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Reflejos en el agua
Parador de Cangas de Onís. Arte, Historia y Naturaleza enmarcan este monasterio, levantado junto al río Sella, en el corazón de Asturias. Como telón de fondo, los Picos de Europa.


Ora et labora. La orden de San Benito encontró morada entre los siglos XII y XVIII en el monasterio de San Pedro de Villanueva de Cangas de Onís, levantado sobre el solar de una antigua iglesia, construida por expreso deseo del rey Alfonso I El Católico en el año 746.

Los restos arqueológicos encontrados durante la transformación del edificio en Parador dan buena fe del lejano pasado del recinto, declarado Monumento Nacional y uno de los ejemplos más importantes del románico en Asturias. El reflejo de su silueta en las aguas del río Sella es uno más de los atractivos del lugar, enmarcado en el paisaje de los Picos de Europa.

Las habitaciones que dan a la zona del monasterio son algo más clásicas que el resto, muy modernas y de tapizados alegres. Desde su claustro barroco, sus galerías y sus zonas comunes –algunas abovedadas– los clientes trazan todas las rutas posibles para descubrir el paisaje asturiano. Un hórreo de más de cien años, típico de la tierra, y piezas de orfebrería completan su rico patrimonio artístico.




Mirando a los lagos
Se llaman Enol y Ercina y forman el paisaje más bucólico del Parque Nacional de los Picos de Europa en su vertiente asturiana.

La primera capital del reino de Asturias es la antesala perfecta para descubrir el Parque Nacional de los Picos de Europa. Cangas de Onís es, por este motivo, una localidad muy animada, sobre todo en torno a sus tiendas de productos gastronómicos y artesanos, y en torno, también, a sus principales monumentos: su puente romano –aunque en realidad es gótico– y el Palacio de Cortés, de la época renacentista. Hecha la visita de rigor se impone comenzar el ascenso al Real Sitio de Covadonga, ya entre las montañas.

La escapada debe iniciarse siempre en la Cueva Santa, en la que descansa eternamente Don Pelayo, que recibió la ayuda de la Virgen –la Santina– antes de obtener la victoria de Covadonga, en los primeros compases de la Reconquista. La cueva se sitúa sobre la laguna que genera la cascada del río Deva, bajo la cual se encuentra la Fuente de los Siete Caños.

El agua es, precisamente, el hilo conductor de una ruta que asciende hacia los famosos lagos asturianos, haciendo una primera parada en el Mirador de la Rei- na, que ofrece la mejor panorámica sobre el valle de Onís. Pasado el collado de Las Veleras, otro hito: el lago Enol, a poco más de 1.000 metros de altitud. A su lado, la Porra del Enol, otro lugar perfecto para admirar el paisaje antes de llegar –a pie– al otro gran lago de origen glaciar: el de la Ercina, situado casi 40 metros por encima. Uno de los entornos más increíbles de la Península.

Asomarse al Mirador del Fitu, entre las poblaciones de Arriondas y Colunga, con magníficas vistas desde la sierra del Sueve hacia Picos de Europa y litoral. Desde el mismo mirador es posible realizar una ruta senderista hasta el Pico Pienzu, con más de 1.100 metros de altitud y a sólo cinco kilómetros de la costa. Es una de las cumbres cercanas al mar más altas del mundo. Visitar, en Colunga, el Museo del Jurásico de Asturias, ubicado en un edificio en forma de icnita (huella), en cuyo interior se recoge una de las muestras más completas y didácticas del mundo sobre los dinosaurios. Hay reproducciones a tamaño real, 8.000 ejemplares de fósiles y documentos absolutamente fascinantes. Poco más de 20 kilómetros separan Arriondas de Ribadesella, recorrido que se puede hacer en piragua en unas cuatro horas. El día 9 de agosto de 2008 es la fecha del tradicional Descenso Internacional del Sella.

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