Rocío es tan teatral en
sus incuestionables interpretaciones como teatrera en las ovaciones
efe
Rocío Jurado, durante su actuación en el Palau de la Música.
La de Chipiona no se limita a reproducir sus éxitos en escena. Los magnifica
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CRÍTICA DE MÚSICA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 27 DE MAYO DEL 2003
Rocío Jurado, todavía en plenitud vocal
? No llegó a llenar el Palau, pero lo desbordó de emoción y arrebatador poderío
LUIS TROQUEL
BARCELONA
ARTISTA: Rocío Jurado
LOCAL: Palau de la Música
FECHA: 25 de mayo
La incógnita flotaba en el aire. A sus 58 años, después de tan larga ausencia y tantos problemas de garganta, ¿seguiría su voz siendo La más grande? Que nadie lo dude. Rocío Jurado mantiene su plenitud contra viento y marea. Cuando cantaba Como una ola aquello parecía un maremoto. Cuando arrancaba por bamberas temblaban los cimientos del Palau. Era la primera vez que actuaba en el templo catalán de la música clásica y no lo pasó por alto: cantó al Falla más solemne y hasta entonó la Santa Espina.
Al igual que le sucediera a Concha Piquer, la edad ha cambiado el color de su registro vocal pero en nada lo ha desmejorado. Es uno de los escasos parecidos entre estas dos reinas de la copla, porque Rocío personifica el exceso. Y no sólo para lo bueno, como en el matrimonio; con esos aparatosos vestidos, cada vez que abría los brazos parecía que se cerrara el telón. Es capaz de empalmar unos fandangos anti-Antonio David con otros dedicados a Juan Ramón Jiménez. Por no hablar de cuando intentó hacernos creer que también sabe cantar jazz, o de las constantes alusiones a su torero. Tan teatral en sus incuestionables interpretaciones como teatrera en las ovaciones.
Aunque todo eso apenas acaba pesando en la balanza. La de Chipiona no se limita a reproducir sus éxitos en escena. Los magnifica. Se suelta como raramente logra en un estudio de grabación y los sublima con añadidos a cappella. Sin otro compás que el que impone su corazón. Por ello, es incomprensible que siga sin registrar un disco en directo que incluya su mejor creación, la versión de Qué no daría yo por bulerías.
Sólo hizo dos piezas del reciente Yerbabuena y nopal (más pensado para el mercado americano), y predominaron su vena flamenca y el magistral repertorio de Manuel Alejandro. Apenas había copla en el guión, pero tras los bises programados, con la platea en pie y los músicos siguiéndola como podían, rescató Un clavel, Lola la Piconera, Callejuela sin salida y hasta una gloriosa Salve rociera.

