Especial Paradores
Todo el Alto Aragón, en la mesa. Cocina recia y muy bien condimentada es la que se puede degustar en el restaurante del Parador de Bielsa: migas, trucha del Cinca, ternasco asado, guisos de jabalí, teresicas…
Refugio de montaña
Parador de Bielsa. Piedra y madera se funden en este edificio rodeado de agua y prados en el Pirineo Aragonés. El lugar perfecto para respirar a pleno pulmón y olvidarse del mundo.


Cuando en pleno invierno cae la noche, el Parador de Bielsa se convierte en un auténtico refugio de montaña, con todos sus clientes, con una bebida caliente entre las manos, charlando al lado de la chimenea.


Su severo aspecto exterior no hace presagiar la calidez que se consigue nada más cruzar la puerta: el mobiliario en piel, muy moderno, combina a la perfección con suelos, paredes, vigas y columnas forradas en madera, que aportan el sosiego y calor necesarios cuando se ha pasado una jornada entera en la Naturaleza.


Rodeado de un extenso prado y cascadas de agua, justo a los pies del nacimiento del río Cinca, el Parador ofrece, desde algunas de sus habitaciones, la mejor panorámica de tan magnífico enclave, en el valle de la Pineta, en la vertiente oriental del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Muy cerca, la ermita románica de Nuestra Señora de Pineta nos invita a salir de la habitación y descubrir este lugar, base perfecta desde la que realizar excursiones. Un último consejo: disfrutar de la terraza en cualquier época del año.



Entre valles
El rumor del agua al precipitarse ladera abajo acompaña la ruta por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Naturaleza en estado puro.

Basta con remontar el curso del río para alcanzar Bielsa, en la provincia de Huesca, capital del Alto Cinca y cierre oriental del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido por el valle de Pineta. Apenas queda en pie nada del patrimonio arquitectónico de la villa, del que sólo merece la pena destacar el Ayuntamiento, claro ejemplo de renacimiento civil del siglo XVI. El mayor interés de Bielsa radica, sin embargo, en sus alrededores: el mismo valle de Pineta, el valle de Añisclo, las gargantas de Escuaín y el valle de Gistaín.

Son numerosos los caminos que se pueden seguir desde la puerta del Parador por todo el Parque Nacional de Ordesa, que encontramos en todo su esplendor, principalmente, a finales de la primavera o a principios del otoño, cuando el paisaje es más rico y variado. El Monte Perdido es el mayor macizo montañoso calcáreo de Europa Occidental. Y, con sus más de 3.300 metros de altura, la elevación máxima de las Tres Sopores, sobre el curso alto del río Arazas, que se precipita desde las alturas formando en su caída la espectacular cascada de la Cola del Caballo, punto desde el que se pueden seguir numerosas rutas senderistas, como la Ventana de Roland y la Senda de los Cazadores.

Junto a los vecinos valles glaciares del Pirineo francés, el Parque, con una extensión de 15.704 hectáreas, ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

A menos de una hora del Parador de Bielsa se encuentran las estaciones invernales de Piau Engaly y Saint Lary, ya en tierras francesas, perfectamente equipadas para la práctica del esquí y otros deportes de nieve.
Visitar Aínsa, capital de la comarca del Sobrarbe, uno de los enclaves medievales mejor conservados de Europa. Sus dos grandes joyas son la Plaza Mayor, de los siglos XII y XIII–declarada Conjunto Histórico-Artístico–, y la iglesia parroquial de Santa María, desde cuya torre –a 30 metros de altura– se consigue una estupenda panorámica del entorno. No hay que perderse tampoco, en sus inmediaciones, Jánovas, un pueblo abandonado por el que resulta sobrecogedor pasear entre las ruinas de las casas.
En Bielsa, a 14 km. del Parador, abre sus puertas un Museo Etnológico con un archivo histórico fotográfico que recoge aspectos de la vida en estas tierras durante la primera mitad del siglo pasado.

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