
Plaza Jemaa el-Fna .

Mezquita Koutubia.

Jardín Menara.
En Jemaa el-Fna podremos encontrar un gran número de actuaciones, que van desde cuentacuentos, músicos, bailarines hasta encantadores de serpientes o devoradores de vidrio.
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NOTICIA PUBLICADA EL 31 DE OCTUBRE DEL 2005
Marrakech
• Para los que huyen de la Navidad: la ciudad que alegra el corazón
MARÍA POLO
En apenas dos horas de avión podemos desplazarnos a una ciudad imperial que nos permitirá evadirnos de las tediosas fiestas navideñas. Marrakech es una ciudad de contrastes. Su riqueza cultural, pero sobre todo la humanidad de sus habitantes, no dejará indiferente a nadie.
Los orígenes de la ciudad se remontan al año 1070, cuando en su territorio se estableció el campamento militar del gran jefe almorávide Abu Bekr. Sin embargo, fue su primo y sucesor, Yusef Ben Tachfin, quien convirtió el primitivo oasis en la gran capital imperial.
La plaza Jemaa el-Fna
Es sin duda uno de los grandes atractivos con los que cuenta la ciudad. Declarada “Patrimonio Oral de la Humanidad” por la UNESCO en el año 2001, es uno de los símbolos de identidad de la ciudad.
Situada en la entrada de la Medina, este lugar cuenta con una frenética actividad, tanto comercial como de entretenimiento. Podremos encontrar un gran número de actuaciones, que van desde cuentacuentos, músicos, bailarines hasta encantadores de serpientes o devoradores de vidrio. Asimismo, el visitante podrá hacer que le lean la buena fortuna o hacerse un tatuaje de henna. Todo es posible en esta plaza de ensueño.
Qué no debe perderse
Son muchos los atractivos turísticos que sorprenderán al visitante en su viaje a Marrakech.
La mezquita Koutubia es una de las más importantes del Magreb. Data del siglo XII y fue construida por orden del califa Abd al-Mumin Ibn Ali. El significado de su nombre es el de libreros-calígrafos, ya que fueron los dos oficios que se instalaron en sus alrededores. No dejen de admirar el alminar del edificio, considerado como el prototipo de su clase. Les sorprenderá el extraordinario parecido con la Giralda de Sevilla.
Otra mezquita interesante es la de Ben Yusuf, construida también a principios del siglo XII y considerada como el primer gran santuario de Marrakech. Los 40 metros de su alminar pueden verse desde casi cualquier punto de la ciudad. Además, en este edificio pueden contemplarse manuscritos de alto valor, como los producidos en el siglo XIII en los talleres de Játiva en España.
Al sur de la medina se encuentra la Alcazaba, una ciudad imperial fortificada de la época almohade. Actualmente, subsiste la mezquita, las puertas principales de Bab Agnaou y Bab Robb, las grandes fuentes del jardín Agdal y algunas partes de la antigua muralla.
Merece la pena perderse en el Agdal, un amplio jardín de 3 km de largo por 1.5 km de ancho. Su construcción se inicia en la época almohade –en el siglo XII- y está inspirado en los jardines andaluces. Cuenta con un gran estanque central destinado a regar las dos mitades del jardín. Igualmente se encuentra dividido en diferentes parcelas plantadas con limoneros, naranjos, olivos, higueras, granados y albaricoques.
También en el interior de la Alcazaba se encuentra el Mausoleo de los Saadíes, del siglo XVI, donde se puede admirar la riqueza del arte marroquí. Su peculiaridad es la perfecta combinación del arte de los moriscos que abandonaron España, el de los otomanos y europeos.
Cuando cae la noche
Tras un largo día, nada mejor que visitar los “hamman” o baños turcos. En la medina podrá encontrar un gran número de ellos, aunque también en las cercanías de la Mayorelle, en el Guéliz.
Si desea salir por la noche, podrá elegir entre los locales de los grandes hoteles como el lujoso Mammounia o el ambiente juvenil de Le Charleston. También podrá acudir a alguno de los restaurantes que ofrecen un espectáculo de músicas tradicionales. O simplemente, volver a la enigmática plaza Jemaa el-Fna para contemplar los espectáculos de músicas bereberes o los fascinantes cuenta cuentos. Por algo es patrimonio oral de la humanidad…

