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Rosalía Perera: «Nos rebelamos ante el muro de México pero somos insensibles a otros igualmente injustos como los de Cuba o los del ISIS, que tiran a los homosexuales por las azoteas»

Rompe murallas, persigue la igualdad real entre hombres y mujeres, batalla contra la vulneración de los derechos internacionales de los jóvenes activistas saharauis, reivindica los derechos de la comunidad LGTB y pelea por los intereses de los cooperativistas de Caval. Viaja, lee, ve cine y cultiva granadas en un edén al sur de Badajoz. Por eso la abogada Rosalía Perera no es rasgada ni partida a la mitad, es la porción que halla el encanto en sí misma. Abogada

Junto a Rosalía Perera en el jardín de su casa de campo en Badajoz durante la entrevista.
OTO
Miguel Ángel Muñoz Rubio

-El actor cacereño Chemi Moreno pasó la semana pasada por este atril y le lanzaba la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que en una sociedad aparentemente civilizada no se consiga una igualdad de género real y haya un repunte de los casos de violencia machista?

-En nuestro país no la hay y si ya hablamos del segundo y el tercer mundo, es absolutamente evidente, sangrante, doloroso. La respuesta para mí solo tiene una dirección y es la educación, lo que uno ve en casa. Si ves cómo ha crecido tu abuela, tu madre, observas esos desajustes con lo que debería ser la igualdad, es fácil repetir conductas. Si los niños asimilan y viven como única realidad la igualdad habremos conseguido una sociedad justa sin violencia por razón de sexo.

-Escribió hace poco en este periódico una de sus tantas historias que sobrecogen. Se titulaba ‘Rosas del Sáhara’ y la situaba en Rabat y cómo a aquellas mujeres les duelen sus hijos. Una de ellas no le dijo a su suegro que su hijo estaba en la cárcel. El anciano preguntaba cada día por su nieto. Le explicaban que trabajaba lejos. No salía de una habitación donde permanecía, esperándole. Los meses pasaron y alguien decidió contarle la verdad. No dijo nada. Murió por la mañana...

-En mi último viaje a Rabat solicité una reunión con mujeres saharauis, me quedé con ellas y una intérprete. Nos descalzamos, me pusieron una melhfa, me cubrieron la cabeza... Ellas se relajaron, comenzaron a reírse, a contar cosas, comentaban el color del esmalte de mis uñas... un poco el ambiente de complicidad entre mujeres que es universal. Había tantas historias, a cual más sobrecogedora, como la de la mujer que visitaba en prisión a su hijo y cada día lo veía más y más delgado, temiendo que la última vez sería casi transparente, o que no estaría ya. Lo oía embobada como si fuera un cuento, pero con la conciencia y empatía que produce el dolor de una madre.

-Retrataba Estambul en otra de sus columnas y rememoraba, citando al niqab, las cartas de Lady Montagú, imaginaba recorrer las rutas de Oriente como las mujeres aventureras del siglo XVIII. Envidiaba la libertad que suponía ocultarse tras un velo y poder moverse invisible a los ojos masculinos...

-La historia de las mujeres viajeras del XVIII me ha fascinado y siempre me habría gustado tener tiempo y libertad suficiente como para poder hacerlo yo sola. Tengo siempre esa espinita de viajar a India y a Japón. Cuando visité Estambul me di cuenta de lo mucho que ha cambiado en los últimos tiempos. Antes veías a mujeres que no llevaban velo, que entraban sin él a la universidad. Ahora es agobiante, oprimente, incómodo pasear por la calle para quienes no portan el velo. Vi a muchas mujeres con burka, que se movían como los gatos, siendo invisibles.

-Mientras del muro que separa Estados Unidos de México se habla día sí y día también, de los 2.700 kilómetros levantados por Marruecos en los años 80 para constreñir al pueblo saharaui se desconoce casi todo, como que tiene unos 500 puestos militares de vigilancia y que está rodeado por minas antipersonas...

-Cuando ganó Trump todo el mundo criticamos su intención de reforzar el muro con México, que por supuesto es rechazable, pero algunos parece que olvidaron la existencia de otros muros que igualmente deben ser combatidos, denunciados. Tras seis décadas de separación de las dos Coreas solo por unas horas se permitió el contacto entre miembros de una familia, esposos, padres e hijos. Aún recuerdo la imagen de dos hermanas que se agarraban con tanta fuerza que hundían sus uñas en la piel de la otra para no separarse. La partición de la India rompió familias que para siempre quedaron sin raíces. Quizá cierta parte de la progresía que se rebeló contra Trump por el muro de México olvidó hacerlo o no lo hizo con la misma contundencia que con otros muros físicos y también invisibles, los que aún permanecen atenazando la libertad de expresión en Cuba, donde la presencia de los Rolling, los desfiles de Chanel, no han conseguido convertir la isla en un lugar libre, Hay muchísimos sitios donde las libertades están cuestionadas. En Arabia Saudí, homosexuales en el ISIS que tiran por las azoteas...

