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Espacio del lector

Basilio Pacheco, héroe anónimo cacereño

 

Basilio Pacheco Ojeda. -

Juan de la Cruz (periodista, escritor e investigador cacereño)
04/12/2017

Basilio Pacheco Ojeda (Ruanes 1902- Cáceres 1969) siempre dijo que los soldados españoles en la Guerra de Africa fueron, todos, unos héroes. Hijo de Juan Pacheco y de Adela Ojeda, se formó con el maestro y el sacerdote de aquel pequeño pueblo, en el partido judicial de Trujillo, con unos seiscientos habitantes entonces, que le instruyeron en las enseñanzas escolares y los principios católicos.

Un tiempo en el que, en ocasiones, también se le encomendaban las labores más duras del panorama ganadero como podía ser salir de pastoreo en largas jornadas, ordeño de los animales o vigilar de noche en los chozos al rebaño ante los frecuentes ataques de las manadas de lobos que existían por la zona.

Una vida, la rural, que no le seducía en absoluto. Por lo que un día se echó al hombro el hatillo del azar, se despidió de su gente y se alistó como voluntario en el Regimiento Segovia 75, de guarnición en el Cuartel Viejo de Cáceres, en las antiguas dependencias del Seminario Galarza, bajo el mando del entonces coronel, el ceclavinero Nicolás Rodríguez-Arias Carbajo, que llegará a teniente general.

El mismo le instruyó en el amor a la Patria y la defensa de la bandera. A los pocos meses, con motivo de la Guerra de Africa, Basilio Pacheco es destinado con una compañía del regimiento cacereño a las ciudades de Nador y Melilla, siendo destacado a los campamentos de Taserfit y Dar el Quebdani.

El mismo dejaba constancia de su amor patrio, valentía y alto honor, participando en una serie de acciones militares en heroicas luchas contra las tropas rifeñas y bereberes que comandaba Muhammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Khattabi, líder que dirigió la resistencia de la zona africana contra el ejército español en duras y sangrientas escaramuzas, operaciones y batallas.

Durante su estancia en el norte de África pasó a prestar sus servicios en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, de Melilla, donde sobresale por su relieve militar, su capacidad de aventura y riesgo para llevar a cabo incursiones en los peligrosos terrenos de ocupación por parte de las fuerzas enemigas, y ayudando a evacuar a sus compañeros en diversas acciones de guerra.

TODO ELLO en medio de las más complejas adversidades y con las carencias habituales, como las dificultades de intendencias varias, falta de agua, necesidades y contrariedades de una guerra tan larga como dura, y en condiciones muy precarias de las que salían adelante a base de coraje y sufrimientos.

Una vida difícil, con el riesgo permanente de los ataques de los bereberes y otras tribus. De tal forma que el 17 de agosto de 1924 encontrándose al mando de un grupo de soldados, mientras procedía a levantar de forma valiente pero muy arriesgada un campamento militar en el sitio conocido como Afrau, ante el ataque de los moros, que les sitiaban desde lo alto de una colina, era consciente que se estaban jugando la vida en defensa de la patria. De repente se percató de la presencia de un cable en el suelo. De tal fatalidad que cuando trató de esquivar el mismo se produjo una explosión que le generó fractura del cráneo y le llenó el cuerpo de metralla.

Trasladado al Hospital Militar de Carabanchel, en Madrid, fue atendido por los médicos y monjas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, perdiendo la vista. Recuperado del resto de las lesiones corporales, Basilio Pacheco pasó a vivir con un tío materno en el municipio cacereño de Arroyo de la Luz, donde contrae matrimonio en 1927 con Ana Guerra Vallejo.

LOS DÍAS, por causa de la ceguera, se le hacen largos a Basilio, tirando de la tertulia y de la radio, además de escuchar la lectura que del periódico ABC le hacen sus familiares, sobre todo las informaciones con referencia a la guerra entre España y Marruecos, de la que fue un héroe anónimo.

En el año 1943 se traslada a la ciudad de Cáceres, a la calle Margallo, llegándose todos los días hasta la bandeja del Paseo Alto, o de Ibarrola, respirando el aire puro del Cerro del Teso, en medio de eucaliptos, madroños y encinas, con la compañía, entre otros, de Aureliano Moreno, teniente coronel de la Guardia Civil, pegando la hebra sobre los aconteceres nacionales y de la ciudad y esas agradables sensaciones que emanan de buenas y distendidas parrafadas con el paisanaje.

El mismo alcanzó el grado de coronel y fue distinguido con diversas condecoraciones.

Finalmente subrayemos que Basilio Pacheco siempre defendió la tesis de que todos los soldados que participaron en la guerra con Marruecos en el norte de África fueron unos héroes. Y la inmensa mayoría, como casi siempre suele suceder, anónimos. Como fue, por ejemplo, su mismo caso.

   
1 Comentario
01

Por para más INRI 10:35 - 04.12.2017

El relato no dice nada de su etapa durante la guerra civil, aunque si siguió ascendiendo y se codeaba con tenientes coroneles franquistas, supongo que sería afecto al régimen, por lo que no me interesa nada su biografía.