Hoy ha sido inaugurada por el Presidente extremeño junto a otras autoridades extremeñas, españolas y lusas, la oficina de Extremadura en la capital portuguesa, Lisboa. Una iniciativa sin duda interesante y oportuna, para apoyar a los extremeños y extremeñas que quieran abrirse camino empresarial y profesional en el país vecino, y una referencia importantísima para fortalecer esas relaciones a las que en alguna ocasión me he referido, y que tienen una vital importancia para nuestra región e incluso para el conjunto del estado español.
 
Como sabéis desde la propia Junta de Extremadura, y por convicción de los gobiernos socialistas que han sido designados para gobernar, desde hace años se viene trabajando en esta idea que pretende estrechar lazos de colaboración con el país vecino, a través de varias iniciativas y con un claro objetivo: fortalecer las relaciones bilaterales y fomentar el nacimiento de nuevas oportunidades de desarrollo económico, social y cultural.
 
Ya lo decía también mi amigo Luis Fernando, profesor de la UEX, en su artículo "El futuro eje Lisboa-Madrid", y en otros similares. Portugal y España se necesitan, y en esa espacial relación de complicidad Extremadura es justo el puente entre Madrid y Lisboa, algo que sin duda redundará en un claro beneficio para esta tierra y para sus gentes.
 

Tras el escándalo producido por los más que dudosos resultados en las elecciones presidenciales celebradas en Irán la semana pasada, el pueblo se ha echado a la calle y una oleada de protestas y de enfrentamientos entre los partidarios de Mir Musavi (el aspirante) y los de Ahmadineyad (el que continúa) ha generado ya varios muertos, tal y como estos días podemos leer en todos los medios de comunicación con ámbito internacional. Las protestas iniciadas en Teherán parecen estar extendiéndose a otras ciudades lo que da idea de la tensión del conflicto y de la gravedad de la presunta manipulación electoral. Eso ha hecho intervenir al ayatolá Ali Jameneí pidiendo al gobierno que acceda a la revisión del proceso e incluso a la repetición de los comicios ante la sospecha de fraude.
 
Las primeras acciones de represión también están salpicando a los medios informativos y a los blogueros, estos últimos verdaderos testimonios de lo que allí sucede, junto a un buen número de ciudadanos que utilizan ya las redes sociales para informar al mundo de la gravedad de los acontecimientos, pues según parece que la dimensión que parece tener el conflicto es bastante mayor de lo que pretenden contarnos.
 
Todo parece indicar que la revuelta, denominada ya revolución verde, puede acabar con más víctimas y con una nueva revolución en el país, donde los blogueros vuelven a ser determinantes, como nos cuenta César Calderón en su blog y nos informa de algunos enlaces sociales sobre los que podemos encontrar información:
Sería un momento ideal también para que algunos líderes mundiales, llamados a cambiar muchas cosas, pudieran mediar y evitar con ello más muertes innecesarias.
De nada nos sirven los derechos reconocidos en artículo 4º de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, cuando no existe una relación contractual entre empleado y empleador. Muchos intuimos que esta práctica ilícita y fraudulenta forma parte de la cotidianeidad, y del día a día de un buen número de empresas de todos los sectores y en cualquier rincón de nuestro país. El caso del inmigrante boliviano Franns Rilles ha sido sin duda un exponente más de esta fórmula de explotación laboral que si bien no está normalizada (porque obviamente todo lo que no está fuera de ley no debe tener dicha consideración), al menos si se encuadra en una situación más o menos frecuente, que contribuye de manera notable al incremento de las listas del paro.
 
Muchos hemos sido cómplices de esta irregular fórmula de trabajo. Yo mismo, alguna vez trabajé sin contrato en el sector de la hostelería e imagino que muchas personas lo han hecho, sin tener en cuenta la importancia que tiene estar como se dice popularmente “en regla” y las repercusiones que el hecho de no estarlo acarrea, como se ha puesto de manifiesto en el caso de la panadería de Valencia, que además nos muestra la cara más triste de la inmigración ilegal y de la vulneración de algunos de los más elementales derechos humanos.
 
