¿Por qué ositos de peluche?

Los expertos analizan la simbología de este juguete como expresión de duelo

Un osito de peluche, el objeto más entregado en recuerdo de las víctimas fallecidas en el atentado de la Rambla, simboliza, entre otros conceptos, la protección que allana el camino de la renuncia y de la aceptación, forzado por una pérdida colectiva tan dolorosa. Algunos de los que acudieron a la avenida los días posteriores al ataque terrorista entregaron, en el momento de mayor desgarro emocional, un trocito de sí mismos, expresando miedos, ánimos a los familiares y tristezas en un papel, encendiendo velas o regalando algo tan personal como el juguete que vela los sueños.

Leila Nomen, psicóloga experta en atención en el duelo, señala que todos los humanos se entregan a rituales a la hora de decir adiós.

«Hay objetos que representan la comprensión. Un peluche personifica la vulnerabilidad y la fragilidad. Y todos barceloneses y visitantes nos hemos sentido muy desprotegidos ante este atentado», argumenta Nomen, para quien cada persona tiene su particular manera de expresar el dolor ante una pérdida, el sufrimiento, el vacío y la tristeza.

«Ir a entregar dibujos, flores, velas y otros objetos en el lugar dónde han muerto víctimas inocentes es una expresión de amor, de acompañamiento a los familiares. Es una forma de abrazo colectivo».

El psiquiatra Cristóbal Gastó señala que en el duelo hay símbolos universales, como las flores que son la alegoría de la purificación, de la inmortalidad y también del arraigo a la tierra. «Desde el neolítico se ponen encima de las tumbas contra la podredumbe de los cadávares», recuerda.

Otro de ellos es la llama de una vela. «La luz da sentido de trascendencia, es el más allá», detalla.

En cambio, el osito de peluche es propio de la cultura anglosajona, donde muchas mujeres siguen poniendo uno sobre el cojín de su cama y los niños no se separan de ellos ni cuando viajan. «Para los británicos, un oso es sinónimo de fortaleza, al igual que para los orientales es un dragón».

«Los que depositaron en las afueras del palacio de Kensington tras la muerte de Diana fue una fotografía impresionante, pero no era la primera vez que se veían en un duelo», señala.

Para Gastó, un osito se identifica con algo íntimo, muy personal. «Te protege cuando eres pequeño. Es lo que trae una madre cuando por la noche un niño llora. Es un objeto casi humano, antropomórfico. Cuando alguien lo deposita en la calle tras una tragedia, como un atentado o un terremoto, es porque quiere proteger a los más desprotegidos que son las víctimas», indica.

En el mundo mediterráneo y en el oriental los ositos son recién llegados: «Fueron prohibidos por la Iglesia católica porque para ella la única protección procede de Dios».

DOSIS DE AMOR

Jaume Funes, psicólogo, analiza que la mejor manera de alejar el temor a la muerte es recurrir a la infancia, que es lo más lejano a la locura de la destrucción. «Entregar ositos es aportar dosis de amor y de felicidad, y eso se identifica con experiencias infantiles», dice.

Nada es igual tras un episodio traumático, aunque no afecte a personas cercanas. La psicóloga Begoña Odriozola estuvo atendiendo al personal sanitario del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) que acudió a la Rambla y vivió en primera línea de fuego el atentado. «Estaban muy afectados de ver tantos niños heridos. Eso se identifica con lo que puede pasar a tus propios hijos. Te afecta intensamente. Quizá por ello, la gente entrega ositos de peluche», declara.

Llorenç Prats, experto antropólogo, insiste además en que lo que sucedió en la Rambla el pasado agosto no tiene precedentes en Barcelona. «El osito significa hacer compañía. Eso es lo que hicieron los que los entregaron. Aunque lo que más vi yo fueron velas, la luz que testifica la vida en la tradición cristiana, y flores, que honran a los difuntos», enumera.

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