Quienes establecen normas y dictan leyes no siempre consiguieron un aprobado en aquella parte de la filosofía de tercero de BUP llamada lógica. Cuenta Eduardo Galeano que un preso llamado Noueched fue sancionado, allá por el año 1973, a cinco días sin salir al patio por incumplir el reglamento. En éste se establecía que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda, pero Noueched fue castigado ya que ponía una sola mano: era manco. De nada vale esgrimir la lógica cuando hay alguien dispuesto a seguir al pie de la letra lo que ha sido dictado.

Algo parecido les ha pasado a unos amigos de Plasencia, que han tenido la feliz idea de rehabilitar una casa e instalar energía solar. No fue fácil el proceso para obtener una pequeña ayuda pública: tras conseguir toda la documentación que debían aportar los interesados, el arquitecto, la empresa constructora y la instaladora de los paneles, cuando ya creían que todo había llegado a buen puerto, resulta que les faltaba un pequeño requisito. No tenían el certificado de empadronamiento en dicha vivienda.  Y es ahí donde se empantana todo porque cualquier intento de explicación cae en saco roto. ¿Cómo se va uno a empadronar, en pleno siglo XXI, en una casa sin electricidad?

No sé cómo ha acabado esta historia, si al final tendrán que renunciar a la ayuda de unos mil euros o deberán optar por empadronarse en la vivienda antes de vivir en ella. Lo que sí parece fuera de toda duda es que las ficciones de Kafka y las realidades vividas por Nouched se encuentran, en demasiadas ocasiones, a la vuelta de la esquina.

 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de junio de 2009 

 
Hace un par de fines de semana las páginas de este periódico en internet echaban humo a causa de una noticia en la que profesores culpaban a los padres de muchos de los problemas de la educación. Y allá se lanzaron como fieras los progenitores a llenar la red de comentarios insidiosos en los que se echaba en cara a los docentes los meses de vacaciones de los que disfrutan. Tampoco se quedaron mancos los docentes, que parecían formar parte de un grupo de trabajadores que ejercían sus labores con perfección y al unísono. A los chavales ni los mencionamos, porque ya ha calado esa falacia conservadora que sostiene que cada nueva generación es más ignorante que la anterior.

Lo más interesante de todo esto es que un asunto de este tipo pudiera competir en participación e interés con el último fichaje millonario o con la excentricidad de un concejal. No es mala señal que la educación se convierta en un asunto de debate y de discusión, pero sería muchísimo más constructivo si fuéramos capaces de no echar balones fuera y asumir nuestros fallos, tanto los individuales como los colectivos. Así que sería bueno que los padres asistieran a las reuniones del colegio, que éstas fueran en un horario amoldado a los padres y no al de los propios docentes, que fuera obligatorio que el profesorado se reciclara cada año y que ampliáramos la capacidad para reconocer nuestros propios errores. Si escurrir el bulto fuera un deporte olímpico, España conseguiría medallas en todas las categorías. Pero no lo es. Así que empecemos a dar ejemplo, en casa y en las aulas, porque lo que nos jugamos no es poca cosa.
 
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de junio de 2009.

P.S.

Problema de Física. Calcule el ángulo de visión de la pizarra del niño que está en la parte superior izquierda de la fotografía. Si fuese igual a cero, averigüe si la culpa del fracaso escolar de dicho alumno recae en los padres, en la profesora, en la Junta de Extremadura, en Unicef, en las multinacionales o en el propio alumno. Razone su respuesta. 
 

 

El lunes había un periódico que resumía los resultados de las elecciones europeas diciendo que el PP era inmune a la corrupción. Algo parecido titularon otros diarios en 1993, cuando Felipe González volvió a sacarle 18 escaños a Aznar a pesar de Filesa y otros casos similares a los que hoy nos llegan desde Madrid o Valencia. Hay quienes dicen que los políticos son todos unos corruptos y se equivocan: los hay honrados y trabajadores como en el resto de profesiones y actividades, en las que también hay personajes sin escrúpulos. Ahora hay quien se atreve a decir que los electores de derechas perdonan las corruptelas mientras que los de izquierdas son demasiado escrupulosos e implacables con los suyos. Yo no me atrevo a afirmarlo. Tampoco soy capaz de explicarme lo de Italia, aunque Roberto Saviano y su libro son una gran ayuda. Luego me he puesto a recordar que todos conocemos a alguien que ha mentido para que su hijo entre en un colegio, que ha enchufado a alguien, que ha sido recomendado por un buen padrino, que se jacta de tener buenos contactos para saltarse listas de espera y que justifica que existan prebendas como si fuesen elementos inevitables del día a día. Y entonces he llegado a la conclusión de que la política es el reflejo de lo que tenemos en la sociedad, y que no es que hoy el PP sea inmune a la corrupción, sino que buena parte de la ciudadanía no considera reprochables unos comportamientos y unas actitudes que, si estuvieran en su mano, repetiría sin ningún reparo. La capacidad criticona de los españoles está fuera de dudas: nos falta el sentido crítico y, sobre todo, el autocrítico.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 15 de junio de 2009. 

