Especial Paradores
Dividido en tres plantas, la tercera abuhardillada, el Parador de Cañadas del Teide recuerda a las construcciones típicas canarias, con una balconada en su cuerpo central.
Sobre el volcán

Parador de Cañadas del Teide. Estamos en el punto más alto de Tenerife, sobre un cráter extinguido, con las mejores vistas. Una casa para los amantes de la Naturaleza y las noches estrelladas.


Ignoramos qué es lo que sintió el astronauta Neil Armstrong cuando se alojó una noche en el Parador de Cañadas del Teide. Pero a buen seguro que recordó su famoso paseo por la Luna, ya que el edificio se encuentra situado en el cráter de un volcán extinguido, en la Caldera de Chaorra.

Es todo un lujo dormir aquí: estamos en la única construcción que existe en la Reserva Natural, que se eleva más allá de los 2.200 metros sobre el nivel del mar.

Su interior recrea el ambiente de una acogedora casa de alta montaña, tanto en los espacios comunes como en las habitaciones, decoradas con muebles realizados en madera de cerezo.

Su impresionante panorámica sobre el cono del Teide y la Montaña Blanca no logra eclipsar el que es uno de los atractivos del Parador: su restaurante.

Auténtico sabor isleño entre fogones en una carta en la que no falta el puchero canario, el conejo al salmorejo, mojos y papas arrugadas.


Un paseo por el Teide
El Parque Nacional del Teide está surcado por un sinfín de rutas para realizar a pie. Los Roques y la Montaña Blanca marcan el camino.

Desde la Villa de Arriba, en La Orotava, comienza una de las excursiones más espectaculares de cuantas se pueden realizar en la isla de Tenerife. Basta con seguir la carretera C-821 para entrar de lleno en el Parque Nacional del Teide, ese volcán doble que los guanches creían que era morada de espíritus malignos.

La recomendación más acertada es la de dirigirse al Centro de Visitantes, cerca del Portillo de la Villa, para tener una primera toma de contacto sobre la génesis y evolución del volcán. Hay que abrigarse bien para subir en el teleférico hasta las Rambletas, a 3.555 metros de altitud.

Para acceder desde allí al Teide se necesita una autorización del Parque Nacional que se puede conseguir en las oficinas de Santa Cruz de Tenerife. Una ruta muy aconsejable es la de la Montaña Blanca, un caminito de unos cinco kilómetros que discurre entre depósitos de piedras pómez para pasar después a zonas más complejas y acabar la ascensión entre coladas de lava joven.

Éste es uno de los doce recorridos que componen la Red de Senderos del Parque. ¿El más sencillo? El de los Roques de García, de algo más de tres kilómetros.

Empieza y termina la ruta en el Mirador de la Ruleta, desde donde se contempla una preciosa panorámica del Teide.

Contemplar las estrellas de noche a los pies del pico más alto de España. Hay guías especializados que se dedican a explicar con detalle el maravilloso cielo que cubre el Teide. Cuando la Luna está llena se organizan grupos para escuchar a los cuentacuentos bajo su influjo.
Para cambiar de paisaje no está de más acercarse hasta la playa de El Médano, un pequeño pueblo de pescadores invadido por los amantes del windsurf y otras atrevidas modalidades deportivas. La playa, de arena fina y oscura, está situada a pie de monte y presenta unas condiciones atmosféricas excelentes para navegar con viento a favor y volar sobre las olas.
Visitar el Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, fundado en el siglo XVIII, con más de 4.000 especies vegetales, entre las que se encuentra una importante colección de plantas tropicales. Habitan también en su interior árboles de notable belleza e interés por sus grandes dimensiones, antigüedad, rareza o procedencia de lugares remotos.

Grupo Zeta