He sentido nostalgia al ver, demasiados años después, Karate Kid, una película que ha resistido la erosión del paso del tiempo sin perder la frescura que hizo de ella un éxito de taquilla en los 80. Al igual que aquel aspirante a karateca, yo era joven y delgado y anhelaba aprender trucos con los que golpear al destino que me había tocado en suerte. Pero, a diferencia de este chico, no tuve un maestro nipón que me diera sabias lecciones. Hube pues que abrirme paso casi a oscuras, pobremente iluminado por las luciérnagas de la frustración.

El cine miente, siempre miente. Por eso vamos al cine: para ser mentidos; y Karate Kid lo hacía –y hace– muy bien. Los adolescentes de los 80, como los adolescentes de todas las décadas, vimos en esa historia de chico-pobre-que-hace-sus-sueños-realidad un espejo en el que reflejar nuestros propios sueños. No sabíamos, o no queríamos saber, que una película está construida sobre andamios narrativos que requieren dinero, tiempo, esfuerzo y una puesta en escena que a su vez precisa la interpretación de actores orquestados por la batuta de un director. Los jóvenes no disponíamos de tantas oportunidades, y antes o después aprendíamos que mientras las vidas de nuestros actores preferidos llenaban salas de cine enteras, la nuestra no podría llenar ni el ropero.

He visto Karate Kid con nostalgia, con los ojos del joven ingenuo que un día fui, lleno de ilusiones vanas, cuando me esforzaba en dar cera, pulir cera sin posibilidad de victoria porque yo mismo era mi peor enemigo. Ahora me reconforta saber, como recordaba el maestro nipón, que ganar o perder no importa.

Francisco Rodríguez Criado

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 1 de septiembre de 2010).    

El pasado viernes, mientras tomaba un refresco en una atestada terraza del norte de Portugal, me quedé gratamente sorprendido del silencio ambiental, y eso que uno de los restaurantes de la plazoleta donde me encontraba tenía instalada una pantalla gigante –en plena calle– en la que se retransmitía un partido de fútbol. Tanta tranquilidad me parece inconcebible en un país como España, que se ha ganado a pulso la fama de ser uno de los más ruidosos del mundo. Aquí matamos el silencio a cañonazos. Si se pudiera exportar el ruido, saldríamos pronto de la crisis.

No conozco el carácter portugués más allá de los tópicos; no me atrevería pues a concluir si su rechazo de los excesos acústicos se debe a sanas costumbres impuestas por una sociedad civilizada o si se debe a algo más profundo: su famosa saudade. En cualquier caso, yo desearía algo de esas sanas costumbres o de esa nostalgia para un país como este, tan opuesto al espíritu del fado.

Los portugueses son tristones, qué le van a hacer, pero la tristeza tiene sus ventajas. Una de ellas es que a los tristes no les sobran energías para tocar la pandereta o aporrear el tambor: reservan esas pocas energías para embeberse de sueños nostálgicos. Los portugueses, me parece, dormitan siempre, incluso cuando están dormidos, mientras que los españoles, zombies de la noche, están eternamente despiertos.

Algunos ayuntamientos españoles se empeñan en regular los niveles de contaminación acústica de sus poblaciones. Loable pero ineficaz tarea la suya: por algo Spain is diferent. Por suerte, a los amantes de la paz y la tranquilidad siempre les quedará Portugal.

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 25 de agosto de 2010).   

 

La prensa nos ofrece cada día un rosario de muertes estúpidas, muchas de ellas –por así decirlo– intencionadas. Para algunas personas vivir no es estímulo suficiente: tienen que vivir al límite, y cuanto más al límite viven, mejor mueren. Hace poco nos enteramos del fallecimiento de un hombre en el Campeonato Mundial de Sauna en Finlandia, una competición de dudoso interés que no premia otra cosa sino la temeridad de quienes osan recocerse al baño maría.  La última moda en España viene marcada con denominación spanglish, el balconing, que está haciendo furor a tener en cuenta el número de víctimas que aportan su granito de arena en el desierto de la estupidez humana. Este deporte se practica en algunos hoteles por jóvenes –y no tan jóvenes– que piensan –es un decir– que España es el lugar perfecto donde dejarse la crisma, el hígado y las vísceras. El balconing consiste en lanzarse desde un balcón a la piscina del hotel o bien a otro balcón. No sabemos si por los excesos de alcohol o si por la falta de perspectiva de los constructores, que alinean los balcones y las piscinas con los renglones torcidos de Dios, ya han muerto en el último fin de semana –en menos de doce horas– tres jóvenes extranjeros para quienes el encanto de la cultura española se reduce a una terraza de habitación de hotel con vistas a la muerte.