La solución de este tipo de situaciones no es nada fácil. Parece que la presión y persecución del fraude por parte de la autoridad laboral es un camino adecuado, pero con demasiadas fisuras y dudas sobre su aplicación. Más bien se trata de un problema de concienciación social y de compromiso, específicamente de quienes sufren de manera directa la explotación. Algo complejo que necesita de mucha osadía y de un apoyo desinteresado por parte de los sindicatos y colectivos afines a los trabajadores. Es realmente vergonzoso que se le pueda dejar tirado a nadie con un brazo amputado a la puerta del hospital y que se sigan aprovechando las debilidades y desesperaciones de muchas personas para enriquecerse a su costa.
La crisis financiera y económica parece haber afectado también a la campaña de las elecciones europeas, la cual ha sido algo diferente a otras, dando la impresión de estar inmersa en una rutina de obligado trámite. Estamos asistiendo posiblemente a una de las campañas electorales más descafeinadas de los últimos tiempos, porque parece que Europa siga estando en un segundo plano político, cuando en la realidad son muchas las repercusiones que los resultados del próximo domingo pueden tener sobre cualquier región española, entre ellas Extremadura. Digo esto porque es la sensación que existe en la calle, entre los ciudadanos de a pie que siguen sin vislumbrar un futuro europeísta nítido. A ello sin duda también contribuyen las manifestaciones e intervenciones en mítines, actos de campaña y debates televisivos, en los que siempre acaban saliendo los reproches, los recordatorios, la confrontación dialéctica y poco -o al menos no con la suficiente enjundia- se nos habla de medidas y acciones concretas, las cuales suelen contemplarse en otros documentos programáticos que francamente poca gente se lee.
 
En cualquier caso y a pesar de que no parece haber sido una campaña de profundos debates ideológicos -al menos es mi opinión- he de confesar que analizando todo lo acontecido parece que sobre la mesa -un año después- se plantea de nuevo la partida Zapatero-Rajoy, y el examen electoral del próximo domingo evaluará en gran medida el juego de ambos. Obviamente esto tendrá una repercusión directa sobre la política nacional, sobre cuestiones de liderazgo y consolidación de unas ideologías u otras. Pero eso no significa que se pierda el horizonte europeo y el interés, pues las políticas que se apliquen en el territorio de la unión nos afectan y mucho, como conocen muy bien algunos sectores económicos, entre ellos el agrario. De ahí la importancia de ejercer de nuevo el derecho al voto, y de plasmar en las urnas nuestra valoración sobre lo que significa la construcción de Europa.
 
En política vale casi todo con tal de derrumbar al adversario. Si además estamos en campaña electoral, todo se magnifica, aunque resulta obvio que algunas difamaciones lanzadas en plena euforia mitinera se caen por su propio peso e incluso provocan el efecto contrario, por eso de la coherencia política y de predicar con el ejemplo. Esta semana el principal partido de la oposición del gobierno de España ha pretendido con el asunto del avión sacar tajada política y de paso polemizar acerca del uso de medios de transporte por altos cargos. La cuestión –a mi modo de ver- no es que se usen o no se usen, que al fin y al cabo es un tema que puede regularse convenientemente mediante algún tipo de normativa parlamentaria.
 
En mi opinión lo más sorprendente es que se ponga sobre la mesa este asunto que según parece resulta ser un denominador común entre los diferentes gobiernos, de cualquier signo. Es decir, con carácter general los altos cargos de cualquier gobierno utilizan los medios públicos a su disposición, fundamentalmente por cuestiones de seguridad y porque es algo que, nos guste o no nos guste, va con el cargo. No se puede entender, que un presidente de un gobierno lo sea de ocho a tres, sino más bien las veinticuatro horas, sin diferenciar entre su vida pública o su vida privada, pues independientemente de la actividad que realice, siempre tiene que llevar escoltas e imagino que en ocasiones no será nada agradable.
 
Llama poderosamente la atención que desde el principal partido de la oposición se ponga en evidencia este tipo de acciones, normales y necesarias, cuando uno de sus dirigentes sufrió en carnes propias un atentado terrorista del cual salió precisamente ileso, entre otras cosas por el coche oficial, sin que nadie le preguntase si iba o venía de su despacho en la Moncloa o por el contrario iba a hacer la compra o a la peluquería. Seamos un poco más serios y dediquémonos a hablar de las soluciones a los problemas de los ciudadanos y dejémonos de tantas milongas.
El debate sobre el estado de la nación que esta semana ha centrado la actualidad política ha generado múltiples reflexiones paralelas y un sinfín de reacciones en todos los ámbitos posibles, provocadas por ese paquete de once medidas anticrisis que el presidente del gobierno de España ha anunciado. De todas ellas, hay una que no puede pasar desapercibida para quienes venimos defendiendo de manera reiterada el uso de las nuevas tecnologías y el software libre, y menos para una región como Extremadura, pionera en la aplicación de las nuevas tecnologías en el aula. Me refiero al proyecto de escuela 2.0.
 
