la lacra de los microrracismos

No es país para negros

MARÍA G. SAN NARCISO

Los negros la tienen más larga». Qué negrito más mono». «Es negra, pero muy guapa». «Hoy tengo la negra». «Trabaja como un negro». Seguro que alguna vez han escuchado la mayoría de estas expresiones y comentarios que atañen a las personas negras. Estereotipos que, incluso cuando se visten de piropo, caen sobre ellas, molestándolas y agraviándolas, en mayor o menor medida, pero que no dejan de ser producto de un problema mucho mayor: el racismo.

Igual que ocurre con los micromachismos –actitudes que se dan en el día a día de las mujeres como síntoma del machismo–, hay activistas que han acuñado estos gestos con el prefijo micro.

Los microrracismos son actos cotidianos considerados como racistas que se ejercen sobre personas racializadas, entre ellos la comunidad afrodescendiente.

Una comunidad que, por su color de piel, no se ve reflejada en muchos ámbitos de la sociedad. Porque, según dicen, el racismo en España es como los ácaros: siempre está ahí, aunque a ojos de quienes no lo padecen no se vea.

«Para mí, son todos esos casos de racismo que se dan en el ámbito social y que muchas veces pasan desapercibidos. Se pueden dar tanto en el lenguaje como en el ocio o en las relaciones de pareja. Al final, no es el mayor de nuestros problemas dentro del racismo, pero contribuyen mucho a solidificar prejuicios y estereotipos», señala Moha Gerehou, presidente de SOS Racismo en Madrid.

«Nos llegan casos que no dan para ser judicializados, pero sobre los que hay que actuar», explica. Así que la salida a esos testimonios ha sido visualizarlos a través de las historias de quienes padecen estos tics. Y lo han hecho en el proyecto EsRacismo. «Se ha creado una respuesta con la gente que se ve identificada en muchas de estas situaciones», explica Gerehou.

Pero que no engañe el «micro»: que sean actos menos potentes no quiere decir que no hagan daño. Y esa es una de las grandes críticas del término por su posible banalización. «No son pequeños racismos y de baja intensidad porque no deja de ser violento. Es más sutil, más indirecto, pero no rompe con su esencia: que un grupo de personas se siente superior a otro», matiza Antoinette Torres, directora de Afroféminas, un espacio que visibiliza a mujeres afrodescendientes.

A pesar de ser cientos de miles en España, y de que muchos tienen DNI español aunque les llamen inmigrantes de segunda, tercera o cuarta generación, no tienen visibilidad en la vida pública. Y no se habla del racismo. Porque para eso habría que reconocerlo primero.

«No se habla porque, en principio, la sociedad española no se considera racista, así que cómo vamos a hablar de algo si pensamos que no existe», resume Rita Bosaho. Ella es la primera diputada española afrodescendiente que llegó al Congreso. Hubo que esperar hasta las elecciones de diciembre del 2015 para que ocurriese. De Ahora Podemos, reconoce que el racismo está muy interiorizado en la sociedad. También en la izquierda, desde donde no se afronta el debate.

«Nosotras estamos aquí para cambiar las cosas. Los políticos hacen leyes y éstas de alguna manera normativizan las costumbres. Hay que poner el listón alto y ponerlo en el centro de las dinámicas políticas para que sea importante hablar de una ley de igualdad de trato y no discriminación, que tenga en cuenta las comunidades racializadas», resalta Bosaho.

«Mientras sigamos haciendo leyes de primera y de segunda seguiremos teniendo problemas de acogida de otras realidades racializadas», apunta. Antes fue candidata en las listas socialistas Consuelo Cruz, conferencista internacional y creadora del Grupo Federal Afrosocialista, que considera que habría que hacer una legislación en la que se tipifiquen las conductas racistas. Casos como los que aparecen en programas de televisión, donde, por ejemplo, pintan a hombres de negro y les ponen taparrabos.

Siguiendo con la televisión, la activista se pregunta cuántos periodistas o tertulianos afrodescendientes aparecen en los medio. Poquísimos. Una de ellas es Lucía Mbomío, presentadora del programa de TVE Aquí la tierra. Ella reivindica que no solo salgan musulmanas para hablar de islamofobia o personas negras para hablar de racismo, 

sino que sean habituales sus apariciones. Otra de las críticas es que cuando aparecen en los medios suelen hacerlo como víctimas o como verdugos.

