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25 años del ascenso a la liga ACB / Un momento histórico

Imborrable 10 de mayo del 92

La canasta final de Jordi Freixanet al Prohaci hizo creer a todo Cáceres que nada era imposible

 

Jugadores del Cáceres se abrazan tras conseguir el ascenso en la Ciudad Deportiva el 10 de mayo de 1992. - S. CALDERA / ARCHIVO CÁCERES CB

Juan Méndez y Jordi Freixanet festejaron el éxito. -

Javier Ortiz Javier Ortiz
10/05/2017

Cuarto de siglo ya. 25 años en los que no se han apagado los ecos de la que probablemente es la mayor gesta de la historia del deporte cacereño: el ascenso del Cáceres Club Baloncesto a la Liga ACB. Y no tanto por el hecho en sí, que tuvo su importancia a nivel deportivo, sino porque la movilización social que supuso aquella temporada. Un impacto que hizo subir considerablemente la autoestima de una ciudad que, excepto momentos muy concretos, ha visto pasar con cierto conformismo el paso de la vida.

Fue, para quien vivió, una auténtica locura, culminada con la canasta de Jordi Freixanet el 10 de mayo de 1992 que provocó una incontenible invasión de pista en la Ciudad Deportiva. ¿Cuántas personas había en aquella caja de cerillas en gradas, escaleras o de pie? Hoy en día probablemente no se permitiría jugar en aquellas condiciones por una cuestión de mera seguridad para todos: espectadores y protagonistas.

Pocos dudan que resultó clave el aliento de aquella hinchada enfervorizada, que llenaba el pabellón desde dos horas antes del salto inicial o pasaba una noche en vela haciendo cola por una entrada. Los jugadores y técnicos solo hicieron lo que inesperadamente la masa les fue encomendando: pasar de intentar asegurar la permanencia --se debutaba en la Primera B tras haber comprado la plaza al Bosco de Vigo-- a buscar el ascenso.

Varios rivales comentaron que nunca habían jugado ante un ambiente así, mezcla entre apasionado y terrorífico. El equipo verdinegro sintió enseguida esa fuerza exterior que le llegaba y la multiplicó por un millón.

Aquello pareció un ‘ahora o nunca’ y tuvo todos los componentes de la mejor épica: un grupo de esforzados y modestos profesionales, muchísimo trabajo de por medio, alguna historia controvertida en la que se derramó la sangre, lágrimas tras derrotas que parecieron alejar mucho el hito y, por último, un momento indeleble y culminante para batir a un enemigo más poderoso. Y es que el Prohaci Mallorca, borrado en el playoff definitivo, ejerció de necesaria némesis, sobre todo en aquel cuarto y definitivo partido en el que Freixanet se levantó desde cinco metros en el último segundo y terminó el trabajo que habían hecho entre todos, los del parquet y los de alrededor. 80-79 y a empezar una etapa de once años en la máxima categoría en la que también hubo altibajos no exentos de grandes emociones. Cáceres, al fin, estaba entre los mejores en algo que no fuese en belleza de su ciudad antigua.

El cacereño medio se sintió capaz de todo después de aquello, al menos durante una época. Si se había conseguido algo tan utópico, ¿qué podía resistirse en el futuro? Ya habría tiempo de bajar de la nube que supuso. Han pasado 25 años y el 10 de mayo sigue en el imaginario colectivo de la ciudad e incluso de la región: se traspasó las fronteras de lo meramente local. Será algo que no se olvidará fácilmente y que conviene recordar de vez en cuando para volver a sentir que, todos juntos, los milagros existen.