sábado, 15 de noviembre de 2008 15:16
Francisco Rodríguez
El profeta de América

A Estados Unidos le ha llegado la hora de hacer el amor y no la guerra, y Barack Obama es su profeta. Quién hubiera dicho que iba a ser un negro, un hombre de color, un afroamericano –a escoger el grado de corrección política– el elegido para lavarle la cara al país más poderoso del mundo, ese país que hace no tanto le negaba a los suyos las condiciones más básicas de la dignidad humana. Aquellos racistas que en 1955 encarcelaron a Rosa Parks por el delito de no levantarse del asiento que había ocupado en un autobús público –en un lugar entonces destinado exclusivamente a los blancos–, ahora tendrán que soportar, ellos o sus descendientes ideológicos, que Obama haga suyo el asiento del Despacho Oval. Justicia poética. Al igual que la cocacola, Obama es un producto americano con una fórmula mágica que gusta a casi todos. Prueba de ello es que le han votado las mayorías y las minorías, los jóvenes y los viejos, los de izquierda y los de derecha, los hispanos y por supuesto los que como él, en palabras del impertinente Berlusconi, están bronceados. Pero Obama no es un hombre. O mejor dicho: es mucho más que un hombre. Obama es un experimento, un símbolo. Obama es el rey Baltasar con el encargo de colarse por la chimenea de América y cambiarles a los niños malos el carbón por maravillosos juguetes recién traídos de palacios de Oriente. George Bush ha manifestado que Estados Unidos está orgulloso de tener un presidente negro, y lo ha hecho después de que las urnas nos hayan chivado que el país no estaba orgulloso de tener un presidente blanco. Obama es el profeta de América en tiempos revueltos.
Francisco Rodríguez Criado
>(Este textamento fue publicado en la portada de El Periódico Extremadura el miércoles 12 de noviembre de 2008).