Encerado y clarión

Tiranos

Saturnino Acosta

Se llama síndrome del emperador y las características son simples:

Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan les proporcionen. Baja tolerancia a la frustración, o la negación de lo que han pedido. Escasos recursos para la solución de problemas. Creen que son el centro del mundo. Buscan justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas. Carecen de empatía social. No sienten remordimiento. Discuten las normas y/o los castigos con quienes las imponen a los que consideran injustos y malos.

Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, se cede y se les otorgan más privilegios.

Exigen atención, de todo su entorno. Y cuanta más se les da, más reclaman. Les cuesta adaptarse a las figuras de autoridad. Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos.

Las pautas a seguir para remediar esta situación son claras. Establecer reglas claras y explicar las razones. Ser coherentes. Todos deben tener la misma opinión respecto a un mismo problema. Mostrarse firmes respecto a lo que se haya decidido, de forma conjunta. No imponer un castigo que no se cumpla. Supervisar las actividades. De igual modo, si ha hecho algo de forma adecuada es preciso el refuerzo positivo que, obviamente, no tiene por qué ser material, pues los premiaría frente al resto.

En el caso de los más caprichosos, se debe intentar hacer lo posible para mejorar la relación con ellos, pero no a cambio de claudicar a sus demandas. No apartarles ni sobreprotegerles, ambas cosas podrían configurar un «niño tirano». Se tiende a culpar a los tutores legales de este tipo de conductas por ser demasiado permisivos y protectores pero además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.

En fin, no entiendo cómo nadie se explica ni sabe encontrar soluciones. Otra cosa es que no se quiera aceptar el error cometido y continuado desde hace ochenta años, cuando a la primera rabieta se le dio a sólo uno de los hermanos lo que debió ser repartido entre el resto. Alguna vez hay que decir basta.

A quien competa garantizar nuestro Estado de Derecho.

* Maestro

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