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Tribuna

Un fracaso de todos

 

VALENTÍN LÓPEZ
19/01/2017

El día que una madre viuda de Barcarrota, acompañada de su hijo mayor, me suplicaba con lágrimas en sus ojos y a las puertas del centro educo-deportivo, nada menos que a cuatrocientos kilómetros de la localidad pacense, la inclusión de su hijo menor en el mismo, aún sincerándose de sus graves dificultades para hacer frente a los gastos, este adolescente, un prometedor jugador de futbol, a la vez que infectado de innumerables problemas sociales, descubrí el verdadero alcance de la problemática juvenil en la sociedad actual.

El día en el que, años después, viese a un compañero de equipo y colegio del barcarroqueño debutar en la Primera División del fútbol español y trato respetuoso con entrenadores, público y medios de comunicación, inmigrante éste, recogido de las calles y la delincuencia andaluza, con ‘compañías’ allí con delitos de sangre a sus espaldas a los escasos catorce años, reafirmé en mi convicción del deporte como herramienta para la lucha definitiva contra la misma.

Tras el reciente y triste fallecimiento de un joven paisano de Alcántara, talentoso deportista en su día y llamado a ser uno de los mejores jugadores del balonmano extremeño, la convicción sigue intacta, pero la rabia y la indignación van cada día en aumento. Desde luego supera con mucho a la pena, que no es poca en el pueblo del Puente, dicho sea de paso. Una muerte en la carretera, con amigos, con menores y … coche potente. Ni yendo ni viniendo de ningún sitio. Un día cualquiera, en horas muy dadas a ser propias de trabajo, estudio… o entrenamiento. Ninguna de las tres cosas. Una muerte que bien puede considerarse un fracaso. Sí, un fracaso, y además colectivo, por muy accidental y fortuito que quieran pintármelo. Colectivo porque nunca podrá ser permisible posibilitar el prematuro abandono deportivo en alguien venido para representar deportivamente a su comunidad durante no pocas temporadas. Un fracaso porque en el caso de que el hecho se produzca, la sociedad debe tener alternativa-respuesta. Un fracaso porque una sociedad que estigmatiza el coche como sinónimo de éxito personal en general y en el deporte en particular, es una sociedad fracasada, además de inculta. Y si no pregunte en este diario: Si para el mismo hubo una pista de poder existir en Extremadura amaños en su fútbol, esa no es otra que coches de futbolistas muy por encima de lo ganado honrosamente sobre el césped. Una sociedad fracasada donde los jóvenes conocen a la perfección el ramillete de bólidos de cada uno de los mitos del mal llamado deporte rey y que, día tras día, las cadenas de televisión se afanan en machaconamente mostrarlos, con objetivo poco o nada deportivo.

Una sociedad, en definitiva, de triunfo y mercado, con unos sistemas políticos y estamentos deportivos que lo permite, que divide con desmesura entre ganadores y perdedores y donde la bondad y la solidaridad empiezan a escasear, por blandas. Mientras tanto, vamos dejando jóvenes deportistas en las cunetas. Tremendo.