Especial Paradores
Excelentes platos de corte andaluz conforman el apartado gastronómico del restaurante del Parador, que ofrece perdiz estofada, cabrito asado, sopa de almendras y salmorejo.
Al borde del tajo

Parador de Ronda. Sólo el vértigo puede frenar las ganas de mirar al vacío desde el jardín de este Parador, ubicado en el antiguo Ayuntamiento, en el centro de la ciudad malagueña.

La localidad malagueña de Ronda desafía la ley de la gravedad sobre una enorme pared vertical de rocas. La ciudad asume la división que de ella hace el río Guadalevín, que atraviesa el núcleo urbano formando un espectacular tajo de 120 metros de profundidad. Situada junto al Puente Nuevo, la antigua Casa Consistorial, construida en 1761, acoge hoy entre sus muros un Parador que ha respetado su fachada original e incluso ha logrado mantener arcadas, cornisas y hasta el primitivo reloj.

El interior es una perfecta comunión de estilos clásico y moderno, aderezados con el toque de los diseñadores Pascua Ortega y Javier Muñoz, que han apostado por los colores azules, verdes, amarillos y rojos para componer la tonalidad de sus salas y estancias. Las habitaciones son muy luminosas y acogedoras, en especial las dúplex con terraza.

Gozan todas de inigualables vistas, como las que se consiguen también desde la cafetería, la piscina y el jardín, tras el cual se abre, infinito, el tajo rondeño.

Los pueblos blancos
Los bandoleros ya no pueblan la serranía de Ronda, pacífica morada de pueblos blancos con aire morisco y hermosos espacios naturales.

Sólo hay que echar un vistazo a los alrededores de Ronda para observar que está rodeada de olivares. De ellos se obtiene un aceite de oliva puro, de baja acidez, con ligeras tonalidades verdosas y de gran fragancia. Este líquido dorado es el tesoro más preciado de la serranía rondeña, una región montañosa de perfil accidentado, en su momento refugio de famosos bandoleros, con colinas donde pastan los rebaños y formaciones calizas sobre las que vuelan las águilas.

Al Este y al Oeste de la ciudad nos encontramos con los parques naturales de Sierra de las Nieves y Grazalema, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, donde las posibilidades de senderismo son infinitas, casi tanto como su número de cuevas, como la del Gato, en la que un río subterráneo recorre cinco kilómetros desde la Sima del Hundidero hasta su salida justo en el río Guadiaro.

Pero si algo llama la atención de los alrededores de Ronda son los pueblos blancos que se enmarcan en las laderas de las montañas que acogen al río Genal.

Uno de ellos es Gaucín, con calles de trazado morisco que se adaptan a la colina que lo asienta. Su oferta culinaria es semejante a la de los pueblos de la comarca: productos derivados del cerdo, alfajores, rosquillos de almendras y suspiros. La ruta de los pueblos blancos llegaría hasta Cádiz, pasando por Zahara de la Sierra, Grazalema, Benaoján, Ubrique, Bornos, Espera y Arcos de la Frontera.

Dentro del programa de las Fiestas de Pedro Romero –torero malagueño–, que se celebran a principios del mes de septiembre, aparece siempre en lugar destacado la tradicional Corrida Goyesca, que tiene lugar en la Plaza de Toros de Ronda, una de las más antiguas del mundo.
Visitar la Cueva de la Pileta, a sólo 14 kilómetros de Ronda, en Benaoján, descubierta en 1905 y declarada Monumento Nacional. Contiene un importante conjunto de pinturas rupestres de cabras, caballos, ciervos… Entre ellas destacan la yegua preñada y el pez. Los restos que se conservan del Paleolítico denotan ya la presencia de grupos diferenciados de cazadores y recolectores.
Un paseo en piragua por el río Guadalete, en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, para observar el impresionante paisaje de contrastados relieves, donde habitan numerosas especies de animales y aves, entre ellas buitres y otras rapaces.

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