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Flamenco // entrevista a...

Pablo Martín, contrabajista: «El contrabajo se mueve donde la guitarra no llega»

 

Pablo Martín, contrabajista: «El contrabajo se mueve donde la guitarra no llega» - NOAH SHAYE

Pablo Martín Caminero (Vitoria-Gasteiz 1974) crea, desarrolla, produce, interpreta y busca nuevos caminos entre el jazz y el flamenco, a través de uno de los instrumentos, el contrabajo, con mayor presencia histórica tanto en la música clásica como en la popular. Sus vivencias personales las convierte en creaciones maravillosas, que tenemos el placer de disfrutar a través de sus múltiples trabajos, que abarcan desde la publicidad o el cine, hasta las composiciones a bandas de jazz flamenco y flamenco jazz. Martín Caminero, lo distingue. Sabe sacarle partido a cada vivencia personal, y convierte al número 13, en el número de la suerte. «Mi padre y sus dos hermanos nacieron el mismo día, el 13 de septiembre en años distintos» y a su vez, nos regala a los aficionados un ‘nuevo palo’ en trece tiempos, que el flamencólogo Faustino Nuñez bautizó como ‘Camineras’ (arranca en siguiriyas y termina en bulerías) Un día decidió tirarse en paracaídas y de la experiencia creó su último trabajo ‘Salto al Vacío’ (2016) Martín Caminero vive, y nosotros le acompañamos por esas vivencias que luego convierte en piezas únicas. Dice que ‘ese estado de ‘no pensamiento’ es un estado de felicidad plena’ Lujos que se puede permitir quien aprovecha cada estímulo interior y sabe reconvertirlo. Nosotros hoy, compartimos charla con él. Interesante y cercano, a Martín Caminero aún le queda camino que recorrer. Que sigamos disfrutando de su viaje.

—¿Qué es el jazz-flamenco?

—Yo creo que lo podemos definir como el género musical que fusiona estos dos estilos musicales, pero a mí me gusta diferenciar entre jazz flamenco y flamenco jazz. Por ejemplo, mi quinteto (piano, contrabajo, batería, trombón y saxo) es una formación clásica del jazz, que utiliza en composiciones y técnicas, cierres y ‘llamadas’ del flamenco. Eso hace que sea una banda de jazz tocando composiciones que tienen que ver con el flamenco. Y de otra manera, ‘Ultra High Flamenco’, que es otra de las bandas donde toco, es una banda de flamenco que toca bajo leyes del Jazz, con composiciones que surgen desde el flamenco.‘Podemos decir que es una banda de flamenco jazz.

—¿Qué aporta el contrabajo al flamenco?

—El contrabajo se mueve en un registro a donde la guitarra no llega en cuanto a las frecuencias más graves. De alguna manera, aporta una base más sólida armónicamente, pero ya le digo, que el flamenco ha vivido siempre sin el contrabajo. En la mayor parte de los festivales siguen sin utilizarlo, casi más se ha utilizado el bajo eléctrico, siendo el contrabajo un instrumento más antiguo. También, la ‘técnica del arco’ aporta nuevas texturas que aún estamos por investigar y explorar..., me hace mucha ilusión tener ese camino aún por descubrir.

—Usted es intérprete, compositor y productor, ¿en qué papel se siente más cómodo?

—Siempre las he llevado paralelamente. En cada momento, cuando estoy en el escenario y soy un intérprete, o haciendo algún encargo, o como productor haciendo un disco…, me encuentro totalmente centrado en lo que hago, y no siento diferencias de unos papeles a otros. Pero posiblemente en el fondo, si tuviera que elegir, me quedaría con el de intérprete: tocar y disfrutar con mis compañeros de hacer música. Sin duda, la faceta de compositor es la más apasionante porque uno conecta con su intimidad, y trata de, a través de la escritura musical, sacar ideas y sus gustos más íntimos. La faceta de productor, quizás sea más técnica, y aunque es un arte, probablemente sea en la que menos identificado me sentiría.

