cine ecologista

Segunda autopsia al planeta

PoR NANDO SALVA

Una década ha pasado desde que Al Gore lanzara una señal de alarma a bordo del documental Una verdad incómoda, que al menos momentáneamente pareció capaz de convertir el cambio climático en asunto mediático primordial. A día de hoy, sin embargo, la especie humana sigue ocupada destruyendo el planeta. «Los últimos tres años han sido los más calientes de la historia»; «los glaciares se están fundiendo en todo el mundo» o «la temporada de nieve se acorta cada vez más» son frases que el medioambientalista y antiguo vicepresidente de EEUU deja salir de su boca de forma automática, casi a modo de saludo, o al menos así fue durante su encuentro con la prensa en el pasado Festival de Cannes. Y así tiene que ser, asegura; porque hay mucho trabajo pendiente, especialmente desde que la Casa Blanca está ocupada por un negacionista irremediable. Después de todo, mucho antes de hacerlo acerca de las fake news Donald Trump ya tuiteaba sobre «la chorrada del calentamiento global».

Desde el próximo viernes en los cines, Una verdad más incómoda: ahora o nunca es una secuela en la que Gore seguramente habría preferido no tener que participar. En ella, asume la falta de soluciones al cambio climático como un fracaso personal. «Encontré un plan para mi vida», confiesa en el nuevo documental, y justo después cita a Mike Tyson: «Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la cara». Aparece más canoso y algo más grueso en el área abdominal, pero igual de apasionado y, quizá, más furioso. Como en la primera película, lo vemos ofreciendo conferencias en las que trata de educar y motivar a la gente sobre la catástrofe ambiental a la que nos dirigimos y los turbios intereses políticos que impiden prevenirla. «Los peligros que afrontamos son ahora mucho más severos de lo que los científicos predijeron; hemos ido a peor», sentencia al respecto.

Con el fin de aportar pruebas, en Una verdad más incómoda, Gore viaja alrededor del mundo para encontrarse con supervivi-entes de tifones en Filipinas, calles anegadas de Miami y otros lugares que han sido escenario de imágenes bíblicas: inundaciones, tornados, carreteras convertidas en ríos y peces que nadan en las calles.

Pasar a la acción

Las cosas, es cierto, han mejorado en los últimos 10 años. El uso creciente del poder eólico y el solar ha reducido nuestra dependencia de los combustibles fósiles, tradicionalmente identificados como la primera causa del problema. «Tenemos las soluciones a nuestra disposición», reconoce Gore. «Los avances en fuentes de energía renovables, y el uso de baterías no contaminantes y vehículos eléctricos y tantas otras tecnologías que ayudan a reducir las emisiones, ha sido muy rápido. El gran desafío ahora es conseguir suficiente voluntad política para implementar esas soluciones. Hay que pasar a la acción».

Además de mostrar cómo la gente se organiza para parar la destrucción, la película se adentra en los despachos de líderes políticos que a menudo tratan de equilibrar la protección medioambiental con el desarrollo económico. En una escena, por ejemplo, el ministro de energía indio responde a los argumentos de Gore sobre la necesidad de usar energías renovables diciendo que su país será capaz de deshacerse del tipo de plantas carboníferas que ayudaron a industrializar Occidente «en 150 años».

En el 2007, un año después del estreno de Una verdad incómoda, el exvicepresidente fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Al mismo tiempo, la película le granjeó un aluvión de prensa negativa. Fue criticado por incluir en ella una simulación por ordenador, para ilustrar hasta qué punto iban las grandes urbes a sufrir los efectos de la elevación del nivel del mar, en la que parte de Manhattan aparecía sumergida bajo las aguas.

Se convirtió, de hecho, en el hombre al que los sectores más conservadores de EEUU más disfrutaban de odiar, y de poco sirvió que sus predicciones se hicieran realidad en el 2012, cuando el área donde un día se elevaron las Torres Gemelas quedó anegada durante el huracán Sandy. Hoy no hace falta más que buscar en Google «cambio climático» para comprobar lo eficaz que ha resultado ser la derecha para clavar su bandera sobre el asunto. La mayor parte de los vídeos sobre él que hay en Youtube esencialmente se dedican a negar su existencia. «Los grupos de opinión que sirven a la causa negacionista han recibido millones y millones de dólares de aportaciones», recuerda Gore. «Y como resultado, en el imaginario colectivo, la razón y los hechos han dejado de tener importancia».

Hablar de la causa negacionista, decíamos, es hablar de Donald Trump. Su sombra acecha como un iceberg en el Ártico a lo largo del metraje de Una verdad más incómoda, que lo observa durante su campaña presidencial. «¿Dónde está el calentamiento? Necesitamos más de eso. ¡Hace mucho frío!», lo oímos decir en uno de sus mítines. Su elección afectó profundamente el devenir de la película: sus directores, Bonni Cohen y Jon Shenk, se vieron obligados a añadir un epílogo después de que el pasado 1 de junio Trump anunciara la retirada de EEUU del Acuerdo de París, que trata de reducir a escala mundial los efectos del cambio climático. Fue una prueba más de que, pese al activismo medioambiental y al empuje de una economía basada en fuentes de energía alternativas, la industria de los combustibles fósiles estará entre nosotros durante mucho tiempo más.

«Todo el tiempo que Trump permanezca en la Casa Blanca será un desafío tanto para mi país como para todo el mundo», advierte Gore. «Para afrontar la crisis climática hay que arreglar primero la crisis que sufre la democracia en Occidente». Asegura no usar el medioambiente como medio para otro fin que no sea la salvación del planeta. «Para mí, esto no es una campaña para ocupar ningún sillón. Me he curado de la política».

Renovar compromisos

Una verdad más incómoda no ganará nuevos adeptos para la causa; quienes no crean ya en ella no van a dejarse convencer por la película porque la van a evitar. «Pero puede servir para renovar compromisos. Hay una ley de la física que dice que cada acción provoca una reacción opuesta y de igual intensidad. Y yo creo que ya está habiendo una reacción en todo el mundo contra el autoritarismo populista de derechas». Es bonito pensar en que Gore tiene razón, y que quizá no haga falta que Una verdad aún más incómoda venga dentro de otros 10 años a decirnos que el mundo se acaba.

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