Cartas al director

EN EL SAN PEDRO

A las enfermeras de Hematología de Cáceres

Ana Arroyo de la Rosa // Mérida

Oda a las enfermeras y auxiliares de Hematología del hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres por una médica de familia:

Llevo 24 años de mi vida conviviendo y compartiendo conocimientos y sentimientos con enfermos. Ahora que está tan de moda hablar de la humanización de la Medicina, a mí me daba la risa porque es algo inherente a mi forma de trabajo.

Pero han querido los avatares de la vida que pase 5 meses en un hospital junto a mi hermano y su leucemia. No han sido tan duros los días de encierro y las noches de fiebre, como la incertidumbre de no sobrevivir.

Pero ahí han estado ellas. Firmes en su trabajo y cercanas en el trato. Dispuestas a echar unas risas con César aunque esa habitación no les tocara en el turno.

Os recuerdo a todas pero menciono testimonialmente a Mari Ángeles, el primer ángel; a Asun, la madre, y a Inma, la colega.

Hoy, 153 días después, ya sé por qué me gusta tanto mi especialidad y es porque es la que más se parece a ser enfermera.

EN EL VATICANO

Pedro, Francisco y Jesús

Juan Gómez Vadillo // Madrid

Muy pronto, antes de que cantara el gallo, Pedro renegó tres veces de Jesús, como éste le había predicho. El nuevo Pedro, Francisco, confesó ya hace tiempo que tenía tentaciones de renegar de Dios, de Jesús; él sabrá si lo ha hecho y si ha rectificado después. Desde el primer día Francisco proclamó luchar contra la pederastia, y no cesa de repetirlo para tapar su inoperancia real al respecto. Ya tras un año de papa, las NNUU juzgaron que no cumplía ahí las obligaciones firmadas, como otros Estados; después ha tardado mucho en reprimir casos tan sonoros como el del Perú, y recogido –acogido, amparado- a pederastas en su Estado, sustrayéndolos a la Justicia civil, que debiera hacer cumplir más que nadie. El colmo ha sido su llamar calumniadores a varias víctimas, dignas de toda credibilidad y convergentes contra el mismo culpable, exigiéndoles «pruebas» del hecho. Reprendido incluso por altas autoridades vaticanas, se ha excusado exigiendo «evidencias» en lugar de «pruebas». Pura palabrería farisaica, pues. Por el bien de la Iglesia, ha llegado de sobra lo hora que él también ha prometido de retirarse y dejar el puesto a otra persona que intente que se cumpla mejor, empezando por el mismo, el Evangelio.

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