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Conferencia de Presidentes

 

MARÍA JOSÉ LÓPEZ GONZÁLEZ (abogada)
22/01/2017

La Conferencia de Presidentes y Presidentas de las distintas Comunidades Autónomas y de las ciudades de Ceuta y Melilla, conforma una primera puesta en escena en relación a si, efectivamente, navegamos en este país todos en la misma dirección, o no. En la mencionada reunión estaban todos, exceptuando a País Vasco y Cataluña, por eso de querer ser siempre los diferentes, o matizar con su ausencia el vacío que representan, para el resto, aunque no creo que debiera ser el caso . La virtualidad de esta especie de escenificación, si tiene realmente sentido, tiene que ver con el hecho de armonizar el territorio para la igualdad. Porque de lo que aquí no debiera tratarse es de remarcar las diferencias e idiosincrasias de cada una de las regiones y territorios que conforman España, sino de garantizar la igualdad en el acceso a los derechos fundamentales, y servicios públicos de cada ciudadano español, al margen del territorio en el que se viva.

Por eso, resulta siempre oportuno reunirse y dialogar en torno a ese modelo de estado que tenemos, que es básicamente, federal, por el nivel competencial en el que se está. Y observar si efectivamente esa igualdad es real, teniendo en cuenta que ni todos los territorios tienen la misma demografía, geografía y potencial económico. Y, por ello, resulta siempre, desde el punto de vista del ciudadano, una cierta desazón, que provoca la inhibición hacia el discurso político el hecho de oír con insistencia machacona la expresión ¿qué hay de lo mío?, sin tener en cuenta la globalidad de una realidad histórica y social que es España. Pensando, claro, desde la óptica, de una persona que como yo se siente de este país y admira, porque lo conoce, la riqueza cultural e histórica del mismo.

La Conferencia de Presidentes parece que es real, --tiene mucho que ver con balances y cuentas--, y no tanto con el análisis y recorrido político en el que estamos. Esto es, si el modelo que nos dimos, bajo el techo constitucional de 1978, sigue sirviendo para el ejercicio de esa igualdad. Porque de lo que se trata es de eso, que en España todos los que vivimos en ella, sintamos que formamos parte de la misma, bajo ningún tipo de discriminación o diferenciación económica, social o cultural.

Está bien, y siempre es de tolerar y comprender, e, incluso, atender, la existencia de discursos políticos que pretenden marcar las diferencias, pero lo que nunca puede ser admisible, en democracia, que esas diferencias vengan marcadas por estrategias de carácter insolidarias. Es ésta praxis dialéctica, en este mundo que denominamos globalizado, la que pudiera empezar a hacerse añicos, porque los egoísmos y el miedo a ese futuro, que no es tan previsible, nos hace tener un talante y un discurso tan conservador, como el que hace pensar que su espacio vital es único, intransferible, y armado con el privilegio de ser mejores que otro.

Es el discurso de unos nacionalismos, tan acentuados en tiempos en Europa que nunca fueron ni beneficiosos, ni venturosos. Por ello resulta difícil de entender en pleno siglo XXI. Hasta, a veces, el lenguaje les juega la mala pasada, de aparecer con reminiscencia de intrahistorias de antaño, y en la percha de la lengua su cuita más justificativa.

La realidad, que este país, al igual que todos, necesita de esos diálogos, de esos consensos, de esos discursos pedagógicos de referentes políticos, que juegan a serlo, pero no lo son realmente; en el que exponer a la ciudadanía la necesidad de aportar todo lo mejor de cada territorio para el bien común. Reconozco que me siento extremeña siempre, y mi acento, siempre es mi mejor anticipo de ese sentimiento. Pero día a día y por mi trabajo, recorro este país y me siento unida a él, sin mayor distingo que el de valorar al resto de mis conciudadanos.

Fijémonos en la historia del pasado, de forma casi telegráfica, para horrorizarnos de expresiones, gestos, discursos y decisiones que nos desunieron ante la impunidad del ejercicio de nuestros derechos. Hagamos del diálogo, por tanto, y, de la siempre benéfica excusa de entenderos la manera más inteligente de hacer avanzar a nuestro país. Miremos, y ya toca, aspectos positivos que hemos alcanzado cuando en hechos e hitos históricos de nuestro país, la gran mayoría decidimos ir juntos, frente a los maniqueísmos de unos pocos.