Ayer fui a votar y por tercera vez tuve que hacerlo en un lugar indigno para el ejercicio del más importante derecho ciudadano. Como en mi barrio apenas hay edificios públicos medio decentes para que ejerzamos la soberanía, tenemos que ir a un almacén de vías y obras, junto al más viejo de los puentes de Badajoz, donde nos hacen sentir la ilusión de estar decidiendo algo rodeados de bancos rotos, ladrillos y maquinaria. De nada sirve haberlo denunciado públicamente en otras ocasiones ya que alguien sigue considerando que la chusma puede votar de cualquier manera. En el camino al lugar de las votaciones – me niego a llamarlo colegio electoral – vi menos vallas electorales, ésas que sirven para que alguien las vea y decida apoyar al señor guapo de la foto. Lo que sí que hay por doquier son cartelones de chapa con una especie de E mayúscula a la que han puesto encima el dibujito de la ñ. No hay plazoleta en la ciudad que no tenga uno. Dicen que sirven para que los ciudadanos nos enteremos de que se van a gastar un dinerito en adecentarnos el lugar, crear unos empleos temporales y rebajar las cifras del paro. Imagino que no soy el primero en pensar que, si se ahorraran los carteles, se podrían arreglar muchos más espacios urbanos y dar más trabajo a los desempleados. Los ciudadanos, los que votamos en cuchitriles inmundos, no necesitamos tantas vallas gigantescas para vendernos qué se va a hacer y de dónde sale el dinero. Nos bastaría con que de forma silenciosa nos fuéramos dando cuenta de que todo va arreglándose y mejorándose. No nos lo cuenten: háganlo. Se lo agradeceremos igual. O más.

Publicado en EL PERIODICO EXTREMADURA el 8 de junio de 2009. 

Lo sé. Es políticamente incorrecto decir que muchas personas no saben qué están votando cada vez que lo hacen, pero es algo que ocurre. Recuerdo que en 1996 me tocó estar en una mesa electoral y había quienes pedían ayuda para encontrar la papeleta de un tal Felipe y de un tal Aznar. Intenté explicar que no podían votarles porque no se presentaban por la circunscripción. Los interventores de los partidos se enfadaron momentáneamente por mis palabras pero no me fue difícil convencerles de que estaba en lo cierto. A un ciudadano normal y corriente se le puede perdonar que no sepa estas cosas, pero no es de recibo que sean los políticos profesionales los que las ignoren. El domingo elegimos un parlamento, una institución en la que habrá personas que representen nuestras ideas, pero en los carteles de la calle veo a quien intenta vendernos soluciones, como si tras el 7 de junio hubiera de formarse un gobierno en función de lo votado. No sé si en ese partido se habrán enterado de qué van las elecciones del domingo o acaso pretenden confundir un poco al personal. Aunque lo que más me llama la atención es otra cosa: en España usamos la Ley d’Hont para distribuir escaños por culpa de aquella maldición de los años 70, para que –como decía la policía de la época – no se formen grupitos y se gobierne más fácilmente. Por eso no entiendo que el domingo volvamos a tener al matemático belga distorsionando la fiel representación de la voluntad popular en Estrasburgo. Lo más interesante del próximo domingo es que es el mejor día para votar en conciencia, a favor de tus ideas y sin temor a que gane quien no quieres. Un lujo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 1 de junio de 2009.