Imagino lo duro que debe de ser para los padres de estos jóvenes cadáveres convivir con el recuerdo de esos hijos que, ebrios de nuevas emociones, pusieron fin a su vida cual Ícaros en vuelo mortal en un intento de alimentar al moderno minotauro de la autodestrucción. 

Francisco Rodríguez Criado (www.narrativabreve.com)

 

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 18 de agosto de 2010).   

Imagine el lector que acude ilusionado con un grupo de amigos a un restaurante del que tiene muy buenas referencias y que tras abonar la cena –espléndida, todo hay que decirlo– es interceptado y cacheado por los porteros ante la posibilidad de que se haya metido en el bolsillo la carta de postres, un tenedor o el cenicero. Surrealista, ¿verdad? Pues eso es lo que pasó hace unos días en la actuación que la cantante y pianista Diana Krall dio en Santiago con motivo del Xacobeo. Por expreso deseo de la artista canadiense, al final de la actuación fueron retenidas algunas personas del público, que se vieron obligadas a borrar fotografías tomadas con sus teléfonos móviles durante el concierto. El malestar, claro, fue mayúsculo.

A la Krall se le olvida que si se permite el lujo de comportarse como una diva es solo gracias al público que paga las entradas de sus conciertos (y de paso el sueldo de los porteros que al final te van a tratar como a un delincuente).

Siempre hay gente para defender lo indefendible, y este caso no iba a ser la excepción. Al hilo de esta nota de prensa, he leído algunos comentarios de quienes alegan que esas eran las normas del concierto, y que los pesarosos por el trato recibido que no hubieran asistido a él. Ese es precisamente mi sistema desde hace años: no pagar la entrada de conciertos donde me niegan el capricho de captar un inocente recuerdo fotográfico.

Me encanta la música de Diana Krall, tanto que de vez en cuando suelo regalar alguno de sus discos. Pero, por lo que a mí respecta, eso se acabó. Es una pena que La Reina del Jazz confunda admiradores con vasallos.

 

 

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 4 de agosto de 2010). 

La victoria de la selección española en el Mundial de Sudáfrica debe ser considerada un mero accidente, no la consecuencia del espíritu ganador de un país. En asuntos de mayor relevancia, seguimos cotizando a la baja. El decepcionante debate sobre el estado de la nación, celebrado hace unos días, ha vuelto a potenciar la idea de que los logros de deportistas españoles son inversamente proporcionales a los fracasos de nuestros dirigentes. Deportistas como Casillas, Villa e Iniesta, Rafa Nadal, Contador o Pedrosa suben su cotización mientras políticos como Zapatero, Bono, Matas o Camps se devalúan paulatinamente.

El ciudadano español se mira en el espejo del deporte mientras condena al suspenso –así lo dicen todas las encuestas– a la clase política. En 2012 tenemos dos pruebas de fuego: las elecciones generales y la celebración de la próxima edición de la Eurocopa. La cruda realidad por un lado y la evasión por otro. Se ve que la Naturaleza es sabia y nos ha concedido una generación de deportistas de primera que compense los desbarajustes de una casta política que se dispersa entre la corrupción, el tráfico de influencias, los nacionalismos excluyentes y la improvisación.

Mi amigo Bubi celebra con desmedida pasión la victoria de la selección española en los Mundiales. Su ingenuidad le hace olvidar que un grupo de futbolistas se va a embuchar cien millones de las antiguas pesetas por ganar seis partidos de fútbol (algunos de ellos sin pisar el césped) mientras él, mi triste amigo, sigue buscando un empleo con el que llegar a fin de mes. Tiene razón el adagio: quien no es feliz es porque no quiere.