—‘Afectos’ le une desde hace cinco años a Rocío Molina y a Rosario ‘La Tremendita’ en ese trabajo que hace poco representaron en París. ¿Qué sigue aprendiendo y qué sigue aportándole este montaje?

—Esta obra es cante, baile y contrabajo, aunque Rosario también toca algo de guitarra..., En ‘Afectos’ he tenido casi la función de guitarrista, pero siempre enfocándome como contrabajista, así que ha sido uno de los retos más importantes hasta la fecha porque he tenido que hacerme en un papel diferente..., Acompañar a las ‘bravas’ al cante, al baile de estos dos ‘monstruos’ me ha enseñado a entender mejor las sutilidades del cante y del baile, y he entendido lo que es llevar el peso de un espectáculo de este calibre. En general me ha dado experiencia, madurez, y tener una actitud y una energía que hace que esto se pueda sostener. En cada espectáculo hay que dar el 200% y ese ha sido el mayor aprendizaje: el estar en el escenario y mantener esa energía.

—Su contrabajo se mueve entre el flamenco, jazz, el clásico o el barroco… ¿tanto da de sí un instrumento?

—Me gusta la versatilidad del contrabajo, poder tocar en todos los estilos y más, cuando yo lo que intento es crear mi propia forma de tocar, incluyendo elementos técnicos de la guitarra flamenca con mucho cuidado y respeto. Intento generar un sello propio a partir de lo que voy conociendo del flamenco. Yo toco ‘a mi manera’ y cuando tengo que hacer un cierre, lo hago como el que sería en una bulería y entra perfectamente…, los límites son los que uno se ponga. Yo lo que trato es, cuando estoy tocando, de intentar conectar con lo que estoy sintiendo, y lo que esté pasando con esa composición, sea de la época que sea.

—Compone también, tanto para el cine como la publicidad, ¿Cuál es la diferencia?

—Tengo la suerte de haber compuesto para siete películas, cortos y campañas de publicidad y afortunadamente para mi, siempre he podido elegir, porque mi vida como músico en el escenario es muy intensa y me puedo ganar la vida como intérprete. Para mí han sido casi zonas de experimentación. He volcado todos mis conocimientos sobre producción, y ponerme en esa situación de presión, en la que utilizas toda la creatividad que has ido acumulando… La diferencia son los tiempos y la estructura. La estructura de una película de cine es mucho más grande y compleja. En la publicidad hay que ir más al grano porque hay pocos minutos para exponer la idea…

—Ha publicado 4 discos: ‘Doméstica’ (2005), ‘El Caminero’ (2011), ‘O.F.N.I.’ (2014) y ‘Salto al vacío’ (2016), ¿en qué ha cambiado su música, si lo ha hecho?

—Yo creo que va evolucionado. El primero fue aprender a vivir y a crear el proceso desde que se tiene una idea, hasta que está publicada y se puede ‘consumir’... ‘El Caminero’ fue mi primera aproximación a componer para una banda, y además quise rodarlo todo en video. Fue probablemente el esfuerzo concentrado más grande de toda mi vida…, ‘O.F.N.I.’ (Objeto Flamenco No Identificado) creo que es mi disco más logrado. En ‘Salto al Vacío’ recupero algunos temas y cierro un ciclo del quinteto, pero con la sensación de cerrar una trilogía. Pretendo seguir desarrollando ideas, investigar incluso hasta nuevos palos como esto de las ‘Camineras’ que felizmente bautizó Faustino Núñez en una conferencia, y que ya me quedé como un tesoro.

(…) Tras saltar en paracaídas, lo que pensaba que iba a ser una experiencia agresiva, estremecedora, fue uno de los momentos de mayor paz que he sentido en mi vida.., como en el escenario, donde el cerebro se dedica a la vivencia del momento, algo íntimamente ligado al jazz y al flamenco jazz. Eso de vivir el presente, de forma plena, se ha convertido en la meta de mi vida. Ese estado de ‘no pensamiento’ es un estado de felicidad plena.