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´EL GRIEGO Y EL LATIN, ¿PARA QUE SIRVEN?´

Extremadura, que necesita de forma imperiosa tomar el tren de la modernidad, no puede dejar en el camino su propia historia y su rico patrimonio, en donde el mundo antiguo tiene una importancia decisiva.

JUAN CARLOS IglesiasJUAN CARLOS Iglesias
16/11/2005

 

XExn los últimos meses viene sonando cada vez con más fuerza el eco de una reforma educativa que puede afectar a un aspecto hasta ahora incuestionable: la importancia de los estudios clásicos como referente directo de nuestra lengua, pensamiento y cultura actuales. Todo ello ante la indiferencia de nuestra sociedad, porque, se preguntan muchas personas, ¿en realidad, para qué sirve esto del Latín y del Griego? Por ello, es hora de dar algunas respuestas pensando en nuestra realidad más cercana.

En estos momentos en los que Extremadura necesita de forma imperiosa tomar el tren de la modernidad, no puede dejar en el camino su propia historia y su rico patrimonio, en donde el mundo antiguo tiene una importancia decisiva. Si uno echa un vistazo a nuestro pasado más esplendoroso, se encuentra con que Emerita Augusta fue una de las ciudades más importantes del Imperio romano. La que es hoy capital de Extremadura, en sí misma, es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España. Ese pasado sigue presente en Cáceres, como revelan las excavaciones del palacio de Mayorazgo, o sigue siendo palpable en Medellín y en tantos otros lugares. De hecho, ahora que tanto se habla de vertebración del territorio, si hay un factor que realmente vertebra a toda la región, desde Regina hasta Cáparra, tal y como hacía la vieja Vía de la Plata, es este pasado romano. De norte a sur, pero también de este a oeste, ya que ese otro concepto tan utilizado por nuestros políticos, lo transfronterizo , no puede dejar de lado los puntos de contacto con ciudades portuguesas como Evora. En ese pasado común, la raya no existía, y ese es un aspecto que, ahora más que nunca, debería ser explotado. Y si volvemos la vista al Renacimiento, encontramos humanistas clásicos como Arias Montano o El Brocense , dos de las figuras más importantes de la cultura del XVI, a los que habría que unir toda una pléyade de humanistas injustamente olvidados, acaso por ser extremeños. Por no hablar de los fondos antiguos de nuestras bibliotecas. Si en el futuro encontramos otra biblioteca de Barcarrota con textos en latín, ¿tendremos que recurrir a expertos de otros países para traducir las obras redescubiertas?

Todo ello pertenece a lo más granado de nuestro patrimonio cultural y, por sí mismo, ya justificaría la vigencia de nuestros estudios. Sin embargo, no hace falta acudir a estas figuras del pasado para defender el presente de los estudios clásicos. Sólo hay que echar un vistazo al trabajo que hoy en día se está realizando en el campo de las humanidades clásicas en Extremadura para apreciar un esfuerzo difícil de encontrar en otros lugares. Porque, si de productividad cultural hablamos, ¿en qué lugar hemos de situar el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, institución puntera y que, con enorme eficacia, difunde el conocimiento del pasado romano de nuestra región por todo el mundo? O el fenómeno, cada vez más internacional, del Festival de Teatro Clásico, convertido en la cita más importante de la escena estival en España, con un enorme reclamo mediático y turístico. Su esencia, como demuestra todos los años el Ciclo Ideas, desde la representación de una Antígona hasta la puesta en escena del Prometeo de la Fura, bebe de las fuentes de ese mundo grecolatino que otros denigran con ligereza. O qué valor puede darse a otros festivales más modestos, como el de Teatro Juvenil Grecolatino, que se desarrolla en la primavera, gracias al cual se concentran en Mérida miles de estudiantes de toda España que, con sus profesores, suponen un importante aporte económico. Porque si, poniéndonos materialistas, de dinero se ha de hablar, nuestros estudios proporcionan ingresos nada desdeñables para nuestra región. Sólo la investigación desarrollada en la Uex ha aportado a nuestra comunidad centenares de miles de euros en proyectos de investigación I+D sobre el mundo clásico, obtenidos en reñidas convocatorias, y que, además de contribuir al progreso del conocimiento, han sido invertidos en la mejora de infraestructuras tecnológicas, educativas y culturales. Este esfuerzo no sólo se da en la Universidad. Hoy en día contamos con un cuerpo de profesores de Secundaria de una enorme profesionalidad y de una admirable creatividad. De hecho, nuestros profesionales (sí, esos del griego y del latín) son un referente nacional en el empleo de las nuevas tecnologías. Programas y CD-Rom que han recibido premios nacionales, como el realizado por el grupo Ars Docendi sobre La Romanización en Cáceres; páginas web innovadoras, la creación de fuentes informáticas, como el premiado Alphabetum de J. J. Marcos , o el aprovechamiento hasta sus últimas consecuencias del Linex.

No quisiera que mis palabras fueran interpretadas como la defensa de un localismo , (mi formación clásica me lleva en otra dirección), sino como la necesaria valoración pública de una tarea callada de muchos profesionales de la enseñanza secundaria y universitaria que, poco a poco, está transformando aspectos esenciales de nuestro tejido cultural. No está de más poner de manifiesto todo ello hoy que vivimos un momento de cambio, en el que lo urgente puede llegar a imponerse sobre lo importante para la formación de los ciudadanos. Ojalá todo ese esfuerzo no sea en vano.

*Presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC) de Extremadura