-Marruecos impuso recientemente duras penas de cárcel a 19 activistas saharauis (20 años o cadena perpetua) cuando en 2010, 20.000 personas instalaron 7.000 jaimas en una zona desértica, a 15 kilómetros de El Aaiún. Reivindicaban trabajo y vivienda. Luego se convirtió en un reclamo al derecho de autodeterminación, en la mayor protesta civil desde que España abandonara el Sáhara Occidental en 1976. La policía recibió la orden de desalojar la zona y fallecieron 11 agentes...

-Aquello fue un campamento espontáneo, que fue creciendo, en el que se exigían cosas muy elementales y que finalmente se convirtió en símbolo de la causa saharaui. La manera en la que se llevó a cabo el desmantelamiento de ese campamento fue muy violenta. Al primer juicio militar que hubo contra ellos acudí acompañada del entonces fiscal jefe de Badajoz acreditados por el Consejo General de la Abogacía Española. Fue una pantomima. El informe internacional posterior desveló las gravísimas vulneraciones de derechos de los encausados. Ese juicio fue anulado y ahora, en 2017, se ha terminado el juicio civil y salvo dos excepciones ha sido igual que el militar. Condenas tan desorbitadas, después de tantos años y en las condiciones en que esos acusados han estado en prisión, a los ojos de un jurista occidental son inadmisibles. Y sin embargo no ha habido una respuesta general frente a esa barbaridad. Hablamos de condenas de 30 años, con chicos muy jóvenes, sin que hubiera pruebas de cargo suficientes que justificaran la condena.

-El día que se publica esta entrevista es 1-0. ¿Qué pasará hoy, mañana, qué le inquieta del ‘procés’?

-Todo, porque no creo en él. Me inquieta la posible violencia del día 1, pensar cómo no dormirán la noche antes los no independentistas, la impunidad de políticos que fueron votados por los ciudadanos y que ahora unilateralmente no cumplen la ley, la Constitución, las decisiones de los tribunales. Creo en la ley y esto me genera impotencia, tristeza y preocupación, sobre todo por las personas a las que les van a decir que su casa ya no es su casa, que son extranjeros en el lugar donde nacieron o donde sus padres les trajeron dejándose la piel allí, donde van a tener que vivir callados, sin opinar en contra de un poder impuesto.

-Ha dicho Serrat: «Los que me tildan de fascistas desconocen el fascismo». ¿Por qué en este país se recurre tan rápidamente al tópico?

-Por ignorancia. Me parece muy bien lo que ha dicho Serrat, pero lo podía haber dicho hace mucho tiempo. Echaba de menos esas manifestaciones cuando esto se estaba gestando. Hace muchísimo tiempo que Boadella se tuvo que ir de Cataluña y poca gente se rebeló contra ello. Cuando han destrozado el negocio de los padres de Albert Rivera tampoco han condenado de forma rotunda los actos de violencia. No hay una violencia que la deba abominar la derecha y otra diferente que repugne a la izquierda. No se puede ser tibio. Solo debe haber una posición contra la ilegalidad, la vulneración de los derechos y la violencia, la contundente batalla para combatirla, provenga de donde provenga.

-’¡Vive la France!’, gritan en Perpiñán. ¿Es normal que en París miren con recelo a Puigdemont?

-Es que Puigdemont es un presidente autonómico, no es más. En Francia no sucedería esto jamás. El francés, sea de la condición que sea, social, cultural o ideológica, canta ‘La Marsellesa’ y luce sin complejos su bandera. Es verdad que ellos han tenido una tradición republicana y nosotros una dictadura. Pero si nos comparamos, por ejemplo, con Italia o con Portugal, no existen complejos sobre sus himnos o su territorio. ¿Plantear que los corsos se vayan de Francia? Es impensable, la República es indiscutible.

-¿Por qué se hizo abogada?

-Quería ser escritora. En mi casa hay mucha tradición de profesores y se suponía que yo sería profesora de literatura. Pensé en hacer periodismo también. Pero tengo un sentido hipersensible con la justicia. Me hace daño incluso físico la más nimia situación en la calle, excesos de un padre riñendo a un menor en público, de un hombre a una mujer en la cola del supermercado, alguien pidiendo... Siento el dolor en la boca del estómago frente a las injusticias.

