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«Antes los periodistas estaban en la calle, ahora están en la redacción con teletipos de corta y pega»

RAMÓN FONTSERÉ Director de Els Joglars. Estrena en Gran Teatro este sábado

 

«Antes los periodistas estaban en la calle, ahora están en la redacción con teletipos de corta y pega» - QUIQUE CURBELO / EFE

El periodismo como máquina voraz de noticias, un negocio rendido al entretenimiento, desparramado por la cloaca de la red, donde escasean aquellos periodistas a la vieja usanza que se batían el cobre en la calle contrastando noticias que enseñarle al mundo. De eso trata Zenit, la nueva propuesta de Els Joglars, la histórica compañía catalana que este sábado estará en Gran Teatro (20.30) para enseñar una cara de las redacciones de hoy (el fast thing, la cosa rápida) y hacer reflexionar al espectador para que insista en discernir entre lo que es basura o información veraz. Días antes de su estreno, Ramón Fontseré habla para El Periódico de esta obra y también de su vocación, porque Fontseré es uno de esos actores que ve lo que los demás no ven, o lo que los demás no quieren ver, por temor o por pereza. Por eso es actor, porque lo lleva en un ADN capaz de convertir el teatro en ese mágico quirófano del que uno siempre sale alivado, ligero, curado.

-Zenit muestra a unos periodistas convertidos en buitres que enredan, literalmente, a su entrevistado. Él ha quedado en libertad tras ser detenido por exhibicionismo. «¿Es cierto que mostró sus genitales a menores?», le pregunta uno de los reporteros. De repente, un aviso al móvil les alerta. «Messi se ha rasurado el pubis», grita uno de ellos. Al momento, la bandada sale en busca de la ‘buena nueva’ y olvida a su presa. ¿Qué es noticia hoy?

-Con las nuevas tecnologías cualquier cosa puede ser noticia y ‘Zenit’ es una reflexión sobre eso, sobre la responsabilidad tanto de los medios como del lector, para que no se lo traguen todo. ¿De qué estamos hablando, de periodismo o de entretenimiento? Recuerdo el documental Page One, sobre The New York Times, donde se abordaba este tema, el del periodismo a la vieja usanza, el de David Carr, que investigaba, que se tomaba tiempo... y el de la tecnología, con un portal donde se colocaban las noticias más visitadas. Aquel día se había publicado un gran problema de corrupción que había tenido un número insignificante de visitas frente a la noticia de una actriz norteamericana a la que habían pillado haciendo topless.

-Usted ha dicho que el periodismo nació como una necesidad de supervivencia del hombre para comunicarse, pero que se ha convertido en una enorme maquinaria de éxito, poder de decisión e influencia. ¿Qué diferencia al periodismo de hoy del de hace 30 años?

-Es una de las tesis de Zenit. El periodismo como máquina voraz de noticias, que lo domina todo, que ya no se contenta con el papel, sino que necesita los audiovisuales, las nuevas tecnologías, y se va ampliando más para que los lectores con sus compras y sus adeptos puedan mantenerlos en el poder. Lo vimos en The New York Times cuando bendijo las armas de destrucción masiva en la guerra de Irak. No soy periodista, pero tengo amigos que lo son y la idea que tienen es que ahora los periodistas están en la redacción con teletipos de corta y pega. Antes estaban en la calle ganándose el turrón a base de tiempo, de investigar, de confrontar las versiones.

-¿Cree que la prensa es solo un negocio de entretenimiento?

-La prensa es algo muy importante, lo que pasa es que tiene una deriva hacia el entretenimiento. El periodismo está para decir la verdad, los hechos son sagrados y sin periodismo no hay democracia, eso es así.

-La irrupción del móvil ha convertido la prensa en un instrumento que está más al alcance de todos que nunca. ¿Qué peligros entraña ese aparatito?