 

 

 

 

Parece ser que es una gozada eso de la alta definición. Los objetos se ven a las mil maravillas, todo limpio, con detalle, con unos colores vivos que hacen que las cosas sean incluso más bonitas que en la realidad. Así que la técnica ha llevado a los salones de las casas una ventana impoluta por la que se puede ver ralentizado el salto de un jugador de baloncesto, un lance con la muleta mientras al toro le chorrea sangre por la herida o una mirada lacrimosa que parece que va a mojar nuestra alfombra. Pero no hay virtud sin defecto: la alta definición tiene un retardo de unos cinco o seis segundos. Así que cuando la radio ya ha cantado el gol se puede observar – eso sí, con muchísima nitidez– que Xavi Hernández todavía no ha terminado de colocar el balón en el corner, que Leo Messi aún no se ha acercado a recibir en corto, y ha de pasar algún segundo más hasta que Eto’o remate. No sólo la naturaleza sirve para sacar consejos sabios para la vida sino que las modernas tecnologías nos aportan también sus moralejas: si queremos verlo todo muy clarito tendremos que dejar pasar un tiempo. La primera imagen, la más analógica e inmediata, no siempre es la mejor. Lo urgente debe hacerse sin demoras pero lo importante no puede ser fruto de la improvisación. Antes de comprar los ordenadores portátiles para cada alumno de quinto de primaria, convendría evaluar qué se ha hecho aquí y en otros lugares, cómo se ha llevado a cabo y qué resultados objetivos se han obtenido. Y no me vale que la evaluación la hagan los propios implicados. Aunque se tarde un poco más, pero que se vea todo claro. Por favor.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 25 de mayo de 2009.


En las grandes ciudades no se dejan de hacer túneles y más túneles para esconder a los vehículos, amplían los carriles de las autopistas y un ruido infernal de motores se escucha día y noche. En cada operación salida las carreteras de llenan de coches y uno empieza a plantearse si habremos actuado correctamente al convertir al vehículo privado en el principal medio de locomoción. Sobre todo ahora, que parece haber cierto consenso para no aumentar el consumo de combustibles fósiles. Pero los años de bonanza de principios del milenio invitaban a cambiar de coche cada cinco años, aunque no fuera necesario y funcionara a las mil maravillas, y las factorías aumentaban su ritmo de producción. De repente nos asalta la crisis, la gente empieza a comprar menos coches, las empresas del sector ganan menos dinero y amenazan con dejar en el paro a los miles de trabajadores que, de forma indirecta o directa, dependen de la venta de vehículos. Entonces llega el día en el que Rajoy y Zapatero se van al hemiciclo a hablar del estado de la nación y a uno le parece que lo más importante que se abordó era el estado de los coches. Ya no sé en cuánto va a quedar la ayuda pública para comprar un nuevo vehículo, ni cuánto pondrá cada Comunidad. Y mientras muchos se pelean sobre si la medida debe ser universal o restringirla en función de los ingresos de la familia, me asaltan varias dudas: ¿Por qué tenemos que comprar coches con la ayuda de todos? ¿Por qué tenemos que sacarle las castañas del fuego a un sector que produjo más de la cuenta? ¿Vamos a hacer lo mismo con otros sectores productivos? ¿Nadie se hace estas preguntas?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de mayo de 2009.

La semana pasada el buscador Google en español ofrecía 232 noticias cuando combinábamos las palabras meningitis y Nigeria, mientras que teclear los vocablos gripe y México nos llevaba a más de cien mil. Luego echas cuenta de los fallecidos y resulta que es mucho más grave lo de África que lo que empezó en América y se extiende de forma muy aislada en algunos lugares de ese mundo que llaman civilizado. A pesar de la facilidad que existe hoy en día para informarnos de lo que ocurre en cualquier lugar, todo lo ocupa un complicado virus con letras y números. Apenas hay rastro informativo ni de la malaria, ni del dengue, ni de esa mortal meningitis de Nigeria. Tampoco es nada nuevo, porque ya sabemos que los titulares de la prensa y los minutos de los telediarios no aumentan en función del número de muertos sino de la clase social y glamour de los mismos. Mientras el problema lo tengan unos niños en África no nos afectará nada o casi nada. A algunos le empiezan a temblarles las piernas cuando ven que la desgracia le pasa a alguien que tiene una casa, que lleva a los niños al colegio en coche y que va de vacaciones. Nos aterra ver que uno que se parece a nosotros es víctima de cualquier fatalidad. Es entonces cuando nos apresuramos a comprarnos la mascarilla, ese diminutivo de la máscara que oculta nuestras vergüenzas.  Me gustaría saber quién convirtió todo esto de la gripe en noticia de primera magnitud, y si son los mismos a los que les trae al fresco hechos mucho más graves. Sin duda, ha llegado el momento de que la OMS catalogue a la estupidez como enfermedad. Y contagiosa.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de mayo de 2009. 

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