Javier Lesaca, investigador en terrorismo: «El Estado Islámico usa el terror para seducir a jóvenes frustados»

La policía acabará de esclarecer cómo los jóvenes de Ripoll fueron abducidos por el yihadismo. Javier Lesaca ha investigado cómo el Daesh logró captar en el pasado a otros como ellos: usando la red y el medio audiovisual para seducirlos. Sorpresa: lo que menos cuenta es la religión

Javier Lesaca, en una imagen reciente.
JUAN MANUEL PRATS

POR JUAN FERNÁNDEZ

Cómo un veinteañero sin vínculos con el islamismo radical puede llegar a enrolarse en la mayor multinacional del terror del planeta? El investigador del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo Javier Lesaca tiene algunas respuestas que dejan perplejo. Tras analizar desde el punto de vista de la comunicación los 1.300 vídeos producidos y difundidos por Daesh (Estado Islámico) desde su fundación, ha logrado identificar los recursos audiovisuales y trucos narrativos que este grupo emplea para ganar adeptos. Tal como adelanta el título de su libro –Armas de seducción masiva (Península)–, el Estado Islámico está consiguiendo que a ojos de millennials frustrados de todo el mundo, hacerse terrorista pueda resultar cool. Les hablan en su mismo idioma audiovisual.

–En su investigación, usted llega a datar el nacimiento de este fenómeno: 17 de agosto del 2014, el día en que se difundió el vídeo del degollamiento del periodista James Foley a manos del terrorista Jihadí John. Más allá de la brutalidad, ¿qué tuvo de particular esa grabación?

–Hasta ese momento, las imágenes de la yihad tenían la factura cutre de los vídeos de Al Qaeda y mostraban a harapientos barbudos escondidos en cuevas. Esto era diferente. El terrorista iba como los ninja del videojuego Assassin’s Creed y la víctima vestía de naranja, como los presos de Guantánamo. El vídeo corrió como la pólvora por la red enlazado a hashtags populares en ese momento. Esto no se había visto nunca y marca el inicio de una nueva forma de comunicación del terrorismo.

–¿Qué rasgos la distinguen?

–Todos los grupos terroristas han usado la información para socializar el terror y meter miedo. Daesh es el primero que, además, convierte ese mismo terror en un producto cultural amigable y entretenido para seducir a nuevos adeptos. Y lo hace de forma muy calculada, teniendo presentes los gustos y hábitos culturales del público al que se dirige. Sus vídeos están llenos de imágenes calcadas de videojuegos como Call of Duty o Grand Theft Auto, o películas y series como Saw, Hostel o Homeland, y todos tienen un ritmo y una estética propios de un videoclip de hip-hop.

–¿Qué pretenden?

–Seducirlos. El mensaje es: formar parte de este mundo es atractivo. Desde el punto de vista de la comunicación, estamos ante un fenómeno netamente posmoderno. Saben que la batalla se libra en el campo de la percepción, en atrapar a la audiencia, y usan el terror para lograrlo.

–¿Y de qué forma consiguen llevarlo a la práctica?

–Siguen estrategias de comunicación transmedia propias de los lanzamientos de Marvel. Lo tienen todo medido. Mientras se producían los disparos en la discoteca Bataclan de París, Daesh estaba subiendo a la red vídeos de uno de los cabecillas del atentado, grabados meses antes en Raqa, donde lo mostraban como un héroe. En los minutos siguientes lanzaron una batería de vídeos de franceses contando que el ataque les parecía bien. En realidad, el atentado era una performance dentro de toda una estrategia de comunicación más amplia.

–¿Cómo es su manejo de la red?

–Muy eficaz. Saben aprovechar las conversaciones para difundir sus campañas. Sin ir más lejos, en la última final de la Champions, a través del hashtag #HalaMadrid y de centenares de cuentas falsas, colaron sus mensajes en las conversaciones. Un par de horas a tope en Twitter es tiempo suficiente para que sus contenidos se difundan por todo el planeta. Se nota que al frente hay chicos jóvenes de este tiempo, no gente mayor.

–¿Dónde queda el factor religioso?

–Esa es otra de las sorpresas que me he llevado en esta investigación: en los vídeos apenas aparecen imanes en mezquitas ni hay mensajes del Corán. Saben que la generación a la que se dirigen no tiene interés en esos temas. Hay violencia mostrada como espectáculo y también muchos minutos de entrevistas con jóvenes de todo el mundo que cuentan lo felices que son tras unirse al Califato, desde un australiano surfero que ahora se dedica a cuidar niños en Raqa hasta un barrendero canadiense que antes se sentía un don nadie y ahora se siente querido en Siria. Pero religión, poca o nada.

