Especial Paradores
La decoración del Parador imita la de una construcción típica de las montañas, con mobiliario en madera y piel, que lo hacen acogedor y confortable.
El retiro perfecto

Parador de Fuente Dé. Al abrigo de los Picos de Europa, en su vertiente cántabra, destaca una moderna construcción de piedra y madera. Dentro, el calor envuelve cada conversación.


Cocido lebaniego, solomillo al queso de Treviso, ensalada de gallo de corral, lomos de venado con arándanos... La más contundente y sabrosa gastronomía cántabra se da cita en la carta del restaurante del Parador, especialmente pensada para que los huéspedes puedan reponer fuerzas tras una jornada de paseo y deporte en la Naturaleza.

En las estribaciones mismas de los Picos de Europa y abierto al fértil valle de Liébana se emplaza un modernísimo refugio de montaña, en piedra y madera, que tiene un aliciente añadido: se encuentra junto a la base del teleférico que sube al mirador de Áliva.

Por su situación, su cocina, su entorno y su trato –siempre familiar, muy cercano y personalizado–, el Parador de Fuente Dé es el centro de operaciones perfecto para los amantes del senderismo y apasionados de la bicicleta de montaña. Pero también para aquellos que sólo buscan paz y tranquilidad. Las cristaleras de las habitaciones, los balcones comunes y la terraza ofrecen unas vistas incomparables.


El camino del Santo
Santo Toribio halló en el valle de Liébana el mejor lugar para huir del mundo. Seguimos sus huellas entre templos, ríos y miradores naturales.

Atravesando una sinuosa garganta avanza el río Deva por una ruta que comienza en La Hermida, a algo más de 10 kilómetros de Panes, en tierras cántabras, que da nombre a un desfiladero, un pueblo y un centro termal. A apenas 8 kilómetros encontraremos la desviación que marca el camino a Santa María de Lebeña, iglesia mozárabe del siglo IX, entre viñedos y prados.

Poca distancia hay ya hasta Potes, capital del valle de Liébana, que celebra cada lunes un pintoresco mercado rural en la plaza del Ayuntamiento, ubicado en el torreón gótico del Infantado.

A sólo 2 kilómetros, escondido entre los pliegues orográficos del monte de La Viorna, se halla el lugar que escogieran el monje Toribio, obispo de Palencia, y sus compañeros de la orden benedictina para buscar la paz interior, lejos de todo.

Se trata de un monasterio cisterciense, que guarda con celo el Lignum Crucis, el mayor trozo que se conserva de la cruz en la que murió Jesucristo. Aquí mismo escribió también el monje Beato una parte de la Historia al realizar, en el año 786, los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, que calmaron a la población de la época, que veía cercano el fin del mundo.

Lo que sí que está cerca es el fin de esta ruta, en Fuente Dé, desde donde parte un teleférico que, en sólo tres minutos, recorre 1.400 metros hasta llegar a la estación del Balcón, desde donde se divisa todo el valle de Liébana.

A principios del mes de mayo se celebra en Potes la que está considerada como la procesión más larga de España, en la que se transporta a la Virgen de la Luz –conocida por todos como la Santuca–, patrona de Liébana, desde la ermita de Aniezo hasta el monasterio de Santo Toribio, donde se celebra una romería antes de regresar con la imagen a su santuario. En total son 26 kilómetros (ida y vuelta).
Después de un buen cocido lebaniego hay que tomar, para hacer la digestión, el llamado té de los puertos, un té de roca que sienta mejor mezclado con una correcta dosis de orujo.
Visitar la Cueva del Pindal, ya en Asturias, descubierta en un espectacular entorno de acantilados que caen sobre el mar. Bisontes, caballos, ciervos y hasta un mamut enamorado pueden verse en dos salas decoradas entre el Paleolítico Superior y el periodo magdaleniense, hace unos 18.000 años. Sus autores eran, supuestamente, cazadores que, ya en los últimos siglos, pudieron dedicarse al marisqueo.

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