Arrecia la crisis, pero parece que hay quien sigue empeñado en verla como ven los mulos de noria. Es una crisis del sistema financiero, dicen. Seguidamente dicen que nuestro sistema financiero no está contagiado y que es firme, y después le meten una inyección de cien mil millones. ¿En que quedamos? Lo justifican diciendo que es para que los bancos presten, sobre todo a los pequeños negocios, asfixiados por la caída del consumo, el incremento de costes y la negativa de los bancos a prestar ni a empresas ni a particulares. Sin embargo, no hay exigencia alguna a quienes se hagan con una parte de esos cien mil millones para que presten ese dinero, y menos aún para que lo hagan en condiciones que no signifiquen dar la puntilla a los negocios.
También dicen que es una crisis inmobiliaria, solo eso, y que afectará a las constructoras, así que con la excusa de salvar los empleos de la construcción, se articulan planes de rescate, aderezados para respaldarlos con informaciones sobre quiebra de tal o cual empresa que deja a nosecuántos trabajadores en la calle.
Nadie parece darse cuenta de lo que está pasando en sectores como el comercio, el pequeño comercio. Sin financiación y con los clientes tocados en su economía, van hundiéndose poco a poco, en un goteo continuo de cierres y despidos que no parece importar.
Y si el goteo no se convierte en chorro es porque hay muchos comerciantes tapando las grietas. Si un despido es siempre una desgracia para el que lo sufre, en este caso se convierte en tragedia que afecta a quien va al paro, claro está, pero también a quien tiene que tomar la decisión de despedir. Muchos de los dependientes de comercio llevan años vinculados al negocio, lo sienten como algo suyo, y se han establecido vínculos personales de amistad entre empleado y empleador: conocen la vida del otro, han asistido juntos a multitud de celebraciones familiares, saben de sus problemas.
Por eso, el comerciante está aguantando hasta el final, hasta poner muchas veces en peligro la viabilidad del negocio, porque tiene que despedir a un amigo y sabe a qué problemas tendrá que enfrentarse el otro, y sabe que se encontrará con su familia a menudo y no sabrá qué hacer o decir.
Además, la propia vinculación del comercio con la sociedad donde está implantado da lugar en estos tiempos a otras situaciones difíciles. El conocimiento y la relación de confianza con el cliente condiciona, y hace que, si éste no puede pagar en un momento dado, el comerciante no tenga corazón para negarle el fiado. ¿Cómo decirle a alguien que no se lleva el pan, la leche, la carne, unos pantalones o una silla hasta que no venga con el dinero, sabiendo que no paga porque no puede? Aquí no valen los scoring que aplican los bancos para sus créditos y que dicen si te dan o no crédito: aquí el scoring es conocer la situación del otro y fiar, porque fiar es confiar.
Lo demás, las deudas que se acumulan porque hay mucho dinero en la calle y poco en la caja, y ni Hacienda ni la Seguridad Social saben qué es con-fiar, queda de puertas adentro en cuanto llega la hora del cierre.
Todo esto parece invisible. Sólo aparece cuando vemos el cartel de Liquidación por Cierre, que apenas da idea de lo que ha pasado realmente. Sólo cuando vemos noticias como la de los vecinos de ese pueblo creo que de Huesca que se han tenido que poner de acuerdo para reabrir el único comercio de ultramarinos que había en la localidad y que había tenido que cerrar, porque si no tendrían que desplazarse dos decenas de kilómetros para comprar lo más básico, caemos en la cuenta de lo que ha ocurrido y lo que puede ocurrir.
¿Tan difícil es poner en marcha un plan para que el comercio soporte el envite? ¿Tan difícil es entender que en una región ruralizada como Extremadura la supervivencia del comercio está ligada a la supervivencia de muchas pequeñas poblaciones? ¿Tan difícil es darse cuenta de que estas empresas constituyen la mayor parte del empleo y que se está matando a la gallina de los huevos de oro? ¿No sería a la vez barato –en términos sociales, pero también económicos—reducir o establecer moratorias en la Seguridad Social, devolver antes el IVA, abrir líneas de crédito a bajo interés, articular ayudas para el mantenimiento de la actividad...?
Será cuestión de pensarlo, pero de pensarlo rápido porque ya se ha perdido demasiado tiempo.