–Entonces, si no hay paraísos prometidos, ¿cuál es el enganche que hace que los nuevos adeptos se unan? ¿Qué les ofrece Daesh?

–Daesh no ofrece paraísos, ofrece nihilismo. Estamos ante el grupo terrorista más nihilista de la historia. El mensaje es: si te unes a nosotros conocerás batallas como las de Call of Duty, vivirás aventuras, te sentirás importante y te cuidaremos como cuidamos a nuestros niños y mujeres en Raqa. Daremos sentido a tu vida, te ofreceremos algo por lo que morir. El resultado es una red de individuos que empieza a cometer atentados en todo el mundo sin haber sido adiestrados ni conocer a ningún líder. Es lo más parecido que existe a Walking dead.

–¿Cuál es su público objetivo?

–Lo tienen clarísimo: jóvenes de entre 15 y 25 años hijos de la posmodernidad. Daesh no se dirige a los niños pobres de Somalia, sino a los chicos de barrio de las grandes ciudades de Occidente que no sienten vínculos con el lugar donde viven y tienen un grado alto de frustración. El caso del barrendero de Canadá es de libro: sin mantener relación previa con la cultura árabe, se marchó a Siria. Allí le dieron un fusil y lo empoderaron. Su vídeo se titula El elegido. Al Qaeda nunca jugó con este tipo de emociones. Daesh, sí. Sabe usar el terror para seducir a jóvenes frustrados de todo el planeta.

–A menudo se nos vende este conflicto como un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam. ¿Qué opina?

–Tras estudiar las 10.000 campañas lanzadas por Daesh, no he encontrado ese choque de civilizaciones por ningún lado. La religión es solo la excusa. Lo que sí hay es una crisis entre las nuevas generaciones y sus instituciones públicas. Es ahí donde ellos sacan provecho.

–¿Cómo se lucha contra esta nueva forma de terrorismo?

–Daesh ha llevado el terrorismo al campo de la opinión pública y nos ha situado frente al espejo. Nos enfrenta a las líneas rojas de nuestra concepción democrática, como son la libertad y la privacidad. No está claro cómo dotar a los Estados de herramientas para influir en la opinión pública mediante campañas que contrarresten las de ellos. Lo cierto es que hay que trabajar por ahí. Esto que voy a decir puede parecer una ensoñación, pero habría que empezar por volver a poner de moda la democracia.

–¿A qué se refiere?

–Hablo de poner en valor los principios que han permitido la construcción de la sociedad del bienestar y el mayor periodo de prosperidad de nuestra historia. Hay que revitalizar ese mensaje, y hay que buscar voces creíbles que lo hagan. Habrá que alcanzar una alianza con la industria del entretenimiento. Si queremos que la democracia se ponga de moda, habrá que hacerlo de forma nueva. Se trata de usar sus armas, pero con nuestros contenidos, con héroes contemporáneos e historias que conmuevan y seduzcan. El marco ha cambiado. En esta nueva guerra hay que involucrar a expertos en moda, a psicólogos forenses, a gente del campo de la comunicación. Y hay que contar con los gigantes de internet.

–¿Cómo es la batalla que se libra en la red?

–Es imposible ponerle vallas a la tecnología, pero se podría hacer más de lo que se hace. Los 1.300 vídeos de Daesh siguen hoy día en la red. Podrían eliminarse. Google también podría modificar su algoritmo para no reforzar el perfil violento de quien los busca. Hablo de comunicación disruptiva, de colar otro tipo de mensajes en las conversaciones donde se está hablando de estos temas. Un hacker de Daesh, originario de Birmingham, cuenta cómo acabó en la organización por casualidad, mientras navegaba en la red.

–Sobre el terreno, parece que la guerra contra el EI tiene sus días contados. ¿Cómo influirá ese desenlace en esta otra guerra?

–Ellos ya lo tienen previsto. Cuando iniciaron esta yihad sabían que no podrían mantenerse en Siria e Irak durante mucho tiempo. Por eso crearon este otro califato virtual. Por eso no tienen jefes y Abu Bakr al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, apenas sale en los vídeos. Su plan es poder dirigir estas campañas digitales desde un portátil, que lo mismo puede estar en Mosul que en el parque del Retiro o en el de Versalles. El fin del Estado Islámico no significa el final de esta otra guerra.

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