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Carta al director

ONGs y el escándalo sobre sus abusos y utilización indebida del dinero

 

Milagros Carrero // Badajoz
21/02/2018

Llevarse las manos a la cabeza por el mal uso de los recursos de las ONGs no es la solución al problema de los diferentes escándalos que las salpican. Que haya voluntarios que las utilizan para abusar sexualmente de menores o para pagarse las juergas con sus recursos, incluyendo un surtido y variado elenco de «putas», no es ni sorprendente ni inesperado. Bien al contrario me sorprendería que en organizaciones cuyo control por parte de la administración es mínimo, tanto en cuanto a la contratación de sus trabajadores, como a la gestión de sus recursos, no fueran utilizadas, o incluso invadidas por aprovechados que encuentran en este sistema tan carente de control el terreno ideal para su aprovechamiento personal.

¿Cómo se evitarían estos abusos? Tan sencillo como respirar. Son los Estados y sus órganos, sin descartar a los organismos internacionales que integran, los responsables últimos de atender satisfactoriamente las necesidades públicas, dando cuentas a los ciudadanos del control que se efectúa sobre los recursos públicos y controlando con mecanismos directos y adecuados tanto la admisión de personal, que atiende dichos servicios y sus condiciones laborales y disciplinarias como la utilización adecuada que ellas hacen de los recursos públicos y privados recibidos, especialmente los primeros.

La buena fe de las personas es muy loable, y aplaudo a los miles de ciudadanos que desinteresadamente participan y realizan donativos dinerarios en principio de manera desinteresada, en organizaciones que cubren estos servicios, de hecho desatendidos por los propios Estados, pero este sistema deriva en fallos a veces escandalosos en primer lugar porque no garantiza que los servicios se atiendan satisfactoria y suficientemente, en segundo lugar porque tampoco garantiza que los recursos se ajusten a las necesidades, en tercer lugar porque no controla suficientemente la utilización de dichos recursos, en cuarto lugar porque no seleccionar con rigor y equidad al personal contratado, en quinto lugar porque no asegura el control de los protocolos de actuación óptimos en cada situación, y finalmente porque permite que la opacidad haga a estas organizaciones un terreno propicio y atractivo para la proliferación de chorizos, desaprensivos, aprovechados y otros buitres carroñeros que ensucian el nombre de todos esos voluntarios bienintencionados y se aprovechan de recursos públicos y particulares de las ONGs

Hoy por hoy hay muchos intereses en contra de opiniones como la mía y eso condiciona la divulgación de estos planteamientos pero como ciudadana quiero saber en qué se gastan mis impuesto, quien y como los administra y sobre todo, tener cada noche la conciencia tranquila, con la certeza de que todos los damnificados por situaciones de necesidad son rigurosamente atendidos y que no sea la suerte de que haya más o menos voluntarios, y de que estos sean más o menos honrados y generosos quien decida sobre la vida de estas personas.

No me planteo ya que se hagan desaparecer las ONGs, por supuesto, pero sí que se atiendan necesidades tan graves desde presupuestos garantizados y que tanto el control de estos recursos como la selección de estos trabajadores se garantice desde las administraciones públicas con procedimientos nítidos que garanticen la eficacia de los recursos y el principio de igualdad en los procedimientos selectivos correspondientes.

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