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Hacia la comunicación ubícua

ARTEMIO BaigorriARTEMIO Baigorri
02/03/2009

 

El exterior de Internet está lleno de falsos predicadores que viven de meter miedo a los niños... y sobre todo a los padres. Los pobres padres, ignorantes de las dichosas TIC´s y una y otra vez culpabilizados por el nivel educativo de sus hijos, por el botellón, porque llevan el cuerpo lleno de agujeros y herrajes... Un día sí, y otro también, en la caja lista (porque si no fuese lista no seguiría ahí, en medio de nuestras vidas, después de medio siglo) se turnan el psicólogo obseso y el juez vengador justiciero, para advertir a los padres que vigilen qué hacen sus hijos en Internet, ese nue-vo espacio, por incontrolable, demoníaco.

Y entonces el atorado padre, que apenas sabe otra cosa que encender el ordenador de la oficina y rellenar formularios on line, corre a la habitación de su hija adolescente, a ver qué hace en Internet... con quién está. Y la chica, que siente abrirse la puerta a su espalda, mientras grita "Jo, papá, podías ser más educado y llamar, ¿no?" (con lo cual el padre pierde buena parte del empuje inicial, el cazador cazado) cierra la ventana del Messenger donde está diciéndole a su amiga Lourdes lo golfa que es Bea, que ayer tarde se estaba dando el pico con su novio Borja en plena calle, en la puerta del kebab. A la vez que habla con otrs seis o siete amigs, incluido el pendejo de Borja, que intenta negarlo con toda la zalamería de que es capaz, y ella le deja hacer, y cuando ya piensa que la ha convencido, recibe un definitivo: "Serás imbécil... Si Luisma subió desde el móvil al tuenti la foto que os sacó... Véte a mirar qué guapo sales". Cuando el padre llega a ver la pantalla, ahí está inmaculado el Word (bueno, digamos Open Office Writer, para apoyar al software libre) con los apuntes de clase.

La llamada Web 3 (una denominación tan estúpida como Borja, porque en realidad aún estamos balbuciendo las primeras letras de la Web 0.3), o Web Social como la llaman los marketinistas, sólo es un pequeño ensayo más, un pasito más hacia esa red telemática que nos envolverá en breve en todas las direcciones, y en todos los rincones (naturalmente, debo insistir siempre, si contamos con el hardware y la infraestructura adecuadas, lo que no es el caso entre todos nuestros jóvenes), y en la que sólo si queremos --como fuera de la red--, todo nuestro entorno sabrá de nosotros en el acto. Y no es ni buena, ni mala, ni regular: es la vida misma.

Por supuesto que hay que tomar precauciones, pero no más que en la vida atómica. Hace unos días a una jovencita inglesa la echaron de su trabajo porque su jefe le había leído en su blog que el trabajo la aburría, y eso el primer día; pero si ella no hubiese contado al jefe que tenía blog personal, el pervertido (porque hay que serlo para aplicar ese control) jamás se habría enterado. A mí simplemente me tiene alucinado que un producto tan cutre, antiestético y poco funcional como Facebook (y sus imitadores) haya tenido tanto éxito. Pero las cosas son como son: el boca a boca funciona mejor cuando arranca en Harvard.

* Sociólogo de la Universidad de Extremadura.