El panorama no mejora en la ficción. Lo pone de relieve el colectivo de artistas The Black View. «Los personajes que nos ofrecen son secundarios o de reparto. Solemos representar a prostitutas, inmigrantes, mujeres de la limpieza, nunca a periodistas, médicas o madres de familia funcionales. Representar al primer grupo no es ninguna deshonra, el problema es cómo abordan estos personajes los dramaturgos. Suelen ser sin profundidad, estereotipados, poco definidos, que no tienen sentido por sí solos», explica la actriz Silvia Albert.

«Bastante nos pasa en el día a día para que el medio audiovisual sea reflejo, y vocero, de todos estos microrracismos que tan mal hacen a esta sociedad. ¿Por qué yo tengo que estar en la cola del banco y de repente hay un niño de 5 años que me mira y le dice asustado a su padre que hay un negro? ¿Qué le han metido en los oídos? Habría que pensar qué cosas pasan en el colegio, cuáles son las diferencias de raza en sus juguetes, en los libros, en los cuentos, en los ídolos adolescentes; la representación en la televisión, en las revistas… Porque al final nos dejan demasiado fuera de juego. Y como creemos que tenemos, como mínimo, el mismo talento, nos hemos juntado profesionales para decir basta», exclama Santiago Zannou, director de cine.

La educación es clave. Y la falta de referentes negros para niños y jóvenes y de estudios sobre la historia africana preocupan. Porque, desde la madurez con la que hablan todos los entrevistados, ninguno quiere que las próximas generaciones sufran microrracismos. En Érase una vez… el hombre se ve que, como tal, aparece en portada siempre blanco.

Consuelo Cruz, colombiana de origen, afirma que en su país existe una cátedra de educación en la diversidad desde la primaria. «No es estudiar para negros, blancos y mestizos. No. Se estudia para todos, para que entiendan que hay diferentes razas o tipos de color de piel. Eso lo hace más fácil», explica. «Tiene que ponerse en valor la riqueza de la diversidad que siempre hubo en mi país en los libros de texto. Mientras estemos insensibilizados seguiremos hablando de micros y macrorracismos. Hasta que no normalicemos lo que hay en la calle: un abanico de colores», prosigue.

Sí existen iniciativas pedagógicas privadas. Antoinette Torres lleva a cabo varios proyectos educativos para erradicar el problema a largo plazo, con talleres de microrracismos con adolescentes, en los que los chavales salen mucho más concienciados. También hace talleres para parejas mixtas, sobre la sexualidad de las mujeres negras o sobre feminismos negros, entre otros.

En la Universidad Complutense de Madrid está Kwanzaa, una organización de afrodescendientes que apuestan por el conocimiento de la historia desde un punto no eurocéntrico, el estudio de las acciones de líderes africanos o el reconocimiento de la diáspora en España. «No reivindicamos nunca desde la pena, sino desde una actitud de empoderamiento», afirma Gloria Mbilla, una de sus 17 integrantes.

De sus experiencias con caseros que no les alquilan por pensar que tienen menos dinero o de gente que no se cree que sean españoles, pasan a otro estereotipo: la hipersexualización. La animalización de los hombres grandes ha ido transmitiéndose a través de la cultura con mensajes que señalan al negro como un animal violador que no controla sus instintos, tal y como explica Gerehou. Por eso se cree que tienen un pene más grande. «Es de las primeras cosas que te hablan personas con las que no tienes confianza. Es como si yo de primeras le pregunto a un hombre blanco por el tamaño de su pene», dice. Lo que resultaría violento en un caso, explica, resulta gracioso en el otro.

MUJERES SIN ROPA

«Cuando los colonizadores llegan a África las mujeres negras van con poca ropa. Construyen esa imagen de que las africanas van provocando y buscando sexo. Eso se fue transformando y dio pie a violaciones de mujeres negras para saciar el apetito sexual. Toda esa imagen estereotipada ha pasado a la historia. Ahora en los videoclips aparecen mujeres negras y latinas muy exuberantes, con muchas curvas. Todo eso ha contribuido a que cuando salen a la calle están sometidas al acoso machista, a la exotización de quienes dicen que nunca han estado con una negra o que tener sexo con una tiene que ser de otro mundo», prosigue.

Para todos los entrevistados, erradicar esta lacra pasa por hablar del tema, visualizarlo. Así, la próxima vez que tengan que expresarse, no será para hacerlo sobre el racismo.

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