Con la excusa de que últimamente mi salud es un cenagal, paso los días entregado en cuerpo y alma a la sana tarea de hacer el vago. O debería decir, imitando el lenguaje eufemístico del maestro Héctor Garrido, que estoy inmerso en la vida contemplativa. El caso es que ando como un zombi, trastabillando torpemente sobre los muelles oxidados de este fatigoso mes de junio, junio tórrido y atrevido que se ha colado en el calendario Pirelli 2006 para acariciar la belleza de la modelo Guinevere Van Seenus, a quien no tengo el gusto de conocer vestida.

Y en esas estoy, como hizo el escritor Juan Carlos Onetti en el crepúsculo de su existencia: levantándome de una cama para acostarme en otra sin más compañía que la del hastío. Nada de libros, ejercicio o pensamientos profundos. Sólo molicie y la tópica certeza de que no somos nadie. Yo, al menos. He perdido incluso la costumbre de tomar café donde mi amigo Bubi, filósofo vocacional que trabaja de camarero en la cafetería del tanatorio. Una pena, porque el tanatorio siempre ha sido el lugar perfecto donde conseguir material literario para mis textamentos; pero, tal como están las cosas, me veo interrumpiendo la charla con Bubi para ver pasar mi propio cadáver delante de nuestras narices.

Algún día le declararé la guerra a la pereza, que es una adicción como otra cualquiera. Pero no será en este mes; estoy tan cansado que por el momento prefiero preservar las pocas energías que me quedan para celebrar los goles de los chicos de Luis Aragonés, que han viajado hasta Alemania para despertar a nuestro sonámbulo país cuando ya creíamos que todo estaba soñado.

Francisco Rodríguez Criado

 (Este textamento fue publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 21 de junio de 2006).

 

Imagen: Guinevere Van Seenus posando para el mes de abril el calendario Pirelli 2006.