-¿Cree que las jóvenes generaciones de abogados están más conciencidas en el plano ético?

-Creo que ahora la situación económica es tan difícil que les hace apartar cualquier distracción de lo que es el objetivo, que es asentarse profesionalmente y conseguir un hueco en el mercado.

-La abogacía le ha permitido participar en una cumbre sobre mujer de la ONU, donde ha compartido pareceres con líderes mundiales, oenegés y activistas para avanzar en igualdad de género. También le ha posibilitado la defensa del Caso Caval...

-El año pasado estuve cuatro veces en la ONU. Este año fui en marzo a Nueva York y en junio a Ginebra, y volveré a final de año seguramente. Te sientes muy pequeña allí y a la vez con la enorme responsabilidad de siendo española, extremeña, representar de alguna manera a tu tierra. Ha sido una de las experiencias mejores de mi vida. Caval, por su parte, es el caso más importante de mi carrera y con el que más he sufrido. He dedicado mi salud, mi tiempo y mi ocio a esa cooperativa y he conseguido que se haga justicia, y eso te llena el corazón de satisfacción. Logramos la condena más importante de corrupción en este momento en España, es el caso más grande que ha habido nunca en Extremadura y hemos alcanzado una condena de 23 años. El Juzgado de Instrucción funcionó, la sala de la Audiencia Provincial funcionó, y cuando hemos obtenido esa pena, por una razón que aún hoy las víctimas, Valdelacalzada, no conoce, se le ha consentido el tercer grado al acusado. Está ahora mismo en la calle y lo dice una abogada que ha llevado casos de personas que fueron en su día drogodependientes, padres de familia rehabilitados y que no han conseguido permisos ni el tercer grado que este señor, injustamente, tiene. Yo ya no puedo hacer nada como abogada, pero sé que el pueblo se va a movilizar de nuevo exigiendo ante el Consejo General del Poder Judicial, Fiscalía General del Estado, Defensor del Pueblo, donde haga falta, que el responsable de la ruina de toda una comarca, que no ha devuelto ni un solo euro y que apenas ha permanecido en el centro penitenciario dos meses de los muchos años a los que fue condenado por la Audiencia Provincial, por el Tribunal Supremo, cumpla su pena íntegra.

-Defina la libre competencia...

-La libre competencia representa la libertad de decisión de los que participan en el mercado, en un contexto en el que las reglas de juego son claras para todos y se cumplen efectivamente.

-¿Pero está de acuerdo con este modelo capitalista que potencia las gasolineras low cost y retira de ellas la mano de obra, por ejemplo?

-Desde el punto de vista de competencia, no caben las limitaciones y es el mercado quien depura todo. Si hay prebendas o protecciones hacia un lado, se desequilibra el mercado. Personalmente creo que un sistema compasivo, pero dentro de un libre mercado, sería el adecuado.

-¿Qué ha pasado en esta sociedad para que aquellos templos grandiosos del cine, de escalinatas imponentes y butacas de terciopelo de la Gran Vía se hayan convertido en catedrales del consumismo con marca de ropa de moda?

-Es una pena, pero parte de la culpa la tiene la industria cinematográfica, que ha puesto unos precios imposibles para la gente joven. Esa cultura del cine se ha perdido. Acabo de llegar de París y he visto muchos clubs de fumadores, y he pensado que a lo mejor esa podía ser una solución para el cine: pequeñas salas para gente que quiera saborear el cine de antes.

SFlb-Aprendió a leer con Platero y nunca pudo parar. Ahora solo se lee Facebook y a los niños mientras esperan la cola del pediatra se les da el móvil en lugar de un cuento...

-Antes siempre había algo que leer. Para mí es una necesidad, no soy capaz de dormir, de vivir, sin leer.

-Y ahora escribe columnas en este periódico...

-Sí. Y he vuelto a encontrar a la Rosalía de antes del Derecho. Pasé mucho tiempo en casa de mis abuelos paternos, en la avenida de Huelva, frente al Instituto Zurbarán, y empecé a leer muy pronto. Escribía en la mesa de la cocina en el libro de recetas de mi abuela (risas).

-Y para terminar acabaremos con esta frase de Simone de Beauvoir: «Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo»...

-Es cierto que le falta encanto a la vida. Por eso para mí los libros, el cine, los viajes y mi casa son muy importantes porque aquí fabrico el encanto que echo de menos fuera. Es como el perejil, plantas un trocito y te sale una maceta.

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