Especial Paradores
El edificio del Parador goza de una temperatura cuatro grados inferior a la de la ciudad. Esa sensación de bienestar se acentúa en su piscina y en los jardines que lo rodean.
Dentro de un vergel

Parador de Córdoba. Abderramán I soñó su palacio fuera de la ciudad para verla desde allí. En ese lugar se alza hoy un edificio contemporáneo que brinda esas anheladas vistas.


Puede sorprender la silueta moderna del Parador de Córdoba en una ciudad con tanta historia que contar casi en cada rincón. Pero este edificio también la tiene. Está construido en el mismo lugar en el que Abderramán I plantó con sus propias manos una palmera de la que, según la tradición, descienden todas las palmeras de España.

Un motivo bastante convincente para pasear por sus jardines, actividad que se puede alternar con un partido de tenis en la pista con que cuenta el Parador, situado en el barrio residencial del Brillante, a unos tres kilómetros de Córdoba, en lo alto de una colina a los pies de Sierra Morena. De ahí que sus vistas sean uno de sus principales reclamos.

Las habitaciones son elegantes y de decoración vanguardista. Por las mañanas, si el tiempo lo permite, desayuno en la terraza; de noche, cena en el magnífico restaurante, de ambiente árabe y andaluz, donde degustar especialidades como el salmorejo, el gazpacho blanco de almendras y el churrasco en salsa verde. Exquisito.

Ruta de Al Andalus
Entre Córdoba y Granada, entre la Mezquita y la Alhambra, un camino de arte y saber entre dos edificios de los más importantes de España.

El camino que une la capital de la Al Andalus califal, Córdoba, con la capital de la Al Andalus Nazarí, Granada, a través de Jaén, fue uno de los más transitados durante la Edad Media por los mercaderes. Pero fue también la senda del saber, las ciencias y las artes, la hoy conocida como Ruta del Califato, que comenzamos a los pies mismos de la mezquita, la gran joya del arte arábigo andaluz sobre la que los cristianos construyeron, después, la Catedral de Santa María de la Asunción. La Puerta del Perdón da paso al Patio de los Naranjos, lugar destinado a las abluciones, desde el que se accede, una vez cruzada la Puerta de las Palmas, a ese bosque de columnas y arcos mandado construir por Abderramán I.

Córdoba es una ciudad para descubrir rincones evocadores: el callejón de las Flores, los baños árabes de Santa María, la Plaza del Potro, la Judería... A las afueras aguarda Medina Azahara, ejemplo de ciudad andalusí, construida por deseo del califa Abderramán III en el siglo X.

De Jaén nos quedamos con sus Baños Árabes, también conocidos como “los baños de Alí”, de la época califal con remodelación almorávide. Un extraordinario ejemplo de edificaciones civiles musulmanas que en 1984 logró el Premio Europa Nostra de Restauración. Los baños se ubican en el interior del Palacio de los Condes de Villardompardo, compartiendo espacio con el Museo de Artes y Costumbres Populares y el Museo de Arte Näif. Nuestro viaje culmina en Granada y en esa fortaleza roja de nombre Alhambra, el legado más valioso del arte hispano- musulmán y el monumento más visitado de España. Fue construida entre los siglos XII y XIV por los nazaríes como baluarte militar y residencia real. Aunque los leones de su famoso patio estén en proceso de restauración, resultará inolvidable la visita a sus salas –Abencerrajes, Dos Hermanas– y el paseo por los jardines del Generalife, de los que también disfruta un magnífico Parador.

Durante la segunda quincena de mayo tiene lugar en Córdoba el tradicional Festival de Patios, un evento popular y elegante que se celebra desde 1918. El premio va a parar a manos de quien tenga el patio de su casa más bonito y rebosante de flores. Hay claveles, gitanillas... y macetas adornando rejas y balcones, que enriquecen la típica arquitectura andaluza.
Disfrutar como un sultán en los Baños Árabes de Córdoba, un auténtico “hammam” en pleno centro histórico, entre la Mezquita y la Plaza del Potro. Un lugar de ensueño para disfrutar de un baño relajante y de masajes realizados con aceites esenciales.
Córdoba se convierte cada verano, entre los meses de junio y septiembre, en un grandioso escenario. Es cuando tienen lugar sus Noches de Embrujo, que brindan veladas de jazz, flamenco, visitas teatralizadas por calles y plazas, danza, música clásica... Un amplio programa cultural para una ciudad que durante el estío revive en cuanto se oscurece el cielo.

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