-Nos ha facilitado el acceso a las redes sociales, que se pueden utilizar para fines fantásticos, pero que también son cloacas, basura, la auténtica miseria del hombre. En la obra se dice que Twitter es el Gutemberg del siglo XXI, es un gran avance para la humanidad pero tiene esa contrapartida de que es el lugar más asqueroso que puedes encontrar.

-Usted interpreta en Zenit a un periodista de la vieja escuela. ¿Aún existen?

-Sé que existen actores de la vieja escuela. Me imagino que periodistas debe haber alguno, pero ahora lo que se lleva, lo que prima, es el fast thing, la cosa rápida. Mi personaje se queja de que las noticias se tienen que contrastar, pero para eso hace falta tiempo y dinero.

-¿Entonces la culpa quién la tiene, el periodista, las empresas, los lectores?

-Las empresas están para ganar dinero, pero los lectores son los que tienen que tener capacidad de discernir, de separar la basura de la información real.

-Llegan con Zenit, después de haber puesto en escena VIP, un espectáculo sobre la permisividad en la crianza de los hijos. ¿Hemos construido una sociedad perniciosa?

-Es evidente que ambas obras son un reflejo de la sociedad de nuestro tiempo. Es una mesocracia que está creando monstruos, con unos medios que nos hacen ir por donde quieren, pero ahí estamos nosotros para saber que nos están vendiendo una moto.

-La esencia de Els Joglars, la compañía formada por Albert Boadella en mayo de 1961 sigue respirando; usted es director desde 2012. ¿Qué es el teatro?

-El teatro tiene que ser un espacio libre, sin normas, que sirva para entretener, para reflexionar y que llegue a cuanta más gente mucho mejor. Es un ritual en directo que, a pesar de las crisis, creo que irá sobreviviendo dentro de una sociedad que debe ser capaz de reflexionar y ver sus defectos. El teatro hace una función terapéutica, de desacralizar lo sacralizado. Es ese distanciamiento que tiene el humor, esa mirada irónica, satírica, que son los elementos con los que jugamos. Albert siempre dice que el teatro tendría que estar subvencionado por el Ministerio de Sanidad, porque es curativo. Ves una obra de teatro y sales como más ligero y aliviado. En nuestras obras, lo que el espectador ve es lo que él piensa internamente, pero que por mecanización, por comodidad, por complejo, no se atreve a manifestar. Y esa es una función que tiene que hacer el teatro.

-Y ustedes sobreviven pese a los recortes en Cultura, pese a ir tradicionalmente contra el poder, ¿eso, de alguna manera, es una heroicidad?

-Eso es algo que llevamos en el ADN. A veces ser actor es un voluntariado, pero la vocación es tan fuerte que puede con todo. Y así seguimos. No pararemos, porque es lo que nos gusta más, y es por lo que hemos nacido, y por lo que valemos, y por lo tanto, a pesar de los pesares, siempre avanzas con el esfuerzo y el ánimo, como diría Quijote.

-Y para terminar, siendo usted catalán, es obligado preguntarle acerca de su opinión sobre el debate independentista...

-No soy independentista. Creo que este delirio, esta chifladura que hay, no aporta absolutamente nada. Al contrario, es un paso atrás. Estamos igual que antes o peor. No sé qué hará falta para que esa paranoia acabe. Continuaremos con este peñazo durante mucho tiempo, a no ser que se imponga el sentido común, claro; pero eso vuela muy alto.

   
3 Comentarios
03

Por Viriato 13:17 - 17.01.2017

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Admiro a este señor , un personaje público dentro de Cataluña y España y que se atreve a dar su opinión contraria a la actual dictadura catalanista. Y además viviendo en Cataluña. Salud.

02

Por PLATANO CANARIO 11:17 - 17.01.2017

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ya, ramón, pero tú ya sabes que "cualquier tiempo fue peor". lo decían unos cantantes....

01

Por saavedra 10:05 - 17.01.2017

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Incluso ahora hay quienes hacen mal el corta y pega. Vean, Vean.