El descanso bien entendido que ofrece este Parador se completa con la oferta de su restaurante, donde nunca faltan las judías del Barco ni reconfortantes platos de cuchara cuando llega el invierno
Parador de Gredos. Este edificio en piedra, convertido en auténtico balcón sobre el valle del río Tormes, en Ávila, conserva su impronta castellana en cada una de sus estancias.
Aguas cristalinas, rocas y frondosos pinares. Así es el entorno que rodea al Parador de Gredos, construido en Navarredonda, en la provincia de Ávila, y que ostenta la marca de ser el primero de la Red, inaugurado por el rey Alfonso XIII un atardecer del 9 de octubre de 1928, monarca que personalmente eligió el emplazamiento del mismo.
Desde lo Alto del Risquillo en el que se alza –a 1.650 metros– se obtiene una incomparable panorámica del valle del Tormes, el macizo de Gredos y las sierras de Piedrahita y Béjar, motivo por el cual parece más que justificado coger el mapa y comenzar a hacer rutas por los alrededores.
Los recios muros de piedra del Parador esconden un interior en el que destacan las habitaciones, cómodas y confortables.
En el comedor, la biblioteca y los salones impera el clasicismo de la madera que, junto a las columnas de granito y el mobiliario, proporcionan un tradicional estilo castellano. Aquí se reunieron los padres de la Constitución para redactar las líneas fundamentales de la Carta Magna española.
El corazón de Gredos
Desde el valle del Tormes hasta el mismo Circo de Gredos. Muchas posibles rutas para disfrutar de un paisaje único en cualquier estación.
Situado al suroeste de la provincia de Ávila, entre las sierras de Villafranca y Piedrahita y las cumbres de Gredos, el valle del Tormes pasa por ser el más agreste y variado de todos los parajes abulenses.
Robles, pinos silvestres, castaños, alisos y abedules nutren el paisaje –sobrevolado, a veces, por buitres leonados–, por el que campan a sus anchas las cabras montesas, auténtico emblema de Gredos, como lo son también sus pueblos serranos, fundados por ganaderos trashumantes allá por el siglo X, con las típicas ventas y casas de piedra de ventanas pequeñas para aislar el calor en verano y protegerse del frío en invierno. A la entrada de la cercana población de Hoyos del Espino comienza una carretera que penetra, en apenas unos instantes, en el corazón de la Reserva Nacional de Gredos.
Hay que pasar doce kilómetros y cruzar el río Tormes –nace en Prado Tormejón, en Navarredonda– por el Puente del Duque para sentirse parte integrante de un paisaje salpicado de gargantas y riscos que conduce a la llamada Plataforma de Gredos, a 1.770 metros de altitud. Los más atrevidos pueden, desde aquí, emprender una marcha –unas cinco horas y media a pie– hasta el Circo de Gredos. La Laguna Grande, el pico Almanzor (2.592 metros) y cumbres y cuchillares forman una imagen irrepetible, a modo de fortaleza esculpida por los glaciares hace más de 10.000 años.
Visitar el valle del Jerte, situado a poco más de 60 kilómetros del Parador, cuando los cerezos están en flor, algo que ocurre, aproximadamente, en torno a la segunda quincena del mes de marzo. Un espectáculo único.
Acercarse hasta el Puerto del Pico (1.352 m) para ver la calzada romana de tres kilómetros que lo atraviesa, utilizada en sus tiempos para subir hasta aquí el hierro procedente de la actual Arenas de San Pedro. Aunque no fue una de las principales vías de comunicación del Imperio, está muy bien conservada –una de las mejores en España– y tiene una más que interesante pendiente. En el Puerto del Pico coincide con la Cañada Real Leonesa Occidental.





