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GRABÓ LOS TOCAMIENTOS QUE LES REALIZABA CON UNA CÁMARA DE VISIÓN NOCTURNA MIENTRAS DORMÍAN

El Supremo eleva a 138 años la condena del pederasta que abusó de 16 menores

El Alto Tribunal le condena también por 16 delitos de pornografía infantil. Ocurrió entre 2011 y 2012 en campamentos de León y de Cáceres

 

Una imagen del pederasta durante el juicio celebrado en marzo en León. - EFE / J. CASARES

Sira Rumbo Ortega
21/01/2017

El Tribunal Supremo condena a 138 años de prisión al pederasta que abusó de 16 menores en campamentos de la localidad cacereña de Guijo de Santa Bárbara y de Carucedo (León), donde ejercía como monitor. El Alto Tribunal casi triplica la condena que fijó la Audiencia Provincial de León (46 años), donde fue juzgado el acusado.

La diferencia se encuentra en que el Supremo considera que los abusos afectaron a los menores a su indemnidad sexual, por lo que la condena por cada uno de los delitos de abusos sexuales es mayor a la que impuso la Audiencia. Y, además, le considera culpable de 16 delitos de pornografía infantil porque grababa los tocamientos con una cámara.

La Audiencia le absolvía de estos delitos argumentando que las víctimas se encontraban dormidas en el momento de los hechos. «En el caso actual es claro que las grabaciones de actos notoriamente sexuales constituyen un material de naturaleza pornográfica, preparado concienzudamente por el acusado, que escogió el momento adecuado, se aprovisionó del instrumental procedente y utilizó sus propias maniobras abusivas sobre los menores para obtener un material apto para ser reproducido indefinidamente, en el que los menores eran víctimas pasivas, cosificadas y condenadas a que sus imágenes en situaciones de obligada indignidad y sumisión sexual, pudiesen ser reproducidas indefinidamente por y ante cualquiera», sentencia del Tribunal Supremo.

ERA EL MONITOR / Los hechos ocurrieron en los meses de verano del 2011 y del 2012 en campamentos de la localidad cacereña de Guijo de Santa Bárbara y de Carucedo (León), donde el acusado, de 45 años, ejercía como monitor y director. En ellos participaban menores de trece años. El condenado, para «satisfacer ilícitamente» sus instintos sexuales y «con ánimo libidinoso», aprovechaba que los niños estaban dormidos para realizarles tocamientos en los genitales.

Con perfecto conocimiento de lo que hacía procedió a grabar con una cámara con infrarrojos de visión nocturna todos los actos que realizaba sobre cada uno de los menores. Abusó de 16 niños, realizando un total de 40 actos de índole sexual sobre ellos (con algunos repitió hasta seis veces). Lo que no ha quedado acreditado es que el acusado utilizara estas grabaciones más que para su uso personal.

El acusado, que permanece en prisión preventiva desde su detención en noviembre de 2012, se entregó a la policía en Madrid tras tener conocimiento de que su mujer, embarazada en aquellos momentos (el matrimonio tenía ya un niño de cuatro años), le había denunciado tras hallar en un armario de la vivienda familiar un disco compacto de contenido pedófilo. Tras el arresto, la policía registró su taquilla en las dependencias del Samur del barrio madrileño de Vallecas, donde trabajaba como conductor. Allí halló más material audiovisual de contenido pedófilo, ya que, cuando trabajaba como monitor de natación en un club deportivo madrileño, colocó una cámara de filmación nocturna oculta en una mochila de su propiedad dentro de los vestuarios. En ella grabó a personas sin identificar mientras se estaban cambiando de ropa, en muchos casos eran también menores de edad.

LOS DELITOS / El Supremo le condena a 138 años de prisión por doce delitos de abuso sexual continuado, cuatro de abuso sexual ordinario, por dieciséis delitos de pornografía infantil y dos delitos de revelación de secretos. Debe indemnizar además a doce de sus víctimas con 3.000 euros y a las otras cuatro con 1.000 euros. Se le condena también a pagar una multa de 3.240 euros. No se podrá acercar a doce de sus víctimas durante seis años y durante cuatro años al resto de ellas. Cumplirá asimismo diez años de libertad vigilada.