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Care Santos, ganadora del premio Nadal: «La literatura siempre acude al rescate de la memoria»

Escritora. Con su novela ‘Media vida’ ha ganado el premio Nadal

 

Care Santos, ganadora del premio Nadal: «La literatura siempre acude al rescate de la memoria» - EFE / QUIQUE GARCÍA

ELENA HEVIA // BARCELONA
08/01/2017

Las lectoras de Care Santos (Mataró, 1970) encontrarán en las peripecias de las cinco protagonistas de Media vida un reflejo esquinado de la gran revolución femenina que eclosiona en los 70 y se consolida en los 80 y fue recibida a destiempo (o no) entre las mujeres que entonces tenían 40 años. La novela, que aparecerá el próximo febrero, alcanza a la autora en un momento dulce.

–Se diría que le interesan especialmente los momentos históricos de transformación.

–Esta novela transcurre íntegramente, con saltos hacia el pasado, la noche del 29 de julio de 1981. Y la fecha no es baladí porque fue entonces cuando se aprobó la ley del divorcio. La ley es importante porque conecta con dos de las mujeres, una que ha sido colaboradora de Fernández Ordóñez, su impulsor, y otra a la que su marido acaba de anunciarle que quiere pedir el nuevo divorcio.

–Usted en aquella época tenía 11 años. Así que recuerdos, pocos.

–Rindo homenaje a la generación de mi madre, que nació en 1938 (las protagonistas de mi novela lo hicieron en el 36). Eran mujeres que se modernizaron a trancas y barrancas porque sus hijas ya lo eran de forma natural.

–De nuevo acude a los recuerdos familiares. En ‘Diamante azul’ recuperó los de su abuela.

–Es que la literatura siempre acude al rescate de la memoria. Aquí el referente es más disimulado. Pero sí. Utilizo los recuerdos de mi madre, como el colegio de monjas en el que estudió y donde sufrió maltrato y violencia, algo absolutamente común por entonces.

–Y cómo se enfrentaban, por ejemplo, a la revolución sexual.

–Pues con muchas contradicciones. Son mujeres de 45 años que llegan con su lastre de experiencia. Tampoco se daban cuenta de lo que se habían perdido porque su mundo hasta el momento era muy cerrado. Me parece muy interesante ese momento.

–¿Por qué?

–Porque a los 45 años todavía tienes mucho futuro, pero a la vez sientes el peso del pasado, quizá sea el único momento en que esto es posible. Por eso una de las protagonistas ya ha sido abuela y otra está embarazada.

–¿Simbolizan sus personajes distintos tipos de mujeres?

–Sí, no solo dentro de su época. También están inspirados en la mitología clásica. Por eso encontramos una Fedra y una Penélope, entre otras.

–¿Qué novedades ofrece esta novela respecto de sus temas habituales?

–Pues sorprendentemente algo de lo que siempre me acusan y que casi nunca es verdad. Que solo escribo historias sobre mujeres. Es un sambenito absurdo porque he creado muchos personajes masculinos. Pero no en esta ocasión. No se lo voy a discutir a nadie. Es verdad que es una novela de mujeres. ¿Y qué?

–Porque yo lo valgo.

–Algo así, sí. Y que nadie espere una novela complaciente o benevolente. Nosotras somos las primeras que debemos ejercer la autocrítica.

–Con el Premi Ramon Llull y la serie de tele de Habitaciones cerradas ¿se siente en una rampa de lanzamiento hacia una mayor visibilidad?

–Eso es evidente.

–¿Así que la veremos en el Planeta?

–(Ríe). No tengo prisa. Porque después del Planeta puede estar el abismo. Lo que más me preocupa es perder cualidades. Porque hay autores que cuanto más arriba han llegado más han ido perdiendo su esencia.

–En su blog se define como una autora y una mujer dual. ¿Cómo se lleva eso?

–Soy autora juvenil e infantil y escribo para los adultos. Lo hago en catalán y en castellano. Suelo traducirme. Soy narradora y madre. Vivo esa dualidad todos los días.

–¿Por qué ellos no escriben sobre la paternidad, al contrario que ellas?

–Para mí ha sido la salvación. Me gusta mucho un texto de Natalia Ginzburg que habla de cuando criaba a sus hijos sola y se ponía a hacer salsa de tomate mientras pensaba que lo que realmente quería hacer era escribir. Pero luego agradecía aquel tiempo dedicado a la cocina porque más tarde le ayudaba a escribir.

–Pero la maternidad no siempre es idílica...

–Por supuesto y está bien que por fin se pueda hablar de ello. Es un estado con música de violines pero también, raptos de arrepentimiento.