17-A: UN MES DESPUÉS

«Tenemos miedo del fanatismo»

POR CRISTINA SAVALL

Es la frase más veces escrita en las emotivas notas depositadas en 149 puntos de la Rambla, como el pavimento, los cristales de los quioscos y las farolas, durante los días posteriores al terrible ataque perpetrado por Younes Abouyaaqoub, cuando el 17 de agosto condujo su furgoneta hacia el dolor y el luto colectivo.

«Tenemos miedo al fanatismo» escribieron junto a las condolencias, cientos de peluches, velas, juguetes, pañuelos, flores de maché, camisetas y corazones de papel ya están depositados en el almacén de la Zona Franca del Museo de Historia de Barcelona (Muhba) que, junto al Archivo Municipal de Barcelona ha iniciado la tarea de restauración de los objetos y documentos entregados espontáneamente como ofrendas por la ciudadanía en homenaje a las 14 víctimas que fallecieron en ese bulevar, y de las otras dos que también perdieron la vida en manos de los terroristas.

«Se te pone la piel de gallina cuando lees un poema, contemplas el dibujo de un niño pequeño o cuando revisas el libro de consuelos», relata Montserrat Beltran, directora del Archivo Municipal Contemporáneo de Barcelona (Amcb) en su proceso de «recoger el memorial de la Rambla». En total, 5.000 objetos y 27 cajas llenas de escritos que durante los días de duelo permanecieron a la intemperie y que por ello necesitan de un «método arqueológico», como precisa Joan Roca, director del Muhba, para conservarlos y componer la topografía del dolor.

Los técnicos, como Zoel Forniés, conservador y restaurador del Amcb, trabajan con precisión quirúrgica con guantes, pinzas, algodón, pinceles y cepillos para tratar los objetos y papeles dañados por hongos procedentes de la exposición a la intemperie, limpiar la suciedad y curar las heridas provocadas por la cera y la parafina de las velas encendidas. Este trabajo de inventario y catalogación de todo lo recogido la noche del 28 de agosto, tiene como objetivo final poder dar una unidad a este fondo, que sea consultable a través de plataformas digitales, y que permita explicar a futuras generaciones, a través de los elementos y ofrendas, el sentimiento y acciones de solidaridad que se generó en la ciudad como respuesta al atentado. Una tarea para la que el ayuntamiento ha consultado a otras ciudades que también han querido dar un tratamiento memorial a la respuesta ciudadana a los atentados, como París y Manchester.

Roca argumenta que el objetivo final es conseguir que el material seleccionado ofrezca una visión de conjunto, que llegue a «configurar una memoria integral de la respuesta ciudadana a los atentados». Josep Bracons, jefe del departamento de colecciones del Muhba, explica que los puntos especialmente sensibles son los que están ligados al lugar exacto dónde perdió la vida una víctima y los que tienen una lectura simbólica, como el Pla de l’Os donde paró la furgoneta. «El horizonte de toda esta catalogación será el primer aniversario del ataque», agrega Bracons.

El protocolo de trabajo y tratamiento de los objetos prevé en una primera fase hacer un inventario y catalogación de los objetos recogidos, teniendo en cuenta su punto exacto de procedencia, de los 150 puntos memoriales que finalmente se han identificado (puntos relacionados con víctimas, puntos en lugares significativos, puntos espontáneos, etc.) y que fueron evolucionando y creciendo. Posteriormente, habrá una fase de análisis y evaluación de toda la información recogida (constituyendo una unidad) para que pueda ser participada y estudiada.

Un primer muestreo revela que los peluches son los objetos más abundantes, un 75% del total, seguido por juguetes, objetos personales, camisetas, banderas y toda clase de dibujos.

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