Editorial

Las consecuencias del #MeToo

Una de las militantes feministas más prestigiosas, Virginie Despentes, que triunfa con su ensayo Teoría King Kong, reconoce que «hay un antes y un después tras el #MeToo: las mujeres rechazamos el estatuto de presa». El movimiento (#YoTambién), que nació en Estados Unidos a raíz de las denuncias contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein por sus reiterados abusos sexuales, ha servido, entre otras cosas, para dar visibilidad a infinidad de mujeres que se ven asediadas continuamente por actitudes machistas y prepotentes. El eco otorgado por Hollywood se concretó en el famoso discurso de Oprah Winfrey en la entrega de los Globos de Oro, en una gala en la que la práctica totalidad de las mujeres asistentes vistieron de negro como símbolo de una protesta que iba más allá de las acusaciones por agresiones y que se concretaba en un #TimesUp –«se acabó el tiempo»– que advertía a los hombres del fin de una época de excesos y supremacías. En el otro lado, un manifiesto firmado por personalidades francesas incidía en una especie de recuperación de la seducción y la galantería como arma contra un conservadurismo que, según ellas, se apoderaba del movimiento feminista.

La polémica está servida. Algunos, como el cineasta Michael Haneke, ven el #MeToo como «una caza de brujas que genera un nuevo puritanismo». Otros lo contemplan como una política de escaparate, políticamente inconsistente. Pero cada vez hay más voces, como la de Despentes, que lo analizan como «algo histórico, una salida del silencio muy importante, colectiva y fuerte». Más allá del mundo del espectáculo, la realidad de las mujeres se concreta en datos incontestables: un hombre asesina a una mujer cada 10 minutos, según datos de la ONU; el salario medio de las mujeres es en Europa un 16,3% inferior al de los hombres, y una de cada tres mujeres ha sufrido violencia sexual. Todo ello sin contar con actitudes condescendientes o la imposición de criterios sociales que abocan al fracaso femenino si no se cumplen determinados parámetros culturales.

El mundo está cambiando y se acaba el tiempo de una supremacía masculina responsable de tanta desigualdad. Llega un feminismo activo y fundamentado, un humanismo en el que todos debemos participar, y se presenta como una de las revoluciones culturales destacadas de nuestro tiempo.

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