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HABLA UNA DE LAS TESTIGOS QUE COMPARECIÓ AYER EN LA DÉCIMA SESIÓN DEL JUICIO DE LA MADRILA

«En mi vivienda no había ruidos, me traían las denuncias y las firmaba»

Declararon otros 7. Cacereños contra el ruido denunció también en nombre de otro. En ellas ponía que no podía dormir, pero no conoce ni los nombres de los locales

 

Uno de los vecinos, durante su declaración ayer ante el Juzgado de lo Penal Número 2 de Cáceres. - FRANCIS VILLEGAS

Sira Rumbo Ortega
11/10/2017

No, en mi casa no se escuchaban ruidos, había mucho silencio», contestaba ayer Josefa E. P. tras ser preguntada por el Ministerio Público sobre qué es lo que sentía en su vivienda las noches de los fines de semana. La décima sesión del juicio por los ruidos de La Madrila acababa de comenzar y su respuesta dejó a todos, abogados y público, atónitos. Comparecía como testigo precisamente por haber presentado varias denuncias contra uno de los establecimientos de la zona, sin embargo ella reconoció que desconocía a qué locales había denunciado. «No conozco los bares», respondió. Reside en la calle Viena en la que, según afirmó esta vecina, no existen bares de copas que puedan afectar por la música.

¿Cómo presentó entonces las denuncias?, insistió la Fiscal del caso, Olga Suárez. «Me las traían y yo las firmaba», respondió. Iban dirigidas contra el bar Submarino y en las que se especificaba que el ruido por la música no le permitía dormir. La mujer, de avanzada edad, pertenecía a la asociación Cacereños contra el ruido, colectivo que le facilitaba las denuncias para que las firmara. Su declaración duró escasos cinco minutos, ya que no fue interrogada por ninguno de los letrados personados en la causa.

OTROS CASOS / Comparecieron otros seis vecinos afectados. Con otro de ellos sucedió algo parecido, la asociación presentó denuncias en su nombre sin su consentimiento. Sin embargo a él sí le molestaban los ruidos de los bares. Se trata de Juan Emilio F. C., que vive en el número 1 de la calle Niza. En concreto le afectaba la música de La Belle y de La Cuerda. «Las molestias eran tremendas. No podíamos hacer nada en casa, ponía la tele alta para apaciguar el ruido pero ni si quiera se escuchaba», detalló. Y añadió que además de la música retumbaban las paredes.

Él no pertenecía a la asociación, era su mujer la que era miembro del colectivo, sin embargo aseguró que desconocía cómo pueden existir denuncias en su nombre. De hecho su esposa, María Esperanza S. S., que compareció después, tampoco se lo explica. «No di el consentimiento para que presentaran denuncias», dijo.

Ella explicó también cómo se sentía: «Los fines de semana me acostaba a las cuatro de la mañana, cuando cerraban los bares. Nuestra cama y el cabecero se movían y cuando había conciertos pensaba que se venía el edificio abajo», señaló. Aseguró que hubo una vecina, que vivía de alquiler, que se tuvo que marchar del bloque porque vivir allí era «insoportable».

Otro de los testigos en dar su testimonio fue Manuel Agustín L. S., que vive en Hernán Cortés, 3. A él le molestaban Sugar, Maquiavelo y Down. «El ruido era espantoso, horroroso. Se escuchaba el ‘boom’ ‘boom’ de los bares y vibraban las paredes», señaló. En uno de los dormitorios «vibraba hasta el suelo», añadió. Dijo que muchas noches salía a la calle a las cuatro o a las cinco de la mañana porque no podía conciliar el sueño y se dirigía a la comisaría de policía, pero nadie le recibía. Él no forma parte de Cacereños contra el ruido, colectivo que presentó la querella criminal que dio lugar a este proceso judicial.

Por su parte Miguel Ángel Á. D., que vive en Doctor Fleming, 10 y a quien afectaba Tacones, aseguró que a su vivienda llegaban las vibraciones de la música. «El ‘boom’ ‘boom’ era constante, las vibraciones salían de la pared como un fantasma», afirmó. Sufre un trastorno psíquico que se agravó aquellos años por la ansiedad y el nervisismo que le provocaba no poder conciliar el sueño. Se unió a Cacereños contra el ruido y firmó la querella criminal porque «nos sentíamos abandonados» por los responsables municipales. Las vibraciones que sentía las confirmó ayer también Mª Paz M. P., que residía entonces en la misma casa.

El último en declarar fue Pedro M. G., que vive en Doctor Fleming, 6, en un bajo. A él le molestaba Submarino. «Era un infierno, allí no se podía dormir ni descansar». Contó que las vibraciones hacían que se moviera hasta el cristal de la mesa de su salón. Los tres días del fin de semana tomó la determinación de dormir por las tardes para poder descansar. La vecina Pastora V. P. también estaba llamada a declarar pero no compareció. La vista se reanudará esta mañana.

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