Soliloquios

Misses

Juan Jiménez Parra

Vas caminando por la calle y ves mujeres muy guapas. La belleza siempre llama la atención. Te has preguntado muchas veces qué sentido tiene celebrar esos concursos de belleza femenina –o masculina, que también los hay- cuando no son todas las mujeres de una región, de un país o del mundo, las que acceden a concursar.

Supones que detrás de estos eventos existen una serie de empresas textiles, de cosmética y de estilismo, que tienen un interés especial en celebrarlos. Y delante hay una serie de chicas con ganas de ser modelos, actrices, o simplemente famosas, que ven una oportunidad de promocionarse. Todo ello es muy loable, porque en principio impera la voluntad humana. Voluntad por parte de los organizadores y voluntad por parte de las concursantes. Nadie es obligado a nada. También, como todo lo que se da a conocer a la sociedad, es ensalzable o criticable, tanto el desarrollo y el resultado del certamen, como el certamen en sí.

LOS CONCURSOS de misses tienen sus detractores –casi siempre asociaciones de mujeres feministas-. Argumentan que son celebraciones propias de sociedades machistas en las que se cosifica a la mujer. Ya han pedido su prohibición en varias ocasiones.

Da la sensación de que en estos certámenes las chicas se muestran como objetos a los que hay que inspeccionar, valorar y seleccionar. Pero también podemos pensar que las concursantes no le den una connotación tan prosaica. Seguramente para ellas sea un evento serio que les ilusiona, al que concurren sin sentirse utilizadas o cosificadas.

Así pues, si se prohibieran estos concursos de belleza, algunas mujeres que los demandan perderían la opción a presentarse, y se coartaría su libertad de decidir. Hay que partir del convencimiento de que toda mujer debe ser libre para rechazar u aceptar lo que quiera cuando quiera. Es una contradicción reprobar la sumisión forzada de la mujer por un lado, y por otro lado negarle el derecho a decidir sobre su vida. En esta sociedad sobran los machitas recalcitrantes, pero también las feministas fanáticas.

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