La dotación de aulas con pizarras digitales y la entrega de un ordenador portátil a cada alumno es sin duda una medida innovadora, pero no deja de ser un proyecto piloto –por cierto, iniciado ya en nuestra región- que necesita de algún tiempo de rodaje que permita evaluar sus efectos y sobre todo, su influencia sobre el aprendizaje y el éxito escolar. Parece lógico pensar que al tratarse de una medida que se sufragará con recursos públicos y que se aplicará en época de crisis, deberá tener muy en cuenta la relación coste-beneficio. En este sentido, es importante recordar las palabras que el gurú del software libre, Richard Stallman, ha pronunciado estos días en referencia al proyecto anunciado, afirmando que ofrecer ordenadores portátiles a los pequeños con el sistema operativo de Microsoft supone “vender el futuro del país” a esta multinacional.
 
Imagino que al estar las competencias educativas transferidas a las comunidades autónomas serán estas las que tomen esa decisión, pero resulta obvio que si existen sistemas y programas de código abierto, de coste cero, parece viable usarlos y ponerlos al servicio de los más pequeños. En este contexto, el papel de Extremadura y del Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación basadas en fuentes abiertas (CENATIC) ubicado en Almendralejo, ha de ser determinante en todo el proceso.
Foto:www.wikimedia.org
 
La mayoría de los trabajadores y trabajadoras de hoy día, gozamos de unos derechos conquistados a lo largo de la historia, como son el disfrutar de una jornada laboral concreta, vacaciones, fines de semana libres, derechos sociales, etcétera. Fue hace 113 años, cuando en los acontecimientos surgidos en Chicago, conocidos como la revuelta de Haymarket, acaedidos el 4 de mayo de 1886, comenzó a forjarse la celebración del Primero de Mayo. Aquel día sucedieron unos hechos que acabaron condenando a ocho obreros anarquistas socialistas, se dice que de manera manipulada y malintencionada. Aquellos obreros convertidos por la historia en "Los Mártires de Chicago" provocaron que en el Congreso Obrero Socialista de París en el año 1889, se acordase celebrar el Primero de Mayo como la fiesta o Día Internacional de los trabajadores, extendido a la práctica totalidad de los países, exceptuando Reino Unido, Estados Unidos y el principado de Andorra.
 
Desgraciadamente la crisis económica que azota a todos los países del mundo, está provocando una serie de efectos negativos, sobre todo en los más débiles y a personas con escasa cualificación profesional, casi siempre los primeros en ser despedidos de las empresas. Todo se complica especialmente en coyunturas como la que vivimos en la actualidad. Sin embargo, el clamor y el espíritu de Chicago es fundamental para que desde las organizaciones sindicales se ejerzan cuantas medidas y acciones sean necesarias para no perder el horizonte del estado de bienestar y de derechos sociales que tanto han costado conquistar .
 
Por eso, cuando hace algunos días leía las recetas que el que fuera presidente del gobierno, José María Aznar, nos daba para salir de la crisis me eché a temblar, porque ese tipo de opiniones y de manera de hacer política fue la que provocó la famosa huelga general del 20 de junio de 2002 (Si no recuerdo mal) y la que nos sitúa en cierto modo en aquellos años a los que me refería al comienzo. Si preguntásemos a los trabajadores y trabajadoras, quiénes estarían dispuestos a volver a atrás, me temo que la mayoría no, como así se demostró en aquella gran huelga, la última que se ha realizado en este país, ante las propuestas de un gobierno anclado en la ideología conservadora que buena parte de la sociedad no comparte. Es verdad que los ciudadanos y ciudadanas exigimos a los sindicatos una mayor presión y preocupación por los problemas que en estos momentos tenemos, e incluso hemos abogado por una mayor confrontación. Sin embargo, pensándolo con más aplomo pienso que es más eficaz el diálogo social y la negociación, máxime cuando el gobierno es receptivo y abierto al mantenimiento de una política cercana a empresarios y sindicatos.
 
Tal y como se está haciendo con algún éxito en Madrid y por supuesto en Mérida.
 
Por tanto, mis reivindicaciones personales para este primero de mayo son:
- Atención a los trabajadores y trabajadores que mayor grado de desprotección tienen a raiz de la crisis económica.
- Mantener las políticas activas de empleo, mediante el impulso de planes específicos para sectores en riesgo, con acciones de formación e inserción dirigidas.
- Apostar por el diálogo social como herramienta permanente de consenso y articulación de medidas.
- Descartar medidas retrógradas que han demostrado un fracaso y una absoluta vulneración de aquellos derechos adquiridos en el último siglo.
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