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NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 5 DE JUNIO DEL 2006

Lección magistral

. Schumacher ya sabe por qué Rossi menosprecia la F-1 tras presenciar su victoria más difícil

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
MUGELLO / Enviado especial

Mugello, la casa de Ferrari, el circuito propiedad de la fábrica de Maranello, el trazado donde la scuderia prueba sus ingenios, el horno de la factoría de los sueños, fue el escenario escogido ayer por los reyes de MotoGP para representar su mejor obra, aquella con la que demostraron al mundo entero que, en cuestión de gasolina, en el deporte del motor, en la especialidad donde se quema la goma y se desgastan los trajes de cuero, no hay nada como las motos.

Valentino Rossi, vencedor de la carrera más espectacular de la década, y su grupo de rockeros, jóvenes y viejos, estrellas y teloneros, veteranos y recién llegados, europeos, americanos y australianos, esperaron a que Michael Schumacher, el heptacampeón de F-1, tomase asiento en el muro del teatro de la Toscana para deleitarle con sus derrapadas, adelantamientos, roces, música y cánticos. Por si Schumi tenía alguna duda, ayer conoció, en vivo y en directo, las razones que retienen al doctor en esta particular jungla de asfalto: no hay nada como correr en moto. Ni siquiera la F-1.

UNA VICTORIA MUY COSTOSA
La carrera de Mugello fue vibrante, apasionante, estremecedora de principio a fin. Ese vídeo debería pasarse en las escuelas de pilotaje. Los niños que se inician en este trepidante deporte, en este espectáculo único, y sus padres, deberían visionarlo una y mil veces para conocer qué se va a exigir de ellos, con qué armas van a competir, contra qué gladiadores van a luchar y cómo será la última vuelta de su carrera soñada.

Cuando se apagó el semáforo, una jauría de leones se lanzaron en pos de la inocente gacela. Solo ese león vestido de amarillo, con colmillos de fiera y hambre de elefante, acabaría atrapándola y, una vez cazada, la acarició y se la mostró a sus súbditos. Rossi no quería esta victoria para él. La deseaba para ofrecérsela a su público, para disfrutarla con su club, con esa manada que sufre, desde hace ya un montón de años, la fiebre amarilla.

Pero hasta conseguir esa victoria, Rossi tuvo que sufrir "como nunca". "Esta ha sido, sin duda, la victoria más trabajada y difícil de mi carrera". Y eso que estamos hablando de un heptacampeón que ayer sumó su triunfo número 81. Que no es poco. "He disfrutado como pocas veces en mi vida", reconoció Schumacher, tras las balas de paja de la curva Ducati, donde presenció buena parte de la carrera de MotoGP después de llegar montado en su Harley Davidson V-ROD desde su mansión de Suiza y tras haber sido paseado por su circuito por el popular Randy Mamola, exsubcampeón del mundo de 500cc, como paquete en una Ducati biplaza. "La velocidad es impresionante, superior a la que se experimenta en un F-1".

La carrera fue vibrante de principio a fin. Gibernau, que volvió a sufrir un ataque de mala suerte al desprendérsele la protección de la bota y acabar con el meñique derecho en carne viva; Rossi, que demostró seguir siendo el sumo pontífice; Melandri, que acabó retrasado "porque esta moto cada día corre menos"; Stoner, que voló por los aires como es habitual en él; Hayden, que se mantiene líder del Mundial pese a no haber ganado carrera alguna; Capirossi, que continúa siendo el piloto con más valor de la tierra; y Pedrosa, que decidió correr remolcado en el grupo "para aprender una, 5, 10 o 100 lecciones inolvidables, únicas, reservadas, y pasar la prueba con nota", hicieron las delicias de 89.200 motards. "Todos nos hemos dejado la sangre sobre el asfalto", llegó a proclamar Hayden.

LA HORA DE LA VERDAD
Que Pedrosa no quisiese sufrir herida alguna, consciente de que le quedan aún cientos de batallas en las que participar, no significa que allí, sobre el asfalto, ante los ojos chispeantes de Schumi --que ya sabe por qué Rossi prefiere quedarse en las motos y seguir disfrutando de la pelea--, no se produjese una auténtica batalla.

A la hora de la verdad, y con Pedrosa instalado en el mejor palco de Mugello, Rossi, que se había alejado del liderato durante las últimas ocho vueltas, cediéndoselo a Capirex, el otro gran héroe del domingo ("hemos ganado los dos, él y yo, los dos", dijo Rossi), le hizo un exterior suicida a Hayden en el penúltimo giro y superó por el interior a Capirossi en la última vuelta.

"Ahora puedo decirlo: aún no sé cómo he ganado. Y mejor no saberlo. No podría repetirlo", confesó Rossi, aún a 34 puntos del líder de este apasionante Mundial.