 

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 21 de julio de 2010). 

Se acabó el Mundial de Sudáfrica y se acabaron los textamentos con esta temática. Dejo los links de esos textamentos por si alguien quiere leerlos en el orden en que fueron escritos y publicados.

Euforia colectiva: 16 de junio de 210

El gafe, la guapa y la roja: 23 de junio de 2010

Napoleón en Sudáfrica: 30 de junio de 2010

Apuntes sobre Sudáfrica: 7 de julio de 2010

Goodbye, Sudáfrica: 14 de julio de 2010

1. Todos saben que no hay que disparar al pianista ni besar a la periodista. Todos menos Iker Casillas. Nuestro aguerrido portero no pudo contener la emoción una vez terminado el partido contra Holanda. Las preguntas eran sencillas, pero Casillas ya no tenía nada que susurrarle al micrófono: lo había dicho todo en el campo. Venía hueco de palabras y le salió un beso, el beso del príncipe cansado a la bella durmiente. Pero no era la guapa a quien había que despertar, sino a un país tan futbolero como España, que lleva a sus espaldas el drama de tantos años de fracasos en los mundiales de fútbol. 2. Paco González no se cansaba de decir después del partido lo mucho que une el fútbol, y ponía como ejemplo las imágenes de las efusivas concentraciones de aficionados repartidos por todo el país. Yo pensé que no es nada difícil estar unidos para celebrar una victoria; lo difícil es estar unido en la adversidad. Los términos España y unión me resultan antagónicos, y la Historia me da la razón. 3. El éxito de la selección española lleva el nombre propio de Vicente del Bosque. Lejos queda la infamia de su injustificado despido como entrenador del Real Madrid el mismo día en que ganó la Liga. La arrogancia de Florentino Pérez ha sido derrotada por la humildad de este hombre tranquilo a quien nunca le tiembla el bigote. 4. Que España gane un Mundial de fútbol debería enseñarnos que no hay nada imposible, pero mucho me temo que esta victoria no nos va reportar grandes lecciones de superación sino un cómodo y absurdo culto a la personalidad. En la religión del fútbol se rinde culto al ruido. Goodbay, Sudáfrica.    Francisco Rodríguez Criado (www.narrativabreve.com)

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 14 de julio de 2010). 

 

1: La buena actuación de Casillas, unida al apretado triunfo de la selección española sobre el equipo de Paraguay, va a suponer un respiro momentáneo para Sara Carbonero. Aunque seguramente algún triste insinuará que si la periodista no fuera tan guapa podríamos haber goleado. 2: Dunga ha destruido el juego de filigranas de Brasil a favor de los resultados. La idea era: Menos samba e mais trabalhar. Pero el trabajo no puede sustituir a la samba cuando se trata de brasileños. Y ahora ¿quién nos devuelve el juego de fantasía de Brasil, ese que hace años que no vemos? 3: Sudáfrica no está siendo el Mundial del Niño Torres. Muy a su pesar, da la sensación de pasarse todo el partido recogiendo higos. Los europeos llevamos los higos a Sudáfrica y ahora los españoles los recogemos. Es una pena que no suban al marcador. 4: Alguien tenía que decirle a Maradona que se callara de una vez, y como no estaba presente el Rey Juan Carlos ha sido Alemania quien se ha encargado de esa tarea. Pero Maradona no entiende la lengua de Goethe, así que los alemanes han utilizado otro idioma que el Pelusa comprende mejor: el de los goles. Cuatro goles a cero le cierran el pico a cualquiera; una lástima que el entrenador argentino no sea cualquiera: no tardará mucho en escupir boutades por la boca. 5: Leo Messi se va del Mundial sin marcar un solo gol. Consuélense los argentinos: siguen teniendo al mejor jugador del mundo y una de las selecciones más dignas que han pasado por el Mundial. 6: Un deseo: que el respeto a Alemania en ningún momento se convierta en miedo. Hay que seguir subiendo hasta besar el cielo de Sudáfrica.  
 
Francisco Rodríguez Criado (www.narrativabreve.com)

(Artículo publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO Extremadura el miércoles 7 de julio de 2010). 

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