lunes, 01 de septiembre de 2008 3:28
Javier Figueiredo
..."como no podía ser de otra manera".
No sé quién fue el primero en usarla pero es una expresión que se ha
extendido por todas partes y es difícil encontrar una declaración pública que no
contenga la frasecita “como no podía ser de otra manera”. En ocasiones es una
soberana perogrullada y el buen gusto debería hacernos restringir su uso, porque
si vas a hablar de un accidente aéreo lo lógico es dar el pésame en primer lugar
para no ser maleducado, y si recibes a los medallistas olímpicos hay que empezar
por las felicitaciones. Es una frase de peso, una sentencia rotunda, de las que
aportan un fuerte grado de credibilidad al que la pronuncia y que parece añadir
un respaldo casi científico. De ahí mi preocupación por la proliferación de la
frase en contextos en los que las cosas sí que podrían -e incluso deberían- ser
de otra manera. Así podemos ver a munícipes que arrancan árboles centenarios
para ensanchar una avenida o responsables políticos decretando que los libros de
texto serán gratis para todo el mundo, como si fueran las únicas opciones
posibles. El gran peligro de la frase radica en su incitación a la pereza
mental. De nada nos vale proclamar que hay que pensar, inventar, imaginar,
descubrir, investigar, desarrollar y hasta fabricar nuevas ideas, si cada dos
por tres hacemos afirmaciones categóricas y las refrendamos con esa coletilla de
“como no podía ser de otra manera”. Los grandes avances de la
humanidad y las pequeñas genialidades han partido de quienes han cuestionado la
tradición y las verdades absolutas. Por eso es necesario que, a pesar de la
tendencia, pensemos en que las cosas sí podrían ser de otra manera.