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TRES MUJERES CUIDAN CON ESMERO LAS NUMEROSAS PLANTAS QUE DECORAN ESTA ESQUINA DE LA PARTE ANTIGUA

El rincón con más encanto en Cáceres

Estos días que los turistas llenan la capital cacereña, se cuentan por cientos las personas que se paran en la calle Barrio de San Antonio a admirar la profusión de macetas que llenan estas aceras

 

Toda una vida: Vicenta García, junto a su nieta Leire, a las puertas de su casa en la calle Barrio de San Antonio. - FRANCIS VILLEGAS

Con encanto: El rincón es admirado por un grupo de turistas. - FRANCIS VILLEGAS

CARMEN HERNÁNDEZ MANCHA // CÁCERES
02/04/2018

¿Inspirarían las plantas que con tanto cariño cuidan Vicenta, Visitación y Consolación en la calle Barrio de San Antonio la canción de El desván del duende? Las ‘Macetas de colores’ de este tema son como las que llenan este rincón de Cáceres de primavera, alegres, frondosas y un poco caóticas, en una superposición de tiestos y formas.

Los grupos de turistas, con guía o sin él, se detienen frente a la ermita de San Antonio, antigua sinagoga de este barrio que en su día, albergó a la población judía de la ciudad. Si uno se para como distraído en medio de la acera, comprueba que antes o después de entrar en la ermita, casi todos los viajeros se paran a admirar la belleza de estas plantas tan bien cuidadas.

El mérito de este rincón de hojas y flores en medio de tanta piedra es de tres mujeres, que durante décadas han llenado Barrio de San Antonio de macetas de colores. Consolación Solís llegó de Torre de Santa María, cerca de Montánchez, hace 36 años. Su casa es la primera que se ve al entrar en la calle. Pausadamente, tiende la ropa en un tendedero rodeado de tiestos. Las primeras plantas que trajo eran de su madre, «estaba pachucha y comencé a traérmelas», explica. Y así hasta perder la cuenta del número de macetas que tiene ahora, «cada vez que voy al pueblo, me traigo una», dice con una sonrisa. Consolación les dedica todo el tiempo que las plantas precisan, está jubilada y con sus hijos y nietos mayores, cuidar su pequeño jardín es su distracción. Su cara amable sólo se enturbia cuando habla de los destrozos que, alguna vez que otra, le han causado en sus macetas, «hay muchos bandidos, hacen muchas trastadas, he tenido que ir a la policía, cuatro veces me han tirado esta rodando calle abajo», cuenta mientras señala al último tiesto de la esquina. «Incluso venía un hombre y le echaba unos polvos a las plantas», lamenta Consolación, sin saber porqué alguien querría destruir sus macetas, «pero ya no viene», concluye.

Pasada la ermita, vive Visitación Ávila desde hace 38 años. Ella cuida el arriate que hay justo en frente de la capilla. Aunque los geranios, como en el caso de Consolación, son las plantas más comunes, también las hay tropicales, una mimosa y varias especies de flores diferentes, «hay gente que puede pensar que lo cuidan los jardineros municipales, pero no es así», afirma Visitación. Lo que sí hizo el ayuntamiento fue arreglar el borde del arriate para que no se saliera el agua, pero lo demás, es trabajo de Visitación, «acabo de plantar unos rosales ahí», explica señalando las plantas. «Lo hago porque me gusta», asegura.

La misma motivación tiene Vicenta García. Desde que llegó de su pueblo, Santa Marta de Magasca, hace 42 años, se ha dedicado a embellecer este rincón de Cáceres, «aquí sólo había un trozo para un árbol» a la puerta de su casa, y ahora plantas, árboles y arbustos llenan su tramo de la calle. Porque estas tres mujeres se reparten, sin que medie ningún papel por medio, Barrio de San Antonio, haciendo de esta calle de la parte antigua uno de los lugares más pintorescos de toda la ciudad, «me contaron que en un hotel de Toledo se encontraron una foto de mi casa», en una imagen para ilustrar Cáceres, cuenta orgullosa Vicenta. «Vienen los turistas y hacen muchas fotos, hasta ha venido la televisión a grabarlo», añade.

Según explica esta mujer alegre y vitalista, nunca han recibido ningún reconocimiento a su dedicación por parte de las instituciones municipales, ni ninguna distinción a su calle, decorada, cuidada y arreglada sin que nadie se lo pida. «La escuela taller me hizo el arriate», explica Vicenta, «pero el agua y el trabajo lo hago yo», puntualiza.

El reconocimiento que sí tienen estas tres mujeres es el de toda la ciudadanía, local o foránea, que camina por el barrio judío y recaba en este rincón con vida y tradición de la parte antigua de Cáceres.