cayetana rivera y alba díaz

Listas para el despixelado

POR JULIA CAMACHO

A punto de cumplir los 18 años (lo hará el 16 de octubre), Cayetana Rivera es la nieta más mediática de la duquesa de Alba, dado el tirón en la prensa rosa de las idas y venidas de sus padres, Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo. La fusión de dos de las sagas con más pedigrí en eso del corazón. Dicen quienes la conocen que no solo tomó el nombre de la aristócrata, sino que también heredó su carácter risueño, su desparpajo y su amor por Sevilla y sus tradiciones. Aunque su infancia permaneció al margen de la prensa, el litigio entre sus padres por su custodia resucitó el interés por ella. Desde entonces ha ido ocupando con naturalidad su lugar junto a sus conocidos progenitores, aprovechando el anonimato que le proporcionaba ser menor.

Nacida en Sevilla, la ciudad a la que adora y donde pasó sus primeros años de vida, Tana vivió una infancia normal. Todo lo normal que se puede al ser hija de un torero con fama de seductor y de una aristócrata con el linaje más mediático del país. Los suyos la protegieron, especialmente desde que con apenas tres años sus padres protagonizaron una tormentosa separación en el 2002.

Ambos decidieron que la niña residiese con su madre. Eugenia se instaló en Madrid, donde la pequeña empezó sus estudios en elitistas centros privados, como el British Council School, y luego en un internado en Londres. Su futuro parece ligado a los números, ya que ha optado por estudiar negocios en la IE Business School de Madrid.

Tana ha compaginado sus estudios con las fiestas con sus amigas, como deja ver en las redes. Entre su círculo más cercano se encuentran algunas primas de Lourdes Montes, la segunda esposa de su padre, ya que desde muy temprano se acostumbró a coger el AVE Madrid-Sevilla para pasar el fin de semana en Andalucía con Fran Rivera. Las vacaciones también eran repartidas, y no era extraño verla pasar algunos veranos junto a su abuela Cayetana de Alba en Marbella o Ibiza.

Vida alterada

Su tranquila existencia se vio alterada en el 2012, cuando con 13 años, según contó entonces Fran Rivera, expresó «con lágrimas en los ojos» su deseo de instalarse en Sevilla con él. Adora a su padre, como se aprecia por los emotivos comentarios que le dedica en Twitter. Se inició entonces una batalla judicial entre los progenitores, que hasta ese momento habían mantenido una cordial relación. El pleito sacó a relucir trapos sucios de la intimidad del entonces matrimonio, y se saldó en el 2012 con un nuevo régimen de visitas, aunque la niña siguió en Madrid.

Con los años, ha ido adoptando con normalidad un papel más público, ejerciendo incluso de madrina en el enlace religioso y civil de su padre con Lourdes. Su madre encontró en ella la mejor modelo para su estreno como diseñadora de joyas de la casa Tous, aunque sin mostrar por completo su rostro. Aficionada a la música, le apasiona el campo y montar a caballo. En las redes sociales ha dejado constancia de sus primeros amores y ha hablado de la vida de sus padres. Falta comprobar si a partir de su mayoría de edad muestra esa misma naturalidad con la prensa.

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