Totalmente renovado por el diseñador Pascua Ortega, el edificio gana encanto con sus baños, piscinas y saunas, termas y zonas de estética y relax donde seguir diversos programas de belleza y antiestrés.
Parador de Vielha. En la capital del valle de Arán, situada en la confluencia de los ríos Nere y Garona, se abre el balcón desde el que contemplar las mejores vistas del Pirineo catalán.
Si de algo puede presumir tranquilo el Parador de Vielha, en la provincia de Lleida, es de las inmejorables panorámicas que se obtienen del valle de Arán casi desde cualquier rincón. Su restaurante, acristalado y circular, desafía al vacío; y su jacuzzi exterior, al frío invernal: qué duda cabe que contemplar la montaña nevada sumergido en una bañera de hidromasaje con burbujas es todo un placer.
El Parador se alza en una zona de inigualable belleza, donde se suceden paisajes verdes y blancos, según la fecha del calendario, pero presididos siempre por la radiante luz del Pirineo catalán. Muchas de las habitaciones –de decoración sencilla y moderna, tras su última remodelación– tienen terraza que da al jardín o a la misma inmensidad del valle.
Después de una jornada de esquí en las pistas de la estación de Baqueira-Beret se impone entonar el cuerpo con la tradicional y contundente olla aranesa. Otras delicatessen con menos calorías son el civet de jabalí y los pescajus con crema.
Un valle de ensueño
Una estación de esquí, pueblos con encanto, arte en las iglesias y alta gastronomía. El valle de Arán es el más animado del Pirineo catalán.
El buen ambiente del que siempre goza Vielha se prolonga en Baqueira-Beret, el pueblo con la estación de esquí preferida por la jet-set. Desde aquí se puede acceder o bien al puerto de la Bonaigua (2.072 metros), en el Alto Arán, o seguir por el camino del Pla de Verte, donde se encuentra la fuente de la Noguereta, o, lo que es lo mismo, el nacimiento del Noguera Pallaresa. El santuario renacentista de Montgarri puede ser la siguiente parada antes de continuar hacia Tredós y Salardú –con sus típicas casonas pirenaicas–, Unha –repleto de vinotecas y restaurantes– y Baguergue, el punto más alto de la zona.
Cerca de Vielha también merece la pena visitar Casau, Gausac y Artíes, con casas curiosas como la de Paulet, del siglo XVI, o la de don Gaspar de Portolá, hoy reconvertida en Parador. En el Medio Arán, Escunhau y Garos cuentan con la mejor oferta gastronómica. Contemplar las particularidades y la vida cotidiana de cada uno de los valles puede ser una actividad entretenida para pasar el tiempo hasta alcanzar el Parque Nacional de Aigüestortes y el Estany de Sant Maurici, el lago más visitado del Pirineo catalán.
El parque es el único espacio verde que en Cataluña ostenta esta categoría. En él, el agua es el principal protagonista, ya que acoge más de 200 lagos y numerosos ríos, barrancos, cascadas y marjales, formando uno de los paisajes más atractivos de la cadena pirenaica.
En Vielha se puede visitar el Musèo Etnográfi co dera Val d’Aran, en la torre del General Martinhon, una casa señorial del siglo XVII. En su interior se recrea la historia del valle desde la Prehistoria, con piezas de valor, como el Cristo de Casarilh –talla románica del siglo XII– y el Cristo de Escunhau, del siglo XIII.
En el Baix Aran, el pueblo de Bossòst despunta con uno de los mejores templos románicos del valle. Antes de llegar, un desvío anuncia el puerto de Portilhon y, con él, Francia. Atravesar la carretera entre hayas y abetos es toda una experiencia.





