Soliloquios

Románticos

Juan Jiménez Parra

Hace unos años tu amigo Carlitos García ideó un extraño aparato, híbrido de ordenador y máquina de escribir. Su intención era facilitar a su abuelo, escritor de ficción, la práctica de la escritura. Al utensilio en cuestión se le dio nombre: Olivettiword. Se trataba de una pantalla con cerebro de ordenador que atendía a los toques de teclas que golpeaban sobre el rodillo de una máquina de escribir, de manera que el usuario escribía a la vieja usanza sobre un papel virtual de la nueva época. Así acalló tu amigo Carlitos las quejas de su abuelo, que cometía cada vez más errores, debido a su avanzada edad. Desde entonces el hombre escribe en su máquina Olivetti de toda la vida, y corrige antes de imprimir.

Ya apenas quedan románticos recalcitrantes, como esos escritores que se resisten a los procesadores de texto. Al final todos abrimos los brazos a las nuevas tecnologías. Tú mismo has cambiado tu reloj circular de agujas y números romanos, con pulsera de eslabones cromados, por uno de esos relojes que llaman inteligentes. Este inventito apenas pesa y te dice la hora, la distancia y los pasos que das al día, te mide el pulso, e incluso te ofrece información sobre tu calidad de sueño. En fin, toda una proeza de la tecnología, que se supone desplazará a los relojes clásicos. Aunque reconoces que te está costando olvidar tu antiguo reloj.

Pero la añoranza de antiguos usos y viejas cosas a veces nos incita a recuperar lo pasado. Eso que llaman «vintage». Como los discos de vinilo, que algunos románticos han comenzado a sacar del baúl de los recuerdos. A veces ves transitando por las calles algún Seat 600 u 850, algún Renault 8, Gordini, Simca 1000; y piensas que te subirías en uno de estos trastos con mucho gusto. Y evocas aquel 600 que fue tu primer coche.

Tienes un amigo que es de los pocos que utiliza un móvil de teclas físicas, de los de concha, de tarjeta prepago. No se puede conectar a internet, ni tiene wasap. Sólo lo usa para llamar y recibir llamadas. Sin duda es un romántico de los que quedan muy pocos.

A veces te gustaría ser un romántico recalcitrante. Pero sabes que te sería muy difícil regresar al pasado.

*Pintor.

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