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Patxi López, el exlendakari que quiere liderar el PSOE

La firmeza y el talante negociador del exmandatario vasco y expresidente del Congreso le han permitido ser muy bien valorado tanto en su partido como en otras fuerzas

 

Patxi López, durante una rueda de prensa en Bilbao. - EFE / MIGUEL TOÑA

AITOR UBARRETXENA
14/01/2017

Patxi López fue el primer lendakari socialista, el primer vasco que presidió el Congreso de los Diputados y ahora ha dado el paso para intentar convertirse en secretario general del PSOE. Tras 27 años centrado en hacer política en Euskadi, su ascenso ha sido fulgurante apenas dos años después de dar el salto a la política nacional.

Nació en 1959 en Portugalete, en un feudo tradicionalmente socialista y obrero como la Margen Izquierda vizcaína. Su padre,Eduardo López Albizu 'Lalo', era un alto dirigente de UGT, de forma que era habitual ver en casa a dirigentes como Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Almunia, Ramón Rubial o Manuel Chaves en reuniones clandestinas. De aquella época recuerda en su blog los registros de la Guardia Civil, "porque en muchas ocasiones los papeles acaban en mi cama y yo haciéndome el dormido".

 Con esos antecedentes, no extraña que ingresara en las Juventudes Socialistas en 1975 y dos años más tarde, en el PSE. Aunque empezó la carrera de Ingeniería, la abandonó para volcarse en la política. Así, en 1985 fue elegido secretario general de las Juventudes Socialistas de Euskadi, y apenas dos años después accedió a su primer cargo público. Logró una entrada por todo lo alto, ya que se convirtió en diputado en el Congreso en sustitución de José Antonio Saracíbar. Solo había un parlamentario más joven que él, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Dos años después abandonó el Congreso para centrarse en el PSE, donde tras alcanzar la secretaria general en el 2002, se convirtió en el primer lendakari socialista en 2009 con el apoyo del PP. De aquel periodo, siempre ha destacado que su principal aportación fue trabajar para lograr el final del terrorismo etarra. Su política de"tolerancia cero" ante ETA y su entorno le situó en el punto de mira de la banda, que intentó asesinarle en varias ocasiones.

DE ASPIRANTE A HOMBRE DE CONFIANZA


Su regreso a la política nacional se produjo en el 2012, cuando tras los malos resultados electorales del PSE en las autonómicas vascas entró en la ejecutiva federal, de la mano de Alfredo Pérez Rubalcaba, como secretario de relaciones políticas del PSOE. Dos años después se completó el relevo en Euskadi, y optó por dejar paso a Idoia Mendia. Aunque su nombre ya se barajó como posible candidato a secretario general del PSOE, en aquel entonces optó por un segundo plano y se convirtió en estrecho colaborador de quien finalmente alcanzó el cargo, Pedro Sánchez. Desde la secretaría de acción política, ciudadanía y libertades, fue ganando peso en la escena nacional, y se significó contra la estrategia del PP en Cataluña, pero también contra las demandas independentistas.

Aficionado al baloncesto, acude con su mujer Begoña Gil, número 3 de la Ejecutiva del PSE, a los partidos del Bilbao Basket. También se reconoce como un gran amante de la música, hasta el punto de atesorar 8000 CDs y vinilos, y admite que con quien más ha disfrutado en un concierto ha sido con Peter Gabriel y con Bruce Springsteen. También es un gran aficionado a la fotografía, y disfruta buscando encuadres por la Margen Izquierda. Menos conocido es su paso por el grupo de danzas vascas Berriztasuna, con el que recorrió en su juventud muchas localidades españolas.

Su firmeza y su talante conciliador le han permitido ser muy bien valorado no solo dentro del partido, sino también por otras formaciones. De ahí que su nombre fuera rápidamente aceptado por Ciudadanos, que aceptó situarle al frente de la Cámara más fragmentada de las últimas décadas tras los comicios del 20-D del 2015, un cargo que no obstante acabó ostentando durante muy poco tiempo al fracasar la investidura de Sánchez y repetirse las elecciones. Tras el 26-J, Ana Pastor le sucedió como presidenta del Congreso y López, pese a la cercanía que había mostrado con Sánchez, acabó acatando las órdenes de la gestora socialista que comanda el partido tras la dimisión forzada del secretario general y fue uno de los 68 diputados del PSOE que con su abstención facilitaron la investidura de Mariano Rajoy.