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Sobre la enseñanza (divagaciones)

Los que se dedican a la Pedagogía creen que tienen una buena parte de las claves para arreglar lo de la enseñanza.

CARLOS BenítezCARLOS Benítez
11/03/2009

 

Las opiniones sobre como arreglar el mundo son muchas, casi tantas como personas hay con conciencia de la necesidad del arreglo. Arreglar el mundo es arreglar lo del hambre de tantos, las guerras, algunas enfermedades (no, desde luego, la postrimera), el comercio injusto, las finanzas depredadoras, la enseñanza, etcétera, y a esta última es a la que se van a referir estas letras, desde el firme convencimiento de que si supiéramos arreglar lo de la enseñanza también sabríamos cómo arreglar las otras cosas. O sea que no hay manera, aunque bien está que sigamos divagando.

1. divagación. Los que se dedican a la Pedagogía no se cansan de repetir que son ellos los que tienen, si no todas, una buena parte de las claves para el arreglo de la enseñanza. Si eso fuera cierto también lo sería que los profesores de Pedagogía serían mejores profesores que los de Historia del Arte, pero todo el mundo sabe, o debiera saber, que los profesores de Pedagogía no se distinguen por ser mejores profesores que los de cualquier otra materia. Se distinguen, únicamente, por la materia que enseñan. Luego su machacona insistencia es poco más que eso: machacona.

X 2. DIVAGACIONx. También se señala como esencial que los que se dedican a la enseñanza sean guiados en sus comienzos por profesores experimentados, y se pone como ejemplo (buen ejemplo, por cierto) el de los Médicos Internos y Residentes (MIR), que pasan tres o cuatro años practicando en los hospitales bajo la guía de médicos ya hechos. Sin embargo, hay una diferencia no pequeña entre los médicos y los profesores noveles. Los primeros, cuando se licencian, todavía han pisado poco los hospitales y, mucho menos, atendido a los enfermos, mientras que los segundos (al igual que los primeros) llevan desde los cuatro años, o así, sin salir de las aulas. Es como si a los que han vivido desde niños en la carpintería de su padre se les quisiera enseñar a los veinticinco años, muy pedagógicamente eso sí, lo que es una carpintería. ¡Anda que no tenía yo claro, cuando decidí dedicarme a la enseñanza, quiénes habían sido buenos profesores, quiénes ni fu ni fa y quiénes más malos que un cólico!, por más que a la mayoría los recordará con cariño y respeto.

3. divagación. Por cierto, hace muchos años que pienso que si todos los profesores fueran buenos sería desastrosa la formación que recibirían los jóvenes: saldrían al averiado mundo creyendo que todo el monte es orégano e ignorando lo que pican las aulagas o las garrapatas.

4. divagación. Cuando hice quinto de carrera, allá por 1964-65, me dieron una jugosa beca de 36.000 pesetas de las de entonces para asistir a una llamada Escuela de Formación del Profesorado de Enseñanza Media, antecedente de lo que luego fue el CAP. Fui a todas las clases, que se impartían un par de tardes a la semana, y tuve como profesor a un ilustre y bien conocido catedrático de Pedagogía que dijo el primer día de curso (es lo único que recuerdo de él) "yo soy un hombre que enseña poco", ¡qué razon tenía! Menos mal que también nos dio varias clases un médico que nos contó muy bien cómo éramos por dentro y fuera las mujeres y los hombres. Este médico sí que lo hizo bien y nos vino de perlas que nos informara de muchas cosas que ignorábamos. Recuerdo bastantes cosas de él y también una divertida anécdota de una de sus clases: nos dijo que una vez se le había acercado una monja (entonces iban con hábitos) a decirle que la cuestión sexual no tenía tanta importancia como él le daba, a lo que él había respondido que, entonces, tampoco tendría mucho mérito la renuncia que ella había hecho.

5. divagación. Lo que sí es esencial para la enseñanza (aunque decirlo, obviamente, no resuelve nada) es conocer (querer), cuanto más mejor, aquello que se enseña y conocer (querer y respetar) a aquellos a quienes se enseña. Digo que decirlo no resuelve nada porque también sabemos que para acabar con el robo o ciertas enfermedades basta con no robar o no hacer ciertas cosas y, sin embargo, ...

(A mi antiguo alumno, colega y buen amigo Ricardo Moreno , autor del Panfleto antipedagógico", edit. Leqtor, 5. ed. 2007, cuya lectura recomiendo: no está sujeto a copyright y se puede encontrar en la red).

*Catedrático Análisis Matemático de la Uex.

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