Alerta amarilla por la falta de agua en Extremadura

La cuenca del Guadiana está al 44,1%, trece puntos menos que en 2016; la del Tajo, al 38,7%, casi nueve por debajo . Camiones cisterna en pueblos cacereños y trasvases de urgencia en el sur de Badajoz, algunas de las consecuencias

Cola del embalse del Guadiloba, cerca de Cáceres capital. El agua escasea en la zona.
FRANCIS VILLEGAS
Rocío Sánchez Rodríguez

Hace dos meses que el agua que les llega procede de camiones cisterna que a las ocho de la mañana ya han dado la primera vuelta. Y repiten trayecto hasta siete veces. El embalse del que se abastecían está seco y las últimas precipitaciones no han servido para mucho. En Talaveruela de la Vera, al norte de Cáceres, unos 350 habitantes, saben desde el pasado 4 de octubre qué significa que no llueva. Al principio pidieron ayuda a Talayuela y ahora traen suministro de Robledillo y Viandar. «Los primeros días había más revuelo, pero ahora los vecinos están más tranquilos, no queda otra», expresa la alcaldesa, Belén Blanco.

En otros pueblos como Jerte miran al cielo con recelo y esperanza para que vuelva a llover y así no tener que recurrir a los camiones cisterna. Con las escasas precipitaciones de estos días han podido recuperarse, pero saben que la sequedad volverá en breve.

En la mancomunidad de Llerena han tenido que recurrir por primera vez al trasvase del pantano de Arroyo-Conejos a Los Molinos para seguir abasteciendo a una veintena de municipios. Esta infraestructura se hizo en 2006, pero no se recepcionó hasta el pasado mes de marzo -tras realizar una última obra de urgencias- porque se preveían problemas de suministro para este otoño.

PLANES DE EMERGENCIA / La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) ha instado esta semana a ayuntamientos y mancomunidades de más de 20.000 habitantes que activen las medidas recogidas en sus planes de emergencia por la escasez de recursos hídricos. No basta solo con insistir en el consumo responsable.

Y el Consistorio de Mérida ya ha dado los primeros pasos: el cese del riego en las zonas verdes, el cierre de las fuentes ornamentales y la suspensión del baldeo de calles, aunque garantiza que el abastecimiento en los hogares «no corre ningún riesgo».

La sequía es una evidencia. Extremadura ya ha activado la alerta amarilla por la escasez de precipitaciones. La falta de agua afecta a la agricultura, la ganadería, el consumo en las casas, la factura de la luz... La reserva en la cuenca del Guadiana está al 44,1% de su capacidad, mientras que el año pasado por estas fechas se situaba en el 57,2%; y en la del Tajo el nivel apenas llega al 38,7%, en 2016 en esta semana era del 47,4%.

La producción hidroeléctrica ha caído casi a la mitad en las centrales de Cáceres, donde se concentra la mayor parte de la potencia instalada, mientras que en la zona de Badajoz, de menor capacidad, ha aumentado la generación por la mayor necesidad de regadío en el campo.

La situación inquieta. Porque los expertos advierten que aunque llueva intensamente en las próximas semanas, el problema de la sequía, que se alimenta también de la inusuales altas temperaturas del otoño, seguirá muy presente. Por ello una de las principales peticiones es la reconversión del regadío, que se lleva gran parte de los recursos hídricos del país.

DESDE EL GOBIERNO CENTRAL / Esta semana, en el Congreso de los Diputados, la comisión de Agricultura ha aprobado el proyecto de ley de medidas urgentes contra la sequía. Pero solamente ha incluido las cuencas del Júcar, el Segura y el Duero, donde agricultores y ganaderos se verán beneficiadas de diferentes medidas económicas para hacer frente a las pérdidas que supone que la tierra se seque y agriete.

Estas cuencas son las más afectadas, pero desde la oposición y otras voces críticas desde Extremadura se ha lanzado el reproche de que no se haya incluido también a la del Tajo, una zona en la que pequeños municipios como Talaveruela de la Vera necesitas camiones cisternas para poder tener suministro.

Su alcaldesa recuerda e insiste en el problema: «Por la noche cortamos el agua, pero solo en determinadas calles, porque en algunas las llaves son muy antiguas y, si se mueven, lo mismo te quedas con ellas en la mano. Y en otros casos corremos el riesgo de que si abrimos y cerramos, se rompan las tuberías por la presión, porque también tienen bastante tiempo».

Y añade: «De manera que, aunque lo que se trae al pueblo puedo asegurar que es potable, la recomendación que se hace desde el Ayuntamiento es que el agua que sale por el grifo no se use ni para beber ni para cocinar, pedimos que para ambos casos se compre embotellada».

Asegura esta regidora municipal que hace 25 años que no recuerda una sequía semejante a la que desde hace dos meses están viviendo en primera persona.

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