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«El mundo de Escobar no tiene nada glamuroso»

 

Javier Bardem y Penelópe Cruz, ayer en Venecia. - AFP / FILIPPO MONTEFORTE

NANDO SALVÀ epextremadura@elperiodico.com BARCELONA
07/09/2017

Solo un día después de poner la Mostra patas arriba con ¡Madre!, Javier Bardem volvió a pasear ayer por la alfombra roja del festival de Venecia para presentar Loving Pablo, película que coproduce y protagoniza. Dirigido por Fernando León de Aranoa, el filme relata el ascenso y caída del señor de la droga más famoso de la historia desde la perspectiva de la que fue su amante, Virginia Vallejo (Penélope Cruz).

–Llevaba años queriendo interpretar a Escobar. ¿Por qué?

–Interpretarlo era una oportunidad para explorar cómo un ser humano se convierte en monstruo. En tanto que actor tengo un interés innato en entender qué tienen los demás en la cabeza. De Escobar dicen que era un padre amoroso, pero también era un hombre que aterrorizó a otros padres, otras madres, otros hijos. Quise humanizarlo, pero no para complacerle sino para entenderle mejor y descubrir qué es lo que le hace ser como nosotros. Pero en ningún momento intenté juzgarlo. Un actor no puede hacer eso, o de otro modo personajes como Ricardo III no existirían.

–¿Qué entendió de él?

–Que era alguien con una necesidad absoluta de respeto, y puso a toda una sociedad de rodillas pero nunca lo obtuvo. Y eso le volvió absolutamente loco. Era un tipo absolutamente incapaz de sentir empatía, y no creo que llegara a ser consciente de hasta qué punto se había convertido en un monstruo.

–¿Y qué importancia tiene su historia en al actualidad?

–El mundo que él inventó sigue generando mucho terror; mientras hablamos, la gente está siendo asesinada en México a causa de él. Y con esta película hemos querido decir que no hay nada glamuroso en ese mundo, y que si lo apoyas o lo idealizas acabarás mal.

–¿Cuánto le ayudó la transformación física a la hora de dar vida al personaje?

–Me pareció importante ganar volumen porque la barriga me ayudó a entender de dónde procedía su particular ritmo interno y externo. Al parecer, era un hombre muy lento e incluso pasivo, y sin embargo sobre sus espaldas cargaba con todo tipo de atrocidades. Esa contradicción me pareció fascinante.

–Buena parte del cambio físico se logró con maquillaje. ¿No pensó poner esa barriga comiendo?

–El rodaje duró ocho semanas, no había tiempo. Si piensas en Toro salvaje, por ejemplo, en aquel caso Martin Scorsese interrumpió el rodaje durante dos meses para que Robert De Niro pudiera ganar peso. Además, tengo 48 años, y perder peso me cuesta cada vez más.

–¿Qué opina de esos actores que llegan tan lejos como sea necesario para meterse en el papel?

–Jamás llegaría al extremo de hacer la vida imposible a mis compañeros de rodaje en pos de mi personaje. No me parece respetuoso ni ético. Mi proceso es más privado. Además, si estás 24 horas metido en el personaje al final te arriesgas a que tus mejores escenas las interpretes cuando la cámara no está rodando. Lo más difícil es saber cuándo entrar en el personaje y cuándo salir.

–Como la película explica, Escobar se convirtió en político para manipular la ley y poder así seguir delinquiendo. También eso la hace muy relevante, ¿no cree?

–Sin duda. Cuanto más estoy en contacto con las noticias, más me doy cuenta de que hay algo muy latino en la corrupción, y en esa forma de hacer política ‘por mis cojones’. Personajes como Escobar o Berlusconi surgen y nadie les pone límites. Eso pasa en Latinoamérica, en Italia, y por supuesto en España. Somos más fácilmente corruptibles.

–‘Loving Pablo’ es la segunda película que presenta este año en Venecia. En la otra, ‘¡Madre!’, da vida a un artista adicto a la atención de los fans. ¿Alguna vez ha tenido usted dificultades para lidiar con ellos?

–La egolatría del artista tiene que ver con sus inseguridades y con la necesidad de aceptación. Sin esa necesidad un artista no sería capaz de hacer lo que hace. Pero es importante tener los pies en el suelo. Yo me siento agradecido de estar aquí. Y cuando vienes a un sitio así estás satisfecho y al mismo tiempo tratas de satisfacer a la gente que te viene a ver. No me dejo cegar por los fans; muchos de ellos son fans profesionales: lo son míos como podrían serlo de alguien que protagoniza un anuncio de compresas. Cuando estoy en mi casa, con mi gente, caminando con mis hijos, no dejo que nadie se entrometa en mi círculo porque eso es una violación de la intimidad.