso colectivo en el amparo de personas desprotegidas. Sucede también en la violencia machista y su insoportable goteo.

Las políticas de la Europa madrastra están dando los resultados que buscaban sus impulsores. De 358.527 migrantes y refugiados del 2016 hemos bajado a 168.000 en el 2017. El 70% llegó vía Italia. El resto se divide entre Grecia, Chipre y España. Para repartir la presión, la UE acordó unas cuotas para cada país miembro que nadie cumple.

España ha acogido la décima parte de lo pactado. La mayoría proceden de los campamentos de Grecia e Italia. El tercer grupo en importancia (más de 500) viene de Líbano, país en el que España tiene tropas en misión de paz. Esa España incumplidora y corresponsable de cada una de las políticas migratorias europeas galardonó este año a la UE con el premio Princesa de Asturias a la Concordia. Es un sarcasmo más en una política reducida a una comedia bufa.

Lo recogieron el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, que ha sido primer ministro de un cuasi paraíso fiscal (Luxemburgo); el presidente del Parlamento, Antonio Tajani, exportavoz del Gobierno de Berlusconi, y el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, el más decente de todos ellos.

Feliz año 2018. Seamos optimistas, pidamos lo imposible: